edición: 2246 , Viernes, 23 junio 2017
09/10/2008

A Bernabé se le agota el tiempo de Telecom Italia

Ana Zarzuela

A los empleados intenta tranquilizarlos a golpe de circulares internas; con los accionistas y los analistas será otra cosa. El consejero Franco Bernabé pidió tiempo muerto para saborear las tablas en su ajedrez con Alierta, para calentar el interés de los petrodólares libios y darle tiempo a Berlusconi, que presiona con la escisión de la red en una mano y sus amigos rusos del AFK de la otra. Pero es el mercado el que le marca ahora el ritmo. A bocajarro. La bomba de relojería de TI ha saltado por primera vez la línea roja de 1 euro y promete ponerse cómoda bajo los 0,90 euros. Intesa y los Fosatti no esperarán mucho; no al menos sin otro plan o una inyección de capital. Por debajo de 0,85 euros, los socios de Telco podrían tener que claudicar ante una ampliación para no entregar el hólding a las entidades financieras.

Los petrodólares siguen mirando, pero de lejos. Cuanto menos músculo, menos atractivo. Lo de Telefónica, su rol de accionista mayoritario y socio industrial es una inversión estratégica. La paciencia también, pero no infinita. Uno de estos lunes negros los socios pueden moverle las fichas a Bernabé, si no lo hace antes Berlusconi.

A Franco Bernabé ya no se le agolpan los fondos soberanos a las puertas de TI. Hace malabares en la cuerda floja de la indecisión. Ha querido jugar al sí pero no, abrir la puerta, pero sin ofertas formales sobre la mesa y sin convocar al Consejo, ni tentar a la suerte de la discordia con los Fossatti o César Alierta. Pero el mercado se ha encargado de chafar sus ejercicios de funambilismo. Y el horizonte de los accionistas. La operadora alpina transita por sendas nunca antes exploradas: acumula una bajada del 56% en lo que va de año y cotiza al menor nivel en once años.

Ni los mercados ni los analistas -ING acaba de rebajar su precio objetivo a 1,40 euros desde 1,85- comparten con Franco Bernabé y Galateri la confianza en la liquidez de Telecom Italia para pagar los 4.000 millones de deuda que vencen el año que viene y en que no tenga necesidad de financiarse a cualquier precio. Los riesgos  que suponen los 37.000 millones de deuda han hecho caer sus acciones ordinarias hasta 0,93 euros y las de ahorro hasta los 0,60. Tras haber quemado en nueve meses más de la mitad de su capitalización, ahora apenas vale 16.000 millones, un quinto que la española Telefónica que es el primer accionista del grupo italiano y carga con unas minusvalías latentes en bolsa -ya antes de la crisis bursátil- cercanas a los 2.000 millones de euros por esta inversión. Toda una invitación para pasar a mayores.

ULTIMÁTUM A LA VISTA

El Consejero Delegado de TI hace humo, pero le irrita la niebla de Intesa, que no está por la labor de diluir su participación. Al menos, no hasta el primer trimestre de 2009. El resto de los socios de Telco asumen a los invitados a la fiesta de TI con el mismo recelo con el que le pasan a Galateri las facturas del humo mediático. A Bernabé se le rebelan los peones. Demasiadas  fuchas, demasiado rápidas y demasiado ambiciosas para mantener la inercia. Sea jaque, o retirada con algún trofeo en ristre para Telefónica, el movimiento no puede esperar mucho, el tablero no está para quietudes: los socios de Telco no están por contener la rebelión a bordo, ni Telefónica por sostenerle a Bernabé la vela de sus minusvalías y una inercia estratégica que no comparte.

Aunque repartan, como mantra de la tranquilidad, la píldora de las ‘inversiones a medio plazo’ y no dejen de confiar en una recuperación bursátil en 2009 tanto como para no rebajar el valor contable de unas participaciones que compraron a 2,62 euros, los socios están incómodos en un barco que se ha vuelto costoso para ellos. Sobre todo los compañeros de viaje de Telefónica en el Grupo Telco (Mediobanca, Generali, Intesa Sanpaolo, y Sintonia, con el 24,5% del capital de Telecom), que por el caracter financiero de sus participaciones, se pueden mostrar más afectados por las oscilaciones del valor bursátil de la compañía. La aseguradora Generali, que controla un 28% de Telco, supera los mil millones de euros; Intesa Sanpaolo y Mediobanca, con un 10,6% cada uno, alcanzan los 530 millones; mientras Sintonia, vehículo inversor de la familia Benetton, con un 8,4% del hólding de control de Telecom Italia, sufre unas perdidas lantentes en bolsa de 420 millones de euros.

Los Benetton no dejan de avisar que, si los planes de Bernabé no les convencen, saltarán del banco antes de tres meses. Y los Fossatti no ven la hora de un desembarco al que ya más de una vez han tratado de ponerle el apellido de Telefónica. Al fin y al cabo, es la propia compañía la que desde junio, en el plan de Franco Bernabé, jugaba la reducción de costes y la carta de las sinergias con la operadora española como tabla de salvación.

Y es que Telecom Italia se ha convertido en un barco a la deriva, con más de una vía de agua y un capitán sin bitácoras alternativas. El profit warning de Brasil es sólo el más tropical de los naufragios de una operadora que que se ha dejado en el parqué el doble que sus compañeras del sector y bracea con las manos a la espalda, justo ahora que, en lugar de sacarle brillo a la convergencia, ha mostrado el agotamiento de sus mercados maduros el estancamiento de sus clientes y la derrota de la dura competencia en precios de sus rivales. Telecom Italia no puede esconder sus malos resultados (un descenso del 24% de los beneficios entre enero y junio), obligada a ajustarse el cinturon en las espaldas de los inversores (que ven reducido el dividendo en un 20% respecto al del tiempo de los Pirelli) y en la piel de las inversiones.

Sin más ases a la vista bajo la manga que la disciplina financiera y el adiós a los ´fuegos de artificio´ que proclama Bernabé, poco más puede esperar Telecom Italia que -en el mejor de sus escenarios- beber poco a poco un coctail amargo hasta 2010: un aumento del volumen de negocios del 1% al 2% al año. La operadora alpina hace trinchera de las urgencias de su necesidad y se pone estupenda, pero los de Bernabé huelen a rescate o matrimonio de emergencia. Si no lo hacen por la puerta grande, otros tenderán la escalerilla de emergencia para un desembarco a tropel.

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