edición: 2064 , Jueves, 29 septiembre 2016
03/09/2008
MONITOR LATINOAMERICANO

A Evo Morales se le sube el gas a la cabeza

Intenta que las facturas de sus delirios energéticos corran a cargo de las multinacionales, con Repsol YPF en cabeza

No se resigna. Insiste en sentarse a una mesa que le queda grande, con el traje prestado de superpotencia del gas latinoamericano. Inasequible al barómetro de la producción en caída libre desde que inició la nacionalización de los hidrocarburos, se atrinchera en su sucursal andina del universo bolivariano. Ahora promete duplicar sus reservas de gas en cuatro años. Pero su banquete se estrenará, si llega, con la estatal YPFB como ariete y las multinacionales como rehenes, forzadas a bailar el paso a dos con ella y con el cubierto pagado con los 900 millones de dólares de inversiones que les ha exigido a las grandes petroleras a cambio de su permanencia. Repsol está condenado a vestir los ensueños de Morales en su triple condición: como socio forzoso del estado boliviano en Andina, como inversor a la fuerza en el Plan 100, como productora en los megacampos de Margarita  y Huacaya- de los que Morales espera hacer las joyas de su corona- y como puente de emergencia entre las debilidades gasistas de Bolivia y las necesidades de Argentina y Brasil. 

El presidente Morales colisiona con las provincias gasistas bolivianas, exige caridad al mendigo de la empresa estatal argentina Enarsa, se conforma con el aplauso de Chávez y Pdvsa, se ha convertido en un paria para Petrobrás, en el hermano pobre de un cono sur en el que sus vecinos han asumido que el cinturón energético no se desplegará gracias a la Paz y corren a importar Gas Natural Licuado (GNL) a y diversificar la producción. Inerme ante el despegue energético de Perú, se aferra al imposible del gasoducto del Nordeste que espera que Argentina pague y juega toda su suerte a la carta de las mismas multinacionales a las que espanta a dos manos.

Bolivia tiene desde hace meses la producción estancada en 40 millones de metros cúbicos diarios de gas, un horizonte insuficiente para abastecer los 32 millones que requiere Brasil, los 7,7 de Argentina y  los seis millones de demanda interna. Se ha convertido en el capitán del triángulo de las Bermudas energético, pero urgido de un golpe de efecto que opaque la escisión del país en dos mitades que escapan a su control, Evo Morales trata de seguir frotando la lámpara de Aladino de la segunda reserva de gas del continente ( 48,7 billones de pies cúbicos según una certificación ya caduca de 2005) y se ha sacado de la chistera bolivariana su ‘Plan 100’, un ensueño con el que espera nada menos que duplicar en cuatro años sus actuales reservas de gas. Olvida que el ‘genio de la lámpara’ boliviana se ha secado desde la nacionalización de 2006. Condenadas al milagro, las trasnacionales energéticas -Petrobrás, Repsol YPF, Total y British Gas- tendrán que suplir la mayoría de los 1.500 millones de dólares que necesita para engendrarse y los 1.000 millones anuales para alimentarse el tentáculo gasista del nuevo monstruo energético de Evo Morales. El otro, el tentáculo eléctrico, quedará en manos de la Central Cachuela esperanza, una planta en la región amazónica de Beni, de la que La Paz jura que dependerá el 80% del suministro nacional en cinco años, a pesar de que aún no hay estudios que la sustenten y, ni siquiera esta claro su coste.

La maldición energética se teje a la perfección: el presidente quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo fallido al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez, desabastecimiento dentro y fuera de sus fronteras y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales. Pero no hace más que reincentivar el consumo y desalentar la inversión. Ahoga a las multinacionales, asfixia al Estado- que no gana para subsidios- y nunca alcanza las expectativas de los consumidores. La crisis política no se lo pondrá fácil a sus ilusiones futuras: Morales ha perdido la llave de las tres regiones del Chaco boliviano, las más ricas en gas del país, que desde hace semanas se mantienen en pie de guerra, dispuestas a cortar los suministros hacia Brasil, Argentina y Paraguay si Bolivia no es capaz de duplicar los precios del gas que exporta.

