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Sacrifica el sector financiero con tasas extraordinarias, socialismo capitalista
Es posible que si el discurso se hubiera producido en algún país de África, los medios de comunicación habrían calificado al dictador como demente o descabellado, mientras que en este caso, los grandes medios justificarán la afrenta de Obama como un capítulo más dentro del signo de los tiempos que corren, que no son los mejores.
El alumno aventajado de Harvard se dispone a aplicar, después de un año al frente del país más poderoso del Mundo, una terapia que ya es conocida en los manuales de esas business schools: el secreto esta en el cambio, en el cambio total. Y se dispone a aplicar la medicina de la intervención en la parte alta del sistema, en la Administración: a través de nuevas normas, la intervención de los Gobiernos en el sistema financiero amenaza con terminar con la base y principios del capitalismo, una suerte de práctica suicida que puede alcanzar en una siguiente oleada al mismo sistema político, a la democracia.
Si al principio de su mandato, los banqueros norteamericanos, las grandes compañías financieras del país, bancos de negocios y aseguradoras de crédito, se frotaban las manos ante la previsible pasividad del nuevo presidente, convencidos de haber sido indultados por el nuevo Gobierno, la nueva andanada de Obama esta a punto de cambiar aquellas primeras sensaciones erróneas y aunque con un año de retraso, el presidente pone ahora en marcha la maquinaria de las reformas; como señalan algunos de los críticos republicanos, ahora o nunca, porque ahora es el momento y porque nunca va a contar con otra oportunidad mejor.
Tras constatar, fehaciente, que bancos y banqueros han vuelto a las andadas –el virus ha mutado- a las operaciones apalancadas con nuevos derivados, y a los bonus, ‘los de Harvard’ han creído conveniente que este era el momento más adecuado para aplicar sacrificios –el virus no ha muerte-. La oportunidad es histórica, y única para formar un sistema financiero sólido y más solidario con los consumidores y con los inversores. El Gobierno de Obama esta obligado a recuperar la confianza de los inversores en un sistema que les ha dejado a las puertas de la ruina a unos, en bancarrota a otros y sin ahorros de muchos a años a un buen número de americanos. Los financieros siguen cobrando sus bonus y los inversores siguen pendientes del Dow Jones, Nasdaq y S&P porque sueñan con la vuelta a las ganancias que se evaporaron hace 18 meses.
Y lo que parece a primera vista una reacción positiva ante los acontecimientos, con rumores de fondo que señalan el peligro de una recaída en la desconfianza, se convierte en un nuevo peligro, en un nuevo escenario: la nueva política de intervención financiera de Obama, a través de normas y tasas al sector financiero, es también, una nueva amenaza para las inversiones exteriores, para la banca europea, para las empresas que tienen sus objetivos fijados en aquel mercado donde ahora se sienten atrapados.
Es posible que en el presente no se establezcan tantas diferencias entre Chávez, Fernández Kischner y Obama, a pesar de las profundas diferencias ideológicas. Al final, todos piensan en la banca para arreglar los problemas que hace un año ya estaban identificados. Este escenario puede ser la antesala de otra gran crisis.