edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
13/02/2009

A Gadonneix se le complican los malabares de EDF

Estaban llamada a ser uno de los tentáculos de la ‘grandeur’ nuclear de Sarkozy, pero a EDF se le enreda la coreografía en el escenario galo, ahora que el Elíseo sacude tanto como protege las pretensiones de Pierre Gadonneix. Ya no es tan profeta en su tierra. Ha reducido en un tercio sus beneficios: los costes asociados a las tarifas eléctricas reguladas y la menor demanda industrial le marcan las fronteras. Electricité de France se ahoga en sus digestiones y en los costes de su reactor EPR y Bruselas le pone techo al despliegue británico. El rompecabezas nuclear se lo mueven Sarkozy y Siemens, ya le ha obligado a hacerle sitio a GDF-Suez en el segundo reactor de tercera generación y -con el Elíseo mediante- apunta a crear otro gigante nuclear con Areva y Alstom. El coloso galo quiere seguirle los pasos a Areva en Asia y Gadonneix sueña con el bautismo por parte de la eléctrica de diez nuevos reactores nucleares de última generación en 2020. Pero aún tendrá que digerir la mitad del negocio de Constelltion Energy Group por 4.500 millones de dólares y las riendas de British Energy Group por otros 15.750 millones. Y no será como pronto hasta el segundo trimestre cuando se despejen las conversaciones para que Centrica se siente a su mesa y comparta la digestión de BE.

La extensión en Francia de la Tarifa Reglamentarda Transitoria de Ajuste de Mercado (Tartam) hasta junio de 2010 ha obligado a los de Pierre Gadonneix a dotarse de una provisión de 1.200 millones de euros, 200 millones más de lo previsto; reduce el margen de EDF, la obliga a  indemnizar a sus competidores y ha erosionado en 2.000 millones de euros su resultado de explotación. A su vis más nuclear, le resta oxígeno: en este semestre ha visto cómo la tasa de disponibilidad de sus centrales nucleares ha bajado hasta un 79,2% y cómo se le disparaba el coste de sus compras energéticas, los cargos de mantenimiento y de la reforma de las pensiones. Para 2009, la segunda compañía europea que más deuda ha emitido en lo que va de año -4.000 millones- no espera ni en el más optimista de sus horizontes una mejora de sus resultados, se conforma con el crecimiento orgánico, la integración de sus compras y la mejora de su perfil financiero. En la mira, un nuevo programa de desinversión de activos de más de 5.000 millones de euros.

Un mal menor si no se tratara de la ‘niña bonita’ del tejido energético francés en plena recomposición del sector. Sarkozy aprovecha para nadar en las olas. Le gustaría hacerle sitio en Areva a Alstom y su accionista de referencia, Bouygues. Y celebra la futura soltería de Areva con contratos de conversión de uranio a cuatro manos con EDF. El Elíseo dorna su divorcio acercando a sus dos campeones estatales. Pero a Sarkozy  EDF y su corona eléctrica le saben a poco, quiere otro campeón nacional sólo nuclear y Areva se lo ha puesto a tiro. La marcha de su rival germano vuelve a poner en carrera al grupo presidido por Patrick Kron, con las bendiciones de Sarkozy, pero los recelos de Anne Lauvergeon a flor de piel y el deseo confeso de cobrarse cara- en independencia- la amistad con el Elíseo. Sólo Total está dispuesta a estropearle la foto de Alstom, con el 1% de Areva en ristre.

A CONTRACORRIENTE EN LA TOMENTA NUCLEAR GALA

Prometía Gérard Mestrallet hace menos de un año, en el bautizo de la mayor eléctrica del mundo por capitalización, que GDF Suez mordería también la manzana nuclear más pronto que tarde. Gas de France-Suez  quiere hacer valer los galones de su filial Electrabel, responsable del 90% de la energía nuclear belga. De la fruta prohibida atómica gala, Sarkozy solo le permite saborear una porción del segundo reactor EPR de Penly y a dos manos con su rival histórico, EDF. Lo justo para moverle aún más las fichas a Pierre Gadonneix. Y es que el Elíseo ha roto su baraja nuclear. Siemens ya no oculta que saltará con su 34% del ‘matrimonio’ de Areva. Vía libre para las aspiraciones de Alstom, llamada a ser el caballero blanco de un nuevo campeón galo apadrinado por Sarkozy, si Total no le estropea antes la foto. Luz verde para los rusos de Atomenergoprom con Siemens. Y una puerta abierta para que E.ON, RWE e Iberdrola hagan cuña en sus desencuentros en la arena nuclear británica. El último vestigio de la alianza industrial franco-alemana no hace más que sacudir unas aguas en las que Sarkozy acaba de anunciar un reactor nuevo EPR, la gatera por la que GDF-Suez se ha colado a un redil hasta ahora presidido por Areva y Electricité de France.