La Paz no esconde ya sus miserias, aunque ahora trate de vestirlas de proyectos a medio plazo. Perdido en la gestión de las segundas reservas de gas del continente, a Morales se le ha quedado grande el traje de potencia energética y aún no ha conseguido logrado llevar a buen puerto la nacionalización que emprendió el 1 de mayo de 2006. Mientras tanto, la vista puesta en Caracas: YPFB y PDVSA ya apadrinaron a Morales con el paraguas de la asesoría nacionalizadora y ahora planean explorar las tierras bajas en el oriente de Bolivia y La Paz, en los Andes. El Gobierno venezolano firmó un acuerdo de emprendimiento conjunto para crear una firma de petróleo y gas, Petroandina Gas, cuyo 60% pertenece a la boliviana YPFB y el 40 % restante a la venezolana PDVSA. Petroandina planea invertir 900 millones de dólares en exploración y producción en varias áreas del país. Y abrir la puerta a la estatal andina a los equipos de búsqueda de gas natural.

Para un país que necesita ir más allá de la exportación de hidrocarburos como materia prima y llegar a productos de mayor valor agregado, el gran desafío era la industrialización, pero requería de la “gasolina” de grandes inversiones estratégicas del Gobierno y los municipios, supuestamente fortalecidos desde el 2006 con un superávit en sus ingresos por el incremento de la renta petrolera. A fines de 2005, la venta de hidrocarburos, interna y de exportación, eran en Bolivia 1.500 millones de dólares anuales, y sólo 300 quedaba al Estado. Hoy, con la nacionalización, supera los  2.000 millones de dólares para el Estado. Pero la realidad es que no hubo modernización del sector eléctrico ni del gas y que ni YPFB cuenta con la logística necesaria para la distribución del GLP, ni ENDE para la gestión adecuada de la electricidad. Ni siquiera el perfil de las reservas de gas está claro. Sólo en el congreso de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos se escucharon tres cifras diferentes: 27, 18 y 25 TCF. Pero el consenso de los analistas da ya por sentado que las reservas peruanas han superado a las bolivianas y lo harán más aún cuando en 2012 la ampliación del ducto de Camisea esté lista.

CAPITÁN DEL VACÍO REGIONAL

La solidaridad energética regional ha topado con las fronteras de la eficiencia bolivariana. Brasilia y Buenos Aires ya sólo aspiran a poder seguir esperando. Han acordado diseñar una política energética común para enfrentar la crisis que vive el sector, pero la alianza estratégica no es mucho más que tratar de obligar a Evo Morales para que administre sus miserias revolucionarias y cumpla los acuerdos regionales, al menos en tanto Lula y Cristina encuentran fórmulas alternativas- ya pasen por Caracas o por París- para zafarse de la dependencia de YPFB.

Morales se ha convertido en el funambulista de la nada. Se embriaga con el humo de unos proyectos que no dejan de vivir siempre en el planeta de las ilusiones futuras. Es el único. Ni la aparente sintonía diplomática entre La Paz y Brasilia ni la promesa de Petrobrás de seguir comprando gas a Bolivia al menos hasta 2019 evitan que Brasil dé cuerda a toda máquina a vías alternativas de abastecimiento que eviten cronificar la dependencia de Bolivia. Petrobrás en cabeza, Lula se ha entregado a la diversificación energética que, en toda la región pasa por el GNL procedente de ultramar. El nuevo terminal, en el puerto de Pecem, operativo desde esta semana, tiene capacidad para descomprimir el GNL y convertirlo en 7,0 millones de metros cúbicos por día, lo que según la petrolera estatal brasileña aumentará en un 11% la actual oferta del combustible en el mercado, de 60 millones de metros cúbicos por día, y- junto a las otras dos plantas futuras del centro y sur- le dará más flexibilidad y seguridad a la oferta interna del gas en la red nacional para la generación de electricidad. Morales - a la vista de la imposibilidad de YPFB para cumplir sus compromisos - ha venido a dejarle en bandeja al brasileño también la llave del alivio energético- por la vía eléctrica- de Argentina. Brasilia puede ahora cobrarle a Néstor Kirchner en diplomacia, comercio y poderío político cuatro años de forcejeos.

