edición: 2580 , Martes, 23 octubre 2018
16/09/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

A Chávez se le "envenena" el petróleo del Orinoco y espanta a las multinacionales

Brasil y el Golfo de México recogen a los ‘desencantados’ del Orinoco
Repsol blinda su vanguardia, calma Junin 7 y se garantiza mejores condiciones en Barúa-Motatán
Las petroleras y el ministro de Energía presionan a Miraflores para que rebaje las condiciones y busque incentivos fiscales
Hugo Chávez, presidente de Venezuela
Ana Zarzuela

Se ha sentado a la puerta, baraja de nuevo las cartas y los peajes para el que iba a ser el mayor tesoro petrolero de la historia. Sigue buscando padrinos para una criatura llamada -con reservas de crudo pesado de 314.000 millones de barriles- a pelearle el liderazgo mundial a Arabia Saudí. Chávez jura que Uribe y hasta Barack Obama mueven las fichas militares latinoamericanas con la Faja del Orinoco en mente, pero es la propia receta del venezolano la que sigue dejando en el congelador las licitaciones públicas y el interés de las multinacionales. Se abraza al ‘oro negro’, aún a costa de hacer del Orinoco el epicentro de todos los desencuentros con su ministro Rafael Ramírez -uno de los pocos que lo acompañan desde el principio- que aún busca convencer al presidente para rebajar las regalías del 30 al 20% y eliminar el impuesto a las ‘ganancias súbitas’ que Chávez en persona se empeñó en establecer en 2008. Caracas amasa la calma de los retrasos y las cancelaciones. Y van tres, al menos en los siete nuevos bloques de Carabobo que iban a estar en manos de 19 petroleras estatales y multinacionales desde agosto de 2007, nunca después del verano de 2008. El banquete está servido desde hace meses en el Palacio de Miraflores para la primera gran oportunidad de invertir en las vastas reservas venezolanas en más de una década: la tecnología a la mano, los mercados sedientos de crudo y un costo de producción que  -no se cansa de repetir el marketing oficial-  es de 8 dólares por barril. Pero no sirven ya de acicate a los euros y los dólares. Al menos, no como Caracas esperaba.

Los convocados no ponen los naipes de sus inversiones sobre la mesa: el precio de una partida que prometía quintuplicar la producción venezolana en cinco años se ha duplicado hasta los 14.500 millones de dólares. Con Petrobrás en cabeza, las grandes petroleras como BP,Total, Statoil, ECOPETROL, Galp y Chevron agotan el tiempo y miran a Brasil y al Golfo de México, a pesar de que ya han pagado 2 millones de euros por el acceso al concurso, el precio más caro de las licitaciones internacionales. Miraflores volverá a sacar el ‘baile de pretendientes’ del armario en menos de un mes, al calor del ‘efecto del gas de Repsol’ y tras los talones del interés moscovita y pekinés. Ya no serán una veintena, sino una decena los llamados.  Repsol resguarda su calma: con acceso a los mejores yacimientos, al corazón del gas venezolano y nuevos contratos para refinar más de un millón de barriles, ya no le urgen los crudos extrapesados de la Faja. Selló el acuerdo para completar la exploración, el resto, la exploración de Junin 7, se amasa a dos años vista.  Se acaba de blindar en Barúa con una empresa ya existente, condiciones mejoradas, con 200 millones que pagará con el crédito que la Corporación le dio en junio y después de recibir las compensaciones de la deuda acumulada de Pdvsa. 

Estaban llamados a bautizar la resurrección de los acuerdos con extranjeros desde que Chávez nacionalizó los activos del crudo en 2007 y listos para servirse a la mesa desde hace un año, pero los planes para incrementar la producción diaria de Venezuela en 400.000 barriles y construir 4 nuevas plantas mejoradotas del crudo extrapesado se hacen esperar. Ninguna de las bitácoras de las grandes petroleras mundiales ha podido obviar un proyecto llamado a producir 200.000 barriles al día, con bajos costes de producción y bajo riesgo exploratorio. Ha hecho de ella el ’caramelo’ de su diplomacia petrolera, el epicentro de concesiones que dejan en manos de sus aliados rusos, chinos o iraníes, por ahora sólo el derecho de visita a planes aún por concretar: Rusia, a cambio del banco común, intercambios militares y un proyecto global. Teherán a cambio de suplir sus urgencias de refinados. Pero las carreras entre Shell, BP, Chevron, Petrobras, ECOPETROL, Total Eni o Statoil, son ahora zancadas de retirada. La crisis financiera y la caída de los precios del crudo son lo de menos. Sólo llueven sobre mojado en las lagunas del riesgo político, los costes de financiamiento de cada proyecto y la letra pequeña del mapa venezolano para su ‘tesoro’. El perfil de las expectativas para Carabobo asusta a las 19 multinacionales llamadas al Orinoco, las mismas que entre 1992 y 2003 llevaron 25.000 dólares a los hidrocarburos venezolanos y que ahora amansan su calma al calor de las nuevas regalías, la participación mayoritaria del Estado y las condiciones de la extracción en la Faja.

