edición: 2110 , Lunes, 5 diciembre 2016
05/09/2008

A Cristina Kirchner se le atraganta Aerolíneas

Traga, gracias al músculo del oficialismo y con ayuda de la ley recién aprobada por el Senado argentino, su decisión de comprarle lo que queda de Aerolíneas Argentinas a Marsans. Pegada al acuerdo con Pascual y Díaz Ferrán, la Casa Rosada ha conseguido eludir la quiebra y la incautación forzosa, pero también olvidarse de la génesis de una nueva empresa limpia de polvo y deudas. Asume un primer bocado ya caro y sólo provisional. La digestión de las facturas, el precio y de la operatividad de una aerolínea envenenada con un pasivo de 890 millones de dólares -240 inmediatos-, requerirá una segunda digestión para la Casa Rosada, que busca ya escobas con las que barrer las denuncias de permisividad por parte de  la oposición.

Pero la ‘maldición’ de Aerolíneas le va a salir más cara a los Kirchner. La regurgitan al ritmo que Marsans le impone: sólo aceptará la tasación de los tribunales y la Auditoría General de la Nación si coincide con la de Credit Suisse; esquiva la intervención judicial y gana para intentar arañar un mejor precio por sus  acciones. Si después de tanto tragar, Cristina se ve obligada a vomitar de nuevo Aerolíneas con el purgante de la expropiación, corre el riesgo de lacerar aún más las heridas ya abiertas en el seno del peronismo con los radicales de Cobos, partidarios de estatalizar sí o sí.

Los Kirchner ya no quieren ni pueden seguir pagando platos rotos de Marsans en Aerolíneas ni sostener la presión de los sindicatos, menos ahora que, tras el varapalo del Senado y el transfuguismo del vicepresidente Cobos, el horizonte, emponzoñado con la guerra del campo y los problemas en el “milagro económico argentino” que empañan los sueños peronistas y la popularidad de Cristina.  Y la recuperación de la Aerolínea pasa por tener que participar en la gestión rescatando su cuota a golpe de chequera y por reflotar una compañia que hoy es un agujero negro de operaciones, resultados y deuda, con pérdidas de un millón y medio de dólares diarios. Pero darle vueltas a ese bolo alimenticio tan pesado no deja de pasarle factura: desde la firma del acuerdo transferencia accionarial el 17 de julio, el Estado ha desembolsado 69,53 millones de euros para mantener operativas Aerolíneas y Austral.

La Casa Rosada se encuentra, de nuevo, con la ‘patatra caliente’ de Aerolíneas entre las manos públicas, impelida a buscar nuevos socios que inyecten capital a la ahora escuálida aerolínea y compartan su operación y, si es posible, su accionariado con el Estado y con el 0,06% de los empleados. Sólo la urgencia de rearmar a la Evita Perón kirchneriana para pasar página ayudarán a la digestión a Cristina, dispuesta a jugar el juego de Aerolíneas Argentinas, entre otras cosas para -el populismo obliga- gestionar el futuro de sus 8.500 empleados y utilizar la compañía para comunicar destinos que difícilmente alcance otra compañía.

La escasez de vuelos afecta a las provincias y CFK no quiere tener que jugar de chivo expiatorio de las demandas crecientes de los gobernadores que ganan peso en el Partido Justicialista, ni asumir el costo político de no tener aviones, o no ponerle coto a un régimen improductivo alentado por los sindicatos.

Los Kirchner tendrán después de la tasación sesenta días para definir qué hará el Estado cuando tenga la casi totalidad de acciones en su poder (los trabajadores tienen menos del 1%), si prefiere apurar la reprivatización de la mayor parte de las acciones, incentivando a un inversor argentino que podría recibir la empresa sin pasivo y en condiciones operativas más ventajosas, gracias al subsidio al combustible, desgravaciones y los últimos aumentos de tarifas. O, si opta por retener a Aerolíneas en la órbita estatal para diseñar con más tranquilidad esa eventual segunda entrega a manos privadas.

Cristina Fernández quiere recuperar Aerolíneas, pero no por la puerta de la nacionalización, sino por la de la “argentinización”, un dintel que pasa por la salida de Marsans y el desembarco de un nuevo grupo. Y los laureles para los Kirchner. Faltan aún muchas millas para eso. El cuentakilómetros de CFK lo empieza a saber bien.

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