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Ciuden busca hacer virtud de la ‘necesidad’ de reducir las emisiones contaminantes -sin erosionar el abastecimiento energético- que Bruselas impulsa con su estrategia 20/20/20. No son otras que esas aguas las que bautizan las urgencias de la captura del CO2 entre los Veintisiete y la carrera de la combustión limpia del carbón. Las mismas que han propiciado que el plan español sea uno de los seis europeos avales y financiación de Bruselas y con un sitio en la Red Europea de proyectos de demostración de combustión limpia. Un proyecto que -en palabras del director del grupo de expertos de la AIE encargados de estudiar los gases invernadero, Tim Dixon- es "pionero a nivel internacional", por aplicar programas tecnológicos de captura del CO2, pero también de su almacenamiento industrial para la combustión limpia del carbón.
La avanzadilla española en la captura del CO2 puede ser un empujón en la carrera contra el calentamiento global, ahora que la UE le ha bajado los humos al horizonte del Cambio Climático de Moncloa (le recuerda que será uno de los países más perjudicados si no se mejora Copenhague, también que es la nación industrializada que más incumple Kioto y que un 25% del aumento de emisiones europeas del transporte tiene apellidos españoles) y que España le ha ‘echado’ algunas manchas del carbón a las emisiones contaminantes, con el Real Decreto de Incentivos al consumo de carbón autóctono.
Con la mirada de la Comisión Europea en la reducción un 20% de la emisión de gases contaminantes, Bruselas reparte incentivos a proyectos tecnológicos para alcanzar una combustión del carbón ‘limpia’ -al menos sin ‘emisiones al cielo’- y el almacenamiento del CO2. La CE financia ya la construcción de centrales térmicas que consumen carbón europeo y almacenan el dióxido de carbono que producen. Serán 12 instalaciones de demostración de tamaño comercial que deben producir más de 250MW, evitar la emisión de al menos medio millón de toneladas de co2 por año, conformar un proyecto completo de captura –transporte- almacenamiento, y que estén operativas en 2015, ya que el uso de este tipo de tecnología se considera crucial para la meta de cero emisiones a partir de 2020. Requisitos todos que cumple el proyecto de central térmica de 300MW convenido entre la Fundación Ciudad de la Energía y Endesa para Compostilla II.
En una primera fase del primer laboratorio experimental de investigación de Hontomín se llevarán a cabo los estudios superficiales y de laboratorio, con 2,8 millones de inversión. La segunda etapa consistirá en un estudio sismológico en tres dimensiones (3,8 millones de inversión) y, por último, se llevará a cabo un sondeo (otros 3,2 millones). Será sólo el preludio de todo el programa de la Ciudad de la Energía: la planta experimental de captura de CO2 de Cubillos del Sil- que estará operativa desde septiembre de 2010- dará pie al desarrollo a escala industrial conjunta entre Ciuden y Endesa en la central térmica de Compostilla II, a pocos metros de donde está ubicada la planta experimental de Ciuden.
Es cierto que toda la cadena de captura, transporte y almacenamiento de CO2 es costosa y que para que las centrales mantengan su rentabilidad -37%- sería necesario quemar entre un 11 y un 40% más de carbón, ya que el propio sistema de captura chupará energía de la central. Es el propio director general de Ciuden el que reconocía a El Economista que para que “esta tecnología tenga futuro es necesario que su coste se equipare al de las energías de Régimen Especial más la prima, como por ejemplo la eólica”. Pero si su proyecto cumple las previsiones de los técnicos de Ciuden, la oxicombustión permitiría reducir hasta un 90% de las emisiones de una central dotada con este sistema.
El CO2 capturado se licuará y trasladará por medio de un ceoducto o un camión hasta una zona geológica que cuente con rocas esponja – Andalucía o León- donde se inyectará a 1.000 metro de profundidad. Teniendo en cuenta que cada año las centrales térmicas de carbón emiten casi 70 millones de toneladas de CO2, se podrían reducir sus emisiones en más de 6o millones de toneladas anuales, con un ahorro de más de 700 millones de euros por derechos de emisión. Además, la quema del carbón será mucho más eficiente y abaratará el carbón español -el más caro del mundo debido a la dificultad de su extracción- por lo que, para ser competitivo precisa de fuertes subvenciones.