edición: 3056 , Martes, 29 septiembre 2020
31/12/2015

2015, el año en que las materias primas y las divisas sorprendieron a los operadores

A la caída de los precios del crudo se han sumado el cobre, el níquel, el mineral de hierro y las monedas
Carlos Schwartz
El año que nos abandona casi se estrenó con la fuerte apreciación del franco suizo tras un prolongado periodo de intervención del Banco de Suiza para mantener sujeta su paridad frente al euro. La eliminación del tope a su apreciación, en el que los operadores habían creído, les ocasionó fuertes pérdidas... Pero este traspié probablemente no sea nada comparado con la caída de los precios del petróleo. En vísperas de Navidad el Brent tocó un mínimo de 11 años y desde entonces oscila alrededor de ese precio. Los operadores del mercado de crudo sabían que se había abierto un ciclo bajista, pero la realidad es que la mayoría de ellos apostaba a un barril a 70 dólares para este año tras caer un 40% en los últimos cuatro meses de 2014. Se equivocaron.
Para las petroleras el golpe ha sido muy duro, y ha supuesto la cancelación de proyectos por 280.000 millones de dólares mientras los excedentes siguen fuera de control. La cobertura de riesgos de las petroleras con instrumentos financieros como los derivados sobre los precios del crudo les ha permitido de forma coyuntural mejorar sus ingresos. Pero el análisis de los resultados de las petroleras no convencionales indica que un 30% de sus ingresos de forma global provino de esos derivados en 2015. En la medida que las coberturas van madurando la caída de los ingresos de esas empresas van a agudizar sus tensiones financieras. Para colmo de males la falta de información sobre las operaciones de derivados está enmascarando la situación real de las petroleras más vulnerables. Más sorpresas desagradables que se han gestado a lo largo de este año.

Los indicadores amplios como el de Bloomberg para 22 materias primas dan un poco el tono de lo que ha ocurrido con estos mercados con caídas hasta niveles similares a los registrados en medio de la crisis financiera internacional en 2008. El consejero delegado de Glencore, un gigantesco híbrido entre intermediario de materias primas y empresa minera, Ivan Glasemberg, admitió en agosto que no había sabido interpretar el ciclo económico en el que estaba embarcada China. Pero no solo él equivocó la lectura en la medida que todas las grandes mineras apostaron fuerte a echar del mercado a los productores con mayores costes para acaparar mejores posiciones en los mercados aumentando la producción. Esperaban una recuperación de los precios en el medio plazo.

Esto ha sido especialmente doloroso en el mineral de hierro que ha registrado caídas históricas. El problema ha sido que la caída del consumo en China no fue coyuntural y la estrategia casi acaba con la vida de algunos jugadores. Anglo American viene de anunciar que se va a desprender de un 60% de sus activos de minería. En enero de este año que se acaba hubo una señal clara en los mercados de que China se había frenado. Un grupo de fondos de alto riesgo chinos intentaron forzar una caída del precio del cobre mientras el resto de los mercados dormía con una avalancha de ordenes vendedoras. Cuando el resto del mundo se despertó los mercados se recuperaron. Pero la advertencia estaba allí...

Los operadores chinos jugaron sobre la base de que unas previsiones equivocadas por parte de las grandes empresas internacionales de materias primas les permitiría tirar abajo los precios. Un mes después el precio del cobre había caído un 10%.

Mientras que el franco suizo se disparó al alza respecto del dólar y el euro, en agosto China devaluó el renminbi pegando un duro golpe a los operadores con posiciones largas en la moneda china. Mientras, se desplomaban las monedas de las economías emergentes y Brasil entraba en recesión. Ahora los precios del petróleo ocasionan trastornos al rublo ruso mientras los mercados esperan que el renovado castigo sobre la moneda pueda acabar en una devaluación. En cuanto a los metales, la caída del zinc ha sorprendido a casi todos los operadores. El anuncio del cierre de minas por parte del primer productor mundial, Glencore, fue considerado por los operadores como una señal de que el precio del metal industrial que había caído ya un 40% en poco tiempo se recuperaría. No fue así. Los excedentes en el mercado han esterilizado el anuncio del cierre de dos minas una en Australia y la otra en Irlanda. La caída del precio del metal tiene su lógica ya que su principal uso es en el galvanizado del acero y de la chapa de acero, elementos utilizados en la industria de la construcción. Esta última ha entrado en una parálisis progresiva en China. Es sorprendente que los analistas avezados de los grandes intermediarios de materias primas no hayan podido prever esta situación. Pero es que en los metales casi todos se han equivocado: las grandes mineras, los intermediarios, y los analistas.
Como telón de fondo la creciente vertiente financiera en los mercados de materias primas se ha convertido en un elemento procíclico. Ayuda a extremar los picos tanto al alza como a la baja. Esta conducta es resultado de que merced a los derivados y los futuros, los inversores que no tienen por objetivo compras físicas de materias primas puedan actuar en los mercados para especular. De tal suerte que si las posiciones largas se ven sorprendidas por una caída del mercado cuando esos inversores deshacen sus posiciones la caída se profundiza.

Antes de llegar a este punto en 2014 y 2015 los inversores se dedicaron a monetizar mediante deuda los ingresos futuros esperados de las inversiones para aumentar su exposición en los mercados. De tal suerte que las posiciones ficticias aumentaron de forma exponencial. Está claro que este ha sido uno de los elementos que ha agudizado la caída de los precios en el mercado del petróleo. De más está decir que las posiciones tomadas en las materias primas a su turno eran utilizadas como colateral para aumentar las posiciones largas en la expectativa de aumentar las ganancias. El resultado ha sido la existencia de inversores muy apalancados, particulares e institucionales, cuyo futuro aun no se ha despejado.

La deuda global del sector energético equivale a 2,5 billones de dólares. Entre 2004 y 2014 la deuda de las corporaciones en las economías emergentes creció de 4 billones de dólares a 18 billones de dólares. La mayor parte del incremento se registró a partir de 2008. Una parte significativa de la deuda en China, Rusia, Brasil, México y Chile se centra en el sector de las materias primas. El resultado es que las corporaciones se encuentran con una importante caída de ingresos, escasez de dólares para atender el servicio de su deuda y fuertes pérdidas por tipo de cambio sobre la deuda contraída en dólares.

La consecuencia es que las corporaciones se ven obligadas a mantener la producción para obtener caja con la cual atender sus vencimientos de deuda aunque estén operando a pérdida por el nivel internacional de los precios de las materias primas, con lo cual los excedentes siguen creciendo y bajando los precios. Para coronar esta situación los gobiernos que se financian mediante los ingresos obtenidos de las exportaciones de materias primas comienzan a tener serias dificultades de pagos. Tampoco ellos vieron venir el final del ciclo de las materias primas. La delicada situación de Dilma Rousseff en Brasil es un claro ejemplo de esta crisis generalizada.

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