edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
El supervisor, en su despedida, quiere ser recordado por la polémica

Los recortes de la CNMC obligan a las energéticas a reaccionar con urgencia

logo La nueva medida del supervisor no modifica los objetivos estratégicos de las empresas del sector y tratan de evitar su impacto negativo en los resultados

Juan José González
José María Marín Quemada, presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), ha lanzado un ataque por sorpresa, en distintos frentes, sobre el sector energético, centrado en los trabajos de transporte y de distribución, tanto de gas como de electricidad, pero con especial energía (valga la redundancia) sobre las gasistas. Las empresas afectadas, todas las energéticas (en mayor o en menor medida, pero a todas afecta la decisión) verán recortadas su remuneración en los próximos siete años en unos 6.000 millones de euros, lo cual ha obligado a reajustar previsiones de ingresos, estimación de costes y nuevas cifras para encajar la mala nueva del supervisor en los planes estratégicos de las empresas. El golpe de la CNMC afecta al futuro del sector, a su rentabilidad prevista y al crecimiento estimado por las empresas para los próximos cinco y siete años. Implicará ajustes de todo tipo, incluso podría afectar al empleo, si bien todo indica que al menos las dos principales afectadas, Naturgy y Enagas ya tienen sobre la mesa una posible solución para absorber el golpe, un impacto sobre el resultado bruto estimado en varios miles de millones de euros. Sin embargo, es la incertidumbre regulatoria, de nuevo, y ahora con especial acento en el sector energético, el factor que puede ser más nocivo a largo plazo, dado el interés de los inversores, accionistas y fondos, en un sector que suele contar con mucho peso en las carteras de largo plazo. En concreto, se estima en 45.000 millones de euros el volumen de inversión de fondos extranjeros en las empresas energéticas españolas.
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El oro se mantiene cerca de su máximo de seis años por la expectativa de más recortes en los tipos

logo El metal ha recuperado brío, a pesar de no generar ingresos, por la creciente incertidumbre financiera

Carlos Schwartz
El precio del oro se fijó en 1.423,50 dólares por onza en el primer día de mercado esta semana, manteniéndose cerca de los 1.425 dólares, una cifra próxima al máximo registrado hace seis años. Los pronósticos de que la Reserva Federal va a reducir el tipo de interés de referencia por primera vez desde que inició el 'Quantitative Easing', tras la crisis financiera internacional en 2008, y una drástica caída en la rentabilidad de los bonos a escala internacional, han detonado el interés por el metal. El oro es tradicionalmente una inversión de refugio de los inversores ante la incertidumbre, entre otras cosas porque sólo defiende su valor, pero no genera beneficio a quien lo atesora, salvo su incremento de precio en épocas de tormenta monetaria. Es llamativo el hecho que los altos niveles de cotización del metal coincidan con el 75 aniversario del acuerdo de Bretton Woods en el cual se fijó una paridad de 35 dólares por onza de oro, que se derrumbó el 15 de agosto de 1971. Tras cuatro años de sostener la paridad mediante la intervención concertada de los bancos centrales, el oro acabó ganando la partida y la paridad se acabó. 
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Toque de Tentenublo

Boris, el discípulo de Trump

El capricho del tiempo quiere que la salida de Reino Unido de la Unión Europea se lleve a cabo con ruido, jaleo y caos. Y va a conseguir pleno. El ruido dura demasiado tiempo, el jaleo es perceptible y cansino, y el caos asoma cada vez que también asoma el despeinado Boris, el vecino broncas, el que saca la basura a la calle a cualquier hora, el mismo que está dispuesto a patrocinar el caos de la despedida de los británicos de las instituciones políticas del continente.

Es cierto que el caos ya estaba sembrado. La premier May y los suyos se encargaron de un trabajo previo que ahora, seguramente mañana, viene Boris a rematar. Y lo hará desde el 10 de Downing Street, su residencia oficial. Desde ésta, Boris consumará el divorcio sin acuerdo, la separación sin pacto, de cualquier manera, dicen que dice el tory. Pero había dicho que intentaría no llegar a ese extremo, algo que ahora incumple flagrantemente.

Su trabajo a partir de ahora no será otro más que preparar el caos y administrarlo, aplicando las dosis preceptivas para que la salida sea caótica. Por si no fuera suficiente, el despeinado Boris cuenta con la posibilidad cierta de un enfrentamiento entre los poderes Ejecutivo y Legislativo al entender el Parlamento que tiene poderes de veto sobre una salida por las bravas. Así que el espectáculo parece servido en bandeja.

Visto así, no sorprendería nada que Boris siquiera punto por punto el manual de gobierno de Donald Trump, a fin de cuentas, sería su mejor referencia para el manejo del caos que pretende para su Reino Unido. El manual del americano recoge la forma en que un gobernante debe ejercer la radicalidad en el poder. Incluso hay un apartado que le mostrará la manera correcta en la que Boris debe responder a los de Teherán en el Golfo Pérsico por el petrolero retenido. Un buen discípulo este Boris.

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