Atrapada en el Triángulo de las Bermudas en el que naufraga la integración regional, a Cristina Fernández de Kirchner el brasileño y el boliviano la dejan abocada a pedir ayuda a Caracas y, a medio plazo, a cristalizar nuevas ecuaciones en las que las empresas que operan al mismo tiempo en Bolivia y Argentina-Repsol YPF entre ellas- pueden tener más de una baza que jugar. El círculo vicioso está servido: Bolivia, incapaz de servir al tejido industrial argentino más que un tercio de lo acordado en 2005, se aferra al Nuevo Gasoducto del Sur, que YPFB y Enarsa prometieron engendrar hace tres años, pero que no acaba de ver la luz. El gasoducto del Nordeste sigue siendo sólo un proyecto nebuloso. Todas las iniciativas están congeladas: ni se construye el ducto ni se extrae más gas para poner en él. En Bolivia aseguran que no pueden enviarle mayores volúmenes de gas a Argentina porque no hay medio de transporte. En la Argentina se preguntan por qué llevar adelante una construcción de semejante envergadura si en el país vecino no se extrae la cantidad necesaria del hidrocarburo. Tampoco en la Casa Rosada derrochan entusiasmo por el Plan 100 de Morales, que pasa, entre otras cosas, por trata de dejar, sin éxito, en el tejado argentino la responsabilidad del Gasoducto y la mayor parte de su financiación- 1.200 de los 1.300 km-, la factura del desabastecimiento, la culpa de los pagos a destiempo, e incluso la financiación de una planta separadora básicamente para etanol y metanol en el Chaco boliviano.

La Casa Rosada confía, en las mutinacionales que trabajan en el mercado argentino y son capaces de tener un pie en Bolivia: Repsol YPF, Petrobras y Total sobre todo. El anexo al contrato bilateral apunta a un acuerdo tripartito entre las dos estatales, los operadores privados Repsol, Petrobras, Total, Andina, Chaco y BG, donde ellos tengan garantía de pago y a su vez garanticen la entrega.

Bolivia entona el himno de la dependencia. Amistosa, con Venezuela y Argentina. Forzosa, con las multinacionales. Olvida que las empresas invirtieron más de 4.600 millones de dólares en la búsqueda de hidrocarburos y lograron multiplicar por nueve las reservas conocidas, lo que convirtió a Bolivia en el segundo productor de gas del continente. Pero hoy las multinacionales, ante la zozobra y la inseguridad jurídica, la merma de los beneficios y el incremento del riesgo de la tasa de retorno, han procurado estancar las inversiones a los niveles mínimos para sostener la producción, a pesar de las presiones de Morales, que ha renegociado los contratos con el manta del chantaje y las inversiones forzosas por bandera. YPFB queda condenada a la urgencia de acelerar un conjunto de inversiones para cumplir con sus compromisos con los mercados externos, ahora que como recuerda la Cámara Boliviana de Hidrocarburos, la venta forzada de las acciones de Pan American Energy y Ashmore, en Chaco y Transredes, y de CLHB a YPFB  “dificulta la recuperación de la confianza de los inversores”.

Como recuerda el Instituto Fraser de Canadá, Bolivia es ya el país con más barreras en exploración y producción petrolera del continente. Morales busca una fuga de aire y no sabe hacerlo de otra manera que con las arremetidas nacionalizadoras. Paradojas del credo bolivariano, el líder andino manotea su soledad en las espaldas de las multinacionales. Condenadas a ser protagonistas del mito de Sísifo de sus descalabros petroleros, perpetúan la rueda de los desequilibrios: las empresas privadas y YPFB tienen previsto invertir este año al menos 1.266 millones de dólares, de los que más de 200 millones los aportará el Estado y unos 876 millones las mutinacionales. Pero, si en una mano llevan el peaje, en la otra, no dejan de empuñar el salvavidas de sus recursos ante el CIADI.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2016 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...