edición: 2286 , Martes, 22 agosto 2017
15/10/2008
Observatorio Latinoamericano

A Chávez su ‘catedral económica’ se le vuelve insostenible

Ana Zarzuela

Jura que carga, cual Atlas, con el sistema financiero en sus espaldas, que atesora el elixir de la lozanía económica y la fortaleza bancaria. Y no deja de reflejar las vidrieras de su edificio económico sobre los ojos de Wall Street. Pero la catedral bolivariana tiene grietas propias y acusa las goteras ajenas. El ‘gurú’ de Caracas se triza los dedos de su Fondo Nacional de Desarrollo en el titanic de Lehman Brotehrs y esconde sus últimos tesoros en las cajas fuertes del Banco de Basilea. Opaca su dependencia del mercado del norte. Hace ondear los fondos binacionales con China, Rusia e Irán como luz de los días para las finanzas mundiales. Y está dispuesto a facilitar la ‘eutanasia’ del FMI, a pesar de que su alternativa, el Banco del Sur, no ha conseguido ser más que un nasciturus. Da cuerda a una economía que no va más, el sistema bancario decrece y sólo hay que mirar al Santander y el BBVA para comprender la dimensión de la ‘Casa de Valores’ Chávez.

No son PFC y Deutsche Bank los únicos que advierten que el modelo, pensado para ser sostenible a 120 dólares por barril, es el más vulnerable de todos los petroestados del planeta: ha comenzado a hacer aguas y sólo por encima de los 90 dólares podrá darle cuerda al gigante estatal que Chávez ha engendrado.

Petróleos de Venezuela (Pdvsa), alimentada por los precios del crudo más altos de su historia, ha puesto ‘huevos’ por valor de 700.000 millones de dólares a los gobiernos de Chávez, pero no da abasto con el alud de juegos malabares y la digestión de todo lo que se nacionaliza. Es un problema para su ‘criador’, que por primera vez rebaja sus objetivos de producción. El gallo de Chávez espanta. Y a la vista de la parálisis en el Orinoco, pocos se atreven a invertir en ese gallinero. El sueño petrolero puede ser la peor de las pesadillas ahora que su crudo está por debajo de los 100 dólares. Y que quedan muy lejos aquellos tiempos, antes del desembarco bolivariano en el Palacio de Miraflores, en los que el gobierno podía sostener sus malabares presupuestarios con un barril a 34 dólares.

Sin planos. Y sin casco. Pero con la asesoría de Fidel Castro, carta a carta. A Chávez la burbuja financiera le estalla en la cara, ahora que las nubes de Wall Street llueven sobre las debilidades de su laberinto, el resguardo menos seguro de toda Latinoamérica según JP Morgan. La burbuja energética, también. El dólar paralelo se dispara a 4,80 bolívares, los bonos se desploman, el crudo cae, la inflación no tiene techo y el motor de Pdvsa se gripa. De seguir esta tendencia, al gobierno no le quedara otra opción que nuevas medidas impositivas y otra devaluación del tipo de cambio, la última baza para un Chávez que se lo juega todo en las elecciones de noviembre y para un país que ya no puede pagar las importaciones –más de 50.000 millones este año- con el producto de exportación.  Y que ya con un barril promedio a 103 dólares por barril no pudo impedir un déficit fiscal de 2.000 millones de dólares.

SOMBRAS FINANCIERAS

Hugo Chávez le ha echado un RIP con carcajada a la quiebra Lehman Brothers, pero sus lecciones de ingeniería financiera de Chávez se han trizado los dedos: el triple cordón umbilical con Washington apaga sus himnos: el de la dependencia del crudo con su principal comprador, el de la exposición financiera y el de los grilletes del dólar paralelo. En sus predios cierra el puño en un jardín cada vez más incómodo para las instituciones financieras. Allende sus fronteras, hace humo al viento de sus delirios de grandeza. Moscú, Pekín y Teherán se dejan querer. Que lo que ha unido el petróleo no lo separe nadie. Siempre que Caracas siga pagando por sus créditos a todo trapo y no sacie su hambre de armamento.