Caracas vuelve a calentar una carrera de la que la MarathonOil Corp. y la Hess Corp. han salido por la puerta de atrás del impago de Pdvsa. Y de la que estaban excluidas Eni –tras su proceso de denuncias ante Ciadi- y Exxon y Conocco Phillips, que mantienen a Pdvsa ante los tribunales internacionales por la expropiación de sus pozos justamente en la Cuenca del Orinoco.  Las multinacionales que quedan en la sala de espera le sacan al ministro Ramírez los colores de sus cuentas: le recuerdan que el horizonte de su producción requerirá al menos una inversión de 50.000 a 100.000 millones de dólares a los que Caracas quiere ponerle todos los apellidos ajenos. A la luz de la caída de la producción, las zozobras de sus refinerías, la deuda pendiente y el horizonte del precio el crudo, a los ‘petrodólares’ de Pdvsa ni están ni se los espera para el Orinoco: a pesar de la emisión de 5.560 millones de dólares en bonos de julio, la ingente deuda que acumuló la estatal Petróleos de Venezuela con sus proveedores en el 2008 -más de 7.500 millones de dólares- sigue sin ser pagada en su totalidad, la mitad está pendiente.

Chávez desincentiva las nuevas licitaciones: ni el precio que el Gobierno anuncia ni la aparente promesa de en la puja para producir al menos 400.000 barriles por día (bpd) en siete áreas del bloque Carabobo de la Faja Petrolífera del Orinoco y construir tres mejoradores de crudo pesado motivan. El cambio de los acuerdos mixtos, la ley de hidrocarburos -que arrebató las gasolineras a favor de Pdvsa-, la obligación de comercializar los subproductos del proceso de mejoramiento, la entrega de crudo a futuro contra dinero en el presente y la estenosis del mercado de crédito global marcan los límites de un jardín en el que a las multinacionales los paseos por el Orinoco cada vez les salen más caros. Por si las fugas, el mandatario venezolano cierra con doble llave. Amenaza con clausurar de nuevo la puerta de emergencia del CIADI: Pdvsa condiciona la inclusión del arbitraje internacional en los contratos sólo cuando los recursos provengan de un financiamiento bancario.

PRUDENCIA Y COMPENSACIONES

Las petroleras se lo piensan dos veces, buscan compensaciones en beneficios a la vista de que el control operativo está de parte de Pdvsa y de que sus jugadas a cuatro manos en el tablero de la Faja sólo se sostienen con el crudo por encima de los 40 dólares. quieren algún control de las operaciones -aunque PDVSA tendrá la mayoría- aspiran a compensación por el traspaso de las acciones (del 60 al 40%), exigen derechos sobre la tecnología, sobre todo la de las plantas de mejoramiento y no están dispuestas a que Pdvsa escoja a los compradores de su crudo mejorado. Caracas abre, entre tanto, la puerta trasera de su diplomacia a estatales aliadas: la empresa mixta Petrolera Indovenezolana, integrada por PDVSA y la india ONGC, está extrayendo unos 30.000 barriles por día (bpd) mientras que otras dos firmas en asociación con la bielorrusa Belarusneft y la china CNPC producen unos 17.000 bpd en total. Petróleos de Venezuela se aferra a China, Rusia y Vietnam: necesita pasar en 2013 de los 4,9 millones de barriles desde los menos de 3 actuales No ha tenido más remedio que cercenar la producción presente, al calor de los recortes exigidos por la OPEP. Sólo en agosto, después de un semestre, BP y Petróleos de Venezuela han podido volver a retomar la actividad.

Hoy, los cuatro mejoradores operativos de la Faja más una asociación con la china CNPC producen sólo 600.000 barriles de crudo al día, que después tienen que ser procesados en refinerías de conversión profunda, sobre todo en EE UU, debido a su alto contenido de azufre y metales. La misma barrera que aparta, en la práctica, a los aliados asiáticos (vietnamita, indios, bielorrusos), africanos o americanos (argentinos, chilenos y uruguayos) de desarrollar a fondo un tipo de crudo muy difícil de producir y que requiere ser mejorado con tecnología punta. Caracas enseña el papel de sus preacuerdos, los que le han tratado de poner apellidos al 17% del POES del volumen de POES del volumen de 1.36 billones de barriles de crudo pesado y extra pesado que posee la Faja Petrolífera del Orinoco.

Es cierto que han suscrito compromisos de cooperación en la Faja en Boyacá la portuguesa Galp; Petrosa, de Suráfrica; Petropar, de Paraguay, la cubana Cupet y la Petronas de Malasia. En el campo Junín la vietnamita Petrovietnam; CNPC, de China; Repsol YPF, de España; Sinopec, de China; StatoilHydro, de Noruega; Belorusnebt, de Belarús, Lukoil, de Rusia y Eni, de Italia. En Ayacucho, la ecuatoriana Petroecuador; Enap, de Chile; Enarsa, de Argentina, y Petropars, de Irán, y en el campo Carabobo, la brasileña Petrobras. Pero ni siquiera sus aliados del eje Moscú-Pekín-Teherán han podido o han querido estrenar, negro sobre blanco, los galones de su participación en el Orinoco. Nada de derechos de explotación en mano, por más que en su última gira volvió a ratificar un proyecto de inversión de 30.000 millones de dólares de Gazprom, Rosneft, Lukoil, TNK-BP y Surgutneftegaz en Junín6 y se han comprometido esta semana a adelantar un bono de 1.000 millones de dólares para comenzar a consumarlo.