Areva le pelea las centrales ERP y le amarga el calendario a EDF en casa: el reactor en Normandía no entrará en servicio hasta 2013, un año más tarde de lo previsto. Ni la hermandad estatal ni la presencia del 2,4% de EDF en Areva impiden el desencuentro. EDF le da cuerda a golpe de euros: abordará otro procedimiento para el Reactor de Flamanville. GDF-Suez promete aprovechar las grietas y demostrar que las empresas públicas no son las únicas llamadas a la apuesta nuclear europea. Justo el escenario que Electricité de France no quiere reproducir al otro lado del Canal de la Mancha. EDF se lanza a la piscina de las nucleares británicas con el lastre de 15.750 millones de euros al cuello y el peso de amortizar los costes crecientes de las ocho viejas centrales de British Energy y de compensar el precio desbordado de sus reactores EPR. Y quiere más que el salvavidas de Centrica, ahora que Bruselas le ha aguado los planes y ha puesto líneas rojas a su despliegue, sobre todo el británico. Los precios, el retraso de la EPR y hacen el resto.


EMPACHO ATLÁNTICO

El banquete de Britih Energy y la avidez de compras comprometen sus cuentas y emponzoñan la confianza de los analistas, los inversores, sus socios y los británicos, que no están por la labor de que Francia abrillante sus galones en las espaldas de la Pérfida Albión. Gadonneix traga rápido para no degustar el amargor de una operación dilutiva, que le exige limitar su paraguas británico y abrir la puerta a sus competidoras europeas. Soñó con un desembarco triunfal, capaz de compensar las pérdidas de EDF Energy -su filial británica-. Pero las urgencias financieras y los recelos de Downing Street obligaron a Gadonneix a llamar a la mesa a Centrica. Y Bruselas le recuerda que el viaje no será en solitario, ni por el camino que buscaba: son mucho más que 15.750 millones de euros el peaje de las filas de Pierre Gadonneix. Engolosinado con  BE ha tenido que dejar pasar a Iberdrola.

Con las dentelladas en la mesa de la energía británica, la mayor adquisición de la historia de EDF atraganta hasta el recuerdo de los analistas, que previenen a Gadonneix: puede acabar reeditando la ofensiva de su antecesor François Roussely en Latinoamérica y encallar -como él hizo en Brasil- en las barreras del techo de precios al consumo.  Inútil, muy arriesgada y, sobre todo, carísima -como la califican los seis sindicatos del Consejo- la voracidad de  EDF sobre BE ni siquiera era un plato imprescindible en la mesa de su buffet energético: la gala disponía ya de terrenos en Gran Bretaña que podían acoger los reactores y de galones suficientes como para que BE y Downing Street hubieran acudido a ella y a sus reactores para el despegue nuclear.

Empacho para Pierre Gadonneix, que desde su llegada a EDF en octubre de 2004 ha hecho de la conquista británica “cueste lo que cueste” la bandera de su chauvinismo. La gula atraganta su hambre atómica.  A Electricité de France, hasta ahora la consumación  de su matrimonio con British Energy no le ha traído más que líneas rojas y competidores. Las tierras del Thamesis se han convertido en decisivas para EDF y sus mercados, tanto como BE para los planes del Gobierno británico de relanzamiento de la producción nuclear. Se lanza a la piscina de las nucleares británicas con el lastre de 15.750 millones al cuello, de amortizar los costes crecientes de las ocho viejas centrales de British Energy y de compensar el precio desbordado de sus reactores EPR. Y quiere más que el salvavidas de Centrica, ahora que la Comisión fuerza a la gala a soltar activos energéticos, a abrir el acceso de la tarta nuclear a otros competidores y a renunciar al anzuelo de la subida de tarifas eléctricas. Areva se frota las manos con sus acuerdos para la construcción de centrales EPR en suelo británico. Si E.On y RWE rompieron las lanzas de su rivalidad, Sánchez Galán hace lo mismo con SSE, la principal competidora de Scotish Power y con GDF-Suez, rival de EDF. Pueden cazar en las debilidades de Electricité, pero Gadonneix pisa el acelerador de los favores debidos con su 12,5% de participación en el nuevo reactor que se está construyendo en Flamanville.

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