edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
28/10/2008

A Berlusconi le bizquean las banderas

A.Z.

Es el rey de la contradicción: con la italianidad al pecho, le ha abierto de par en par la puerta del tratado de cooperación a los petrodólares libios, pero no deja de ondear el escudo de una reforma de la ‘passivity rule’ y promete mojarle la jaima a Gaddafi en Telecom Italia, todo con tal de despejarle la pista a sus socios rusos de AFK Sistema a cambio de la escisión de la red como regalo a Mediaset. Portero del miedo, con cada amago de protección a su banca, no hace más que llamar a los chacales del pánico. Lo hizo con los petrodólares de LIA en Unicredit -aunque Hafed Gaddur, el hombre de Gaddafi en Roma, confiesa que el primer ministro dio la luz verde por adelantado-, pone el grito en el cielo con las intenciones de Trípoli para Generali y ahora dispara balas de duda con su juego del ‘veo veo’ bancario nacional. Coloca la tirita antes de la herida de la recapitalización bancaria y anuncia nuevos rescates a la italiana, al menos para dos entidades, aún a costa de soplarle al miedo de un mercado que ya esta para pocos sustos y obligar a las piruetas de la confianza a Unicredit, Intesa y Monte di Paschi.

El primer ministro ya hundió la Bolsa de Milán con la amenaza de cerrarla para protegerla. Y ahora siembra la sombra de la sospecha y alienta el castigo bursátil sin tregua a los valores financieros, los más golpeados en un mercado para pocos sustos. Él pone el dedo, Merril Linch las cifras. Y el resto, los apellidos, para irritación de la banca. Unicredit no es el único banco italiano con el ratio Core Tier 1 por debajo del nivel de seguridad establecido. También Intesa Sanpaolo, Monte dei Paschi di Siena y Banco Popolare están bajo el 6%. Intesa y MPS ya han puesto en marcha una serie de operaciones para superar el umbral dentro del 2009 y de 2008, respectivamente, mientras Banco Popolare se está progresivamente acercando al nivel previsto.

Silvio Berlusconi no tiene más remedio que enfundarse en la italianidad. Le queda la justa para cerrar las murallas de Intesa y Unicredit y amagar a espantar los intereses foráneos –sólo allí donde no son llamados por él- aunque sea a golpe de recapitalización. Eso es todo. Donde dijo ‘nunca jamás’ ahora dice ‘por favor’. Extiende los abrazos de sus tentáculos y los de Enel a las energéticas rusas, no sólo con una participación de Gazprom en una de sus centrales en Italia sino con una mayor cuota del pastel accionarial -del 20 al 40%- en Serve Energía. A pesar de sus promesas de italianidad eterna para la operadora, apela a los fondos moscovitas para tirarle un salvavidas a Galateri en Telecom Italia –y de paso echárselo a sí mismo en Mediaset- y entona la última llamada para los euros de Lufthansa o de Air France en Alitalia. Cualquiera, pero que llegue pronto.

´Il Cavaliere´ sujeta el escudo empresarial. Le encanta sacarle brillo y más ahora que es el Tesoro el que pone la mano sobre los reales de las compañías públicas italianas, las joyas de su corona. No se cansa de entonar el estribillo de la amenaza de las OPAS y ha encargado a la Consob otra vuelta de tuerca a la ´passivity rule´. Pero ni la crisis de los mercados y los síntomas de la recesión no han borrado un dato estructural: entre los países europeos, Italia sigue estando en el puesto 14 de 18 por capacidad de atraer inversión extranjera, un horizonte que ha invitado al Palacio Chigi, hasta ahora, a flexibilizar los blindajes de sus joyas empresariales. Berlusconi invita a los accionistas italianos a comprar acciones, aprovechando que el ´pisuerga´ de las rebajas pasa por Roma. Quiere que su metedura de pata  -amenazó con ponerle el candado a las Bolsas transalpinas- sirva para algo. Dispuesto a escribir derecho con los renglones torcidos de los petrodólares o los rublos, más que espantar, llama a los ‘moscones’. A fuerza de cantarles la zona y enseñarle los atractivos de las debilidades de Enel (cuya capitalización ha caído un 26%, hasta 65.700 millones de euros), pero sobre todo Generali y Telecom Italia (menos de 12.000 millones).

ITALIANIDAD EN RIESGO EN TELECOM ITALIA

El coronel  Gaddafi quiere más. No se conforma con el  0,7% de Eni, el 4,5% de Unicredit, ni con el 5% del banco que tiene ya en la mira. Exige un vicepresidente en la primera entidad financiera italiana, exige menos precio y ´mejor cara´. Y acuna sus esperanzas en Telecom Italia. Tiene petrodólares, la puerta abierta por Franco Bernabé al 10%, las urgencias de TI a flor de piel y la tradición de una hermandad con los Agnelli. Pero por ahora pesan más los compromisos de Berlusconi con sus amigos rusos del AFK Sistema a cambio de la escisión de la red como regalo a Mediaset. Tanto como los recelos de los Fossatti, que cumplen con su permanencia en Alitalia y, a cambio, quieren en Telecom Italia más que la voz y voto de su 5%. Incluso con los fondos libios en capilla, prefieren una fusión con Telefónica. Al fin y al cabo, es la propia compañía la que desde junio, en su plan de estímulo, jugaba la reducción de costes y las sinergias con la española como cartas de salvación. Los sables de Gaddafi pueden despejarle a Alierta el ajedrez de Bernabé.

El consejero delegado de TI ha querido jugar al sí pero no, abrir la puerta, pero sin ofertas formales sobre la mesa y sin convocar al Consejo. Pero el mercado se encarga de chafar sus ejercicios de funambilismo. Con la cotización por debajo de los 0,90 euros,  le marca el ritmo. Por debajo de 0,85 euros, los socios de Telco podrían tener que claudicar ante una ampliación de capital para no entregar el hólding a las entidades financieras. Intesa no está por la labor de diluir su participación. Al menos, no hasta el primer trimestre de 2009. Los Benetton -con el presidente de Edizione Holding, Gilberto Benetton en cabeza- no dejan de avisar que, si los planes de Bernabé no les convencen, saltarán del banco antes de tres meses. El resto de los socios de Telco asumen a los invitados a la fiesta de TI con el mismo recelo con el que le pasan al presidente Galateri las facturas del humo mediático.

Con los Fossatti en cabeza, algunos accionistas están dispuestos a ponerle el apellido de Telefónica a sus esperanzas, a la vista de la salud financiera y las ventajas industriales de la española. No son Findim y su entorno los únicos que creen que las sinergias reales y el matrimonio con Telefónica -que no sólo es el accionista mayoritario desde su desembarco en el en 42,6% de Telco en abril de 2007, sino la fuente principal de las sinergias y el socio industrial con más músculo-la mejor de las bombonas de oxígeno para la italiana. Pero no es baladí que sean ellos, que ostentan una participación de 4,45%, consiguieron sus asientos en el directorio en abril y cocinan un plan industrial alternativo los que le tienden puente de plata a la adquisición por parte de Telefónica y lo harán con alfombras más acogedoras en las próximas semanas. A la vista de unas acciones que cotizan un 56% por debajo del precio de compra de Telco, Bernabé y compañía tendrán que hacer algo más que ponérselo difícil y hacerse de rogar, que amargarle el bocado a la española si espera que se consume un matrimonio por el que César Alierta se niega a mostrar su apetito público.

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