Los rusos tienen abundante crudo de la mejor calidad y sus cuentas no están para todas las alegrías ‘bolivarianas’ a las que Japón o la india- urgidos de grandes suministros- prometen aventurarse. Pdvsa aspira a producir con China un millón de barriles desde 2015 y bautizar su alianza con una nueva refinería. Pero la alianza de Pekín reserva sólo la mirada de soslayo para Caracas y le hace ojitos a Brasilia: Petrobras seguirá siendo su mayor proveedor en la región. Y la reducción de la sexta parte de la extracción diaria de BeloVenezolana (en 2.520 barriles), de su presupuesto para Venezuela y de tres de sus proyectos de explotación en la Cuenca del Orinoco encienden las luces rojas de las promesas de Moscú y Minsk en las carnes de una empresa mixta llamada a la cabecera de la mesa petrolera venezolana.

Pero incluso para los ‘amigos’, la decena de estatales extranjeras que tienen ‘derecho de visita’ sobre los 27 bloques, el mayor reservorio del planeta se ha convertido en ‘ver pero no tocar’. Lo sabe hasta Repsol, que ha podido culminar en agosto la cuantificación del Bloque Junin 7, con reservas estimadas de 31.000 millones de barriles de los que se podría explotar el 20%, pero no sobrepasar las barreras de un documento de bases para el plan de desarrollo de futuras exploraciones. Los de Brufau se pertrechan en la Faja, aún negocian la letra pequeña de Carabobo y blindan su perfil más petrolero en tierras de Hugo Chávez, lo del gas es otra cosa: el descubrimiento del bloque Rafael Urdaneta y sus 7 u 8 billones de pies cúbicos, si se confirman, dejarán en manos de Repsol un 32% de la producción, sólo un 35% en manos de Pdvsa.

La española se acerca al Orinoco, pero por los atajos de la prudencia. Acaba de sellar un preacuerdo para la explotación de Barúa, pero sólo tras recibir un convenio de compensación de deudas de Pdvsa por 220 millones de dólares, después de garantizarse el suministro de 1,38 millones de barriles para ser refinados y vender sus plantas de gas y electricidad de Termobarrancas. Y por la puerta de las ventajas favorables de su experiencia en esos campos: nada de una nueva empresa mixta al 60% con Pdvsa, utiizará la ya existente Quiriquire. Repsol YPF pagará a Venezuela un bono de 207 millones de dólares para explotar los 432 kilómetros cuadrados de Barúa-Motatán, pero lo hará con el crédito emitido por la Corporación Venezolana de Petróleo a favor de Repsol cuando firmaron un memorando de entendimiento.

Se lo han dejado claro ECOPETROL y Petrobrás -que hasta ahora se ha cuidado de aumentar su peso en el Orinoco- y Lukoil, que a pesar del empeño de Chávez y Putin por trasladar la guerra fría de la energía al Caribe y bautizar un banco ruso-venezolano, no acaba de decidirse a poner los 3.000 millones de dólares que promete sobre la mesa de Pdvsa. Ni la piel paraestatal de los gigantes petroleros chinos indios, brasileños o noruegos -ésa que Chávez trata de hermanar con Pdvsa- ni la sintonía comercial y energética, ni siquiera los dos millones de dólares pagados por la colombiana como peaje a la licitación y su preacuerdo con Petronas  para ofertar son suficientes. ECOPETROL ya le había dado la espalda al ‘oro negro’ del Orinoco tres meses antes de que el Palacio de Miraflores congelase las relaciones con Bogotá y con ellas, las puertas a los hidrocarburos venezolanos para sus vecinos. A Chávez no le reluce la ‘samba’  del Orinoco. Las condiciones originales eran que las condiciones originales eran que Petrobras iba a tener el 40% en la empresa mixta que va a desarrollar el campo Carabobo 1 en la Faja del Orinoco, a cambio del 60% en la refinería de Pernambuco. Pero Lula echó cuentas dos veces y ya sólo quiere, como mucho, un 10% de Carabobo. La sentencia de muerte de Brasilia al gasoducto del Sur y a los 25.000 millones de dólares de su inversión es la puntilla a la geopolítica de su ‘petrorreino’ en la región. Brasil se lo ha dejado claro: ahora acaricia el autoabastecimiento en hidrocarburos y no esconde que, tras él, peleará por un sitio en la batalla de los grandes productores. Para empezar, le araña a Pdvsa el interés de Santos y Carioca. El Golfo de México hace el resto.

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