Las risas a Caracas le han costado ya una rebaja de 10 puntos en la calificación de la deuda y la medalla del riesgo país más elevado de la región. Por si acaso, guarda ya sus petrodólares – 40.000 millones de la reserva monetaria-  en la cámara acorazada de sus odios: los bancos suizos y lingotes de oro. Nada del Banco del Sur. Tiene ya edad para andar, aún a gatas, pero aún no es más que un ‘nasciturus’, con acta de bautismo oficial de 9 de diciembre, pero que no consigue salir de la incubadora bolivariana. No tiene claros ni el aporte ni la participación de cada socio; aún carece de reglas de gobernabilidad y no ha perfilado la cancha de juego de todas las cuestiones técnicas. Es poco más que un embrión de Banco de Desarrollo, que trae debajo del brazo un pan trufado sólo de ambiciones, nada menos que convertirse en el órdago al sistema financiero internacional, el capitel de la nueva arquitectura bancaria y un grano para el FMI.

Gira sobre sí mismo en un laberinto demarcado por la creciente inflación, la dependencia de las importaciones, la debilidad del músculo productivo y las zozobras monetarias. Un terreno de juego con líneas rojas –precios, condiciones y divisas- cada vez más hostil para las empresas y para los consumidores. Y con menos ventanas a la calle del crecimiento sostenido. Intenta esconder el bosque del desabastecimiento tras los árboles de la crisis mundial. Abrazado a la gallina de los huevos del oro negro, el presidente venezolano estrangula la actividad productiva, demoniza al sector empresarial y espanta a los inversores. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas muestran que Venezuela atrajo 646 millones en inversión extranjera en 2007, mientras que Colombia y Perú consiguieron 9.000 y 5.300 millones respectivamente. Venezuela fue superada incluso por países relativamente pequeños en términos económicos como El Salvador y República Dominicana, que atrajeron 1.500 millones cada uno.

LA IMPOTENCIA DE PDVSA

Las multinacionales siguen más atentas al riesgo país -el mayor entre las principales economías de la región- que a las promesas del Ejecutivo. Hay 21 compañías pendientes de concretar acuerdos. Aunque han sido asignados 21 de los 27 bloques de la reformulación del área, sólo se han firmado dos acuerdos, con la estatal china en Zumano y en el campo San Cristóbal con ONGC. El gobierno tiene paralizadas 26 operaciones de la Franja a la espera de un arbitraje internacional y la plataforma Deltana está también paralizada porque tampoco le han otorgado los permisos a Chevron y a Statoil, para la producción. Chávez llama a las multinacionales con el canto de sirenas del Orinoco, pero bajo la mesa, dibuja ya la nacionalización de los taladros de las grandes multinacionales, que no ha conseguido adquirir y no para de prestar a sus aliados bolivianos y ecuatorianos.

Pdvsa es la única reina de un modelo dependiente del crudo (las exportaciones no petroleras cayeron al mínimo en un lustro) al que el Palacio de Miraflores alimenta a golpe de gasto público, consumo interno e importaciones. La deuda externa del sector público ha aumentado un 15,9% en seis meses. Sólo el brillo del crudo -29.634 millones en el segundo trimestre- permite al gobierno seguir haciendo malabares. Pero la bajada del nivel de las aguas petroleras deja a la vista las limitaciones de Petróleos de Venezuela. Los accidentes, los choques de buques, las huelgas crónicas, el cierre de pozos, el deterioro de yacimientos y las restricciones productivas son sólo los coletazos de un gigante obligado a importar gasolina y a comprar más de 30.000 componentes. Los números comienzan a contestar al bolivariano: en un país con una dependencia plena de la renta petrolera, el consumo doméstico de la gasolina más barata del mundo se ha incrementado un 24% en los últimos dos años, pero las exportaciones de gasolina al odiado vecino del norte, su principal cliente, cayeron un 62% en los primeros nueve meses.

