edición: 2579 , Lunes, 22 octubre 2018
04/11/2011
Pymes y grandes constructoras entre las afectadas

30 empresas españolas se repliegan y abandonarán Grecia a fin de año

Agotadas las líneas de crédito y los recursos propios en caja por falta de cobros
Florentino Pérez, presidente de ACS, una de las empresas 'pilladas' en Grecia
Juan José González

No esta claro que Grecia vaya a salir por la puerta del euro. Sí esta claro que la mayoría de las 52 empresas españolas con presencia en el país heleno, además de hacer cuentas, ya tienen un plan ‘B’: para unas, pasa, necesariamente, por la permanencia en el país, pero con reducción de capacidad laboral, y para otras el plan alternativo pasa por hacer las maletas. Entre las primeras, las ‘pilladas’, en todos los sentidos, se encuentran constructoras y concesionarias de servicios; caso de ACS y Ferrovial. En el grupo formado por quienes pueden reducir presencia, bien por puntos de venta, bien por reducción de productos, figuran grandes cadenas de distribución de ropa como Inditex y menores como Mango, pero ambas dando empleo y con un nivel aceptable de ventas, al menos hasta el pasado mes de septiembre. Otras tienen proyectos en marcha, que se paralizan de forma obligatoria, a pesar de que cuenten con la aprobación de las autoridades locales para comenzar a trabajar. Otro grupo de empresas con objetivos de establecimiento en Atenas, como BBVA, han optado por eliminarlos de sus planes.

Que más de la mitad de esas 52 compañías ya se encuentre haciendo las maletas, no convierte en tragedia el intercambio comercial entre España y Grecia, puesto que el volumen global, o el saldo neto de comercio exterior entre ambos países, supera ligeramente 2.000 millones de euros, es decir, un saldo escaso, nada que pueda calificarse de ‘sistémico’, por aplicar un calificativo tan en boga, desde el punto de vista del volumen de ventas.

Sin embargo, el repliegue empresarial, el regreso a los cuarteles generales de las empresas, en este caso, españolas, sí se convierte en ‘sistémico’ si, al igual que sucede en territorio heleno, se repite en otros mercados como, por ejemplo, el italiano o el portugués. De algunas de las grandes empresas que se tienen noticias, vía de la propia compañía o del ministerio de Industria, Icex, etc, se deduce que los planes para acudir a Italia se están retrasando en el tiempo, incluso, muchas de ellas con líneas de crédito concedido para su puesta en marcha inmediata.

Se trata de compañías pertenecientes a sectores maduros, obras, infraestructuras, así como otros menos maduros, caso de las instalaciones para energías renovables, diseño industrial, equipos para la producción y acumulación eléctrica de nuevas energías, etc. Todas ellas tienen un componente tecnológico, producto de inversiones en investigación y desarrollo, orientados hacia sectores de futuro, de los que se entiende cuentan con mayores posibilidades de desarrollo y de funcionamiento. Pues nada, la coyuntura se convierte en barrera de empresas en países como Italia y Portugal, afectados de diferente forma, por la realidad económica. Y esto sí que se puede considerar como un hecho ‘sistémico’ en el ámbito del sector exterior, el que en teoría estuvo realizando tareas de salvavidas de la economía española en los últimos meses.

La treintena de empresas de ese grupo de 52 que opera en suelo griego, son compañías auxiliares de grandes compañías constructoras españolas. A ellas ha dejado de llegar el crédito y la caja, la autofinanciación que suponía poner en marcha la aventura exterior. Aventura que se daba por cubierta, puesto que cuando se viaja bajo las alas de una todopoderosa ACS, Ferrovial o FCC, por poner algún ejemplo, se realiza en el bien entendido de que a la grande no le fallarán, que recibirá el dinero del cliente, en este caso, del Estado griego. Pero la práctica es otra.

Un Estado en serios apuros económicos, caso de Grecia, Portugal y ahora Italia, no puede estar nunca al corriente de pago nunca; no lo esta ni cuando las cosas van bien, menos cuando van mal. Y las entidades financieras griegas están en la misma situación que su Estado: muy mal. La banca griega no esta en la batalla de asegurar financiación a empresas locales, ni mucho menos a otras de nacionalidad distinta. Están en la batalla de asegurar sus posiciones y clientes, de mantener los fondos suficientes para poder terminar el día y abrir al siguiente. Algo que treinta empresas españolas no podrán hacer en Atenas los próximos meses.

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