Ni la euforia de la lluvia de dólares puede opacar que ni el esquema operativo ni el financiero son sostenibles a medio plazo: los gastos aumentaron 38% con respecto al mismo periodo de 2007, debido en parte al incremento de las  actividades de la estatal tras la nacionalización de la Faja del Orinoco en 2007.  De unos 60.000 millones de dólares de ingreso probable por renta petrolera, quedarán en el país unos 4.000 libres, después de 40.000 en importaciones y 5.000 producto de la demanda anual de divisas y del pago de la deuda externa. Como resultado, la capacidad de los ingresos petroleros para aligerar las restricciones fiscales del gobierno se está volviendo cada vez más limitada.

EL LABERINTO BANCARIO

No sólo es el Financial Times el  que descuenta que cinco o seis instituciones financieras en Venezuela pueden entrar en crisis antes de un año. Chávez añade nuevos muros a su laberinto financiero, unos predios en los que busca limitar las expectativas de los grandes bancos privados, aún a costa de deshilachar el sistema bancario – que ya registró en el primer semestre una caída de 6,5%, frente a la subida del 24,5% en 2007 - y dejar al Estado abocado a ser el cancerbero del miedo de los consumidores. Miraflores aprovecha que el Pisuerga pasa por Wall Street, pasa la mano del Estado sobre el lomo bancario,  ha puesto interventores y supervisores en las juntas directivas de algunas entidades y mete el dedo en una llaga que es suya: al cierre de agosto el índice de capitalización de diez bancos se ubica por debajo de la exigencia mínima de 8%, gracias, entre otras cosas, a que el gasto del Gobierno introduce una enorme cantidad de bolívares que ingresa a la banca y se transforma en créditos o inversiones en bonos. Y es que en el petroreino de los sueños bolivarianos, cada ladrillo para tratar de contener al dólar paralelo castiga al tejido financiero, devalúa la deuda y anima a los mercados negros.

Los bancos se han convertido en hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios -con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; los liga a los efectos negativos de su socialismo y ahora les obliga a la venta de bonos para tratar de secar el mercado de dólares. Y ni Ali Rodríguez, ni mucho menos la Superintendencia de Bancos (Sudaban) quieren arriesgarse a que la salida del Santander y su posible heredero desequilibren aún más un sistema ya tocado. En manos del Palacio de Miraflores, la ‘maldición de Botín’, la condena a reproducir en las carnes del tercer banco del país por activos y reservas y uno de los más rentables del continente los naufragios que ya Chávez capitanea en el Banco Industrial, Banco del Tesoro, Banco Agrícola y Banfoandes, que pasaron antes por el aro de la nacionalización. Y es que, cuando llegue a materializarse la negociación con el Banco de Venezuela, el Estado se convertiría en el principal agente bancario de la nación: poseerá el 16,44% del total de créditos de la banca y el 24,38% de los depósitos, el 17% de las oficinas y el 21% de los empleados del sector, a lo que hay que sumar la discrecionalidad sobre el manejo de los fondos públicos y de Pdvsa. Ello significa que quedaría por encima del actual líder bancario nacional, Banesco, que controla el 15,26% y 14,14% en ambos segmentos.

Los planes chavistas les están saliendo caros  a Lula y los Kirchner y, a la vista de las facturas, no quieren perder trenes energéticos ni comerciales. Chávez lame las puertas del MERCOSUR, pero rehén de sus propias arremetidas, no se resiste en poner en peligro al Banco del Sur, la niña bonita de la ingeniería financiera bolivariana, y a su propio desembarco en Mercado del Sur, dinamitando los puentes hacia quienes están llamados a ser sus padrinos o sus verdugos: Buenos Aires y Brasilia. Lo hizo con el escándalo de los maletines de la discordia con el que desembarcó en la Casa Rosada Cristina Kirchner y no ha dudado en repetir la pirueta con la nacionalización de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) y la brasileña Oderbranch. Chávez, cada vez más solo, encaja ahora el repudio de su otrora discípulo Rafael Correa, que ha dicho no al ALBA.

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