edición: 2762 , Miércoles, 17 julio 2019
29/01/2010

A Industria le llega el agua al cuello con las energías del mar

Incluirá la generación por olas en el nuevo Plan Nacional 2010-2020 ahora que espera la primera instalación mundial en 2010 en Mutriku, pero el estudio de objetivos tardará meses
Ana Zarzuela

Mira a sus vecinos, a las 17 plantas que hacen de la UE el líder mundial de la eólica offshore. Y a los altares vacíos aún en latitudes españolas, a pesar del objetivo de 1.000 Mw que se marcó para 2010. Industria jura que de ahora en adelante la energía del mar será una de las prioridades de su agenda ‘verde’ y acelera los pasos de la ‘penitencia administrativa’ para que la vea el sector. Le duele la eólica offshore, mete prisa a los cronómetros que su mapa paralizó, que la ausencia aún de licitaciones ralentizó y que sigue dejando en fuera de juego al menos hasta 2014. No será por las empresas: Iberdrola, Acciona, Endesa, Unión Fenosa, Enerfín o CapitalEnergy aguardan desde hace años con 32 iniciativas de parques eólicos marinos por más de y 6.000 millones de (17 en Andalucía, siete en Galicia, tres en Valencia, cuatro en Cataluña y uno en Murcia) a las puertas de las demoras del Ministerio, las mismas que no definieron las áreas aptas hasta abril -con más de tres años de retraso-, que siguen condicionando la luz verde a los proyectos a su aceptación regional y obligando a las empresas a abrazar el riesgo de subastas a la baja. Industria purgará sus olvidos en las expectativas de las demás tecnologías marinas, de las que Europa espera un 10% de producción eléctrica en menos de una década.

Sebastián quiere sacarse las manchas de la eólica marina con el resto de las renovables del mar, ahora que sus propios técnicos, el Idae y las empresas le encienden las luces rojas: España tiene un nivel alto de oleaje, hay una decena de proyectos de investigación con apellidos ibéricos y la entrada al circuito comercializado llegará este año, aunque sea a cuenta gotas, cuando Iberdrola estrene en Mutriku una de las mayores instalaciones mundiales. Las aguas de la comercialización suben, le desbordan los calendarios del olvido al Ministerio, que sólo ha tocado de lejos la regulación de la eólica marina, nada del resto, desde el oleaje al gradiente salino. Han comenzado a despegar en el horizonte de un mercado internacional aún incipiente, de la mano de los proyectos industriales, con ninguna regulación más sobre la mesa que El Real Decreto 1028/2007, sólo para la eólica marina. Llegarán, otra vez, antes que su nuevo Plan Nacional de Energía 2010-2020 y que el estudio para fijar objetivos de generación, aún en proceso.

El ministro le sopla el embudo de la eólica offshore, ése que hace que aún no haya un solo molino en aguas del litoral español -que estaba llamado a liderar el sector- y que proyectos equivalentes a la producción de seis centrales nucleares esperen en el congelador, bajo la llave del los trámites administrativos oficiales. Ni los galones de tercera potencia eólica mundial, ni la experiencia de las empresas españolas -entre los 20 primeros proyectos mundiales del viento marino-, ni las medallas ‘verdes’ que Sebastián quiere lucir en la pechera de Obama  han podido derribar los muros de la cerrazón ibérica a la eólica marina. No todavía y no lo harán como pronto antes de 2016.

Mientras Industria no trasponga la Directiva Comunitaria de Renovables complica además los intercambios eólicos y el acceso a fondos de consumo de otros países. Sebastián e Industria condenan a España a ser la ‘oveja negra’ de la eólica marina: no será por las empresas. Acciona, Iberdrola y Capital tienen desde hace años en la sala de espera del ministerio y de los permisos locales y regionales seis grandes proyectos por más de 12.000 millones de euros de inversión. Hacen, a cambio, músculo más allá de los Pirineos: cogen fuerza en Alemania, Dinamarca, Noruega y sobre todo el Reino Unido, donde el impulso estatal y los incentivos empresariales esperan dejar en los vientos escoceses el 60% de la eólica marina mundial. Se acogen al paraguas de la  (EWEA) y al nuevo mandato del Consejo Europeo de Ministros, que en su paquete “Energía y Clima Unión Europea” incentiva a las compañías de energías limpias, espera de ellas cerca del 35% de la electricidad europea y sitúa la producción eólica off shore como un factor clave para su cumplimiento.

DESPEGUE DE LA ENERGÍA DE LAS OLAS

Es cierto que la diversidad tecnológica -más de 100 tecnologías en desarrollo- y las dificultades físicas lastran su arranque en todo el continente, pero la península ha tomado delantera en el mapa aún borroso y experimental de la UE, en el que sólo hay una gran planta comercial de mareas de la Rance, en Francia. Se encuentra entre las zonas con un potencial medio-alto de energía de las olas (es una de las zonas con más energía media en KW/metro de frente de ola).y con la ventaja de ubicar las zonas de mayor oleaje cerca de áreas demográficas de alta demanda eléctrica.

El potencial del resto de las fuentes renovables marinas es bajo, salvo quizá el de corrientes en el Estrecho de Gibraltar, a pesar de sus restricciones medioambientales. Portugal cuenta con una de las primeras instalaciones de olas con una potencia total de 2,25 megavatios. El resto de instalaciones del mundo son plantas piloto de baja potencia que tratan de certificar la validez de las tecnologías. Pero a la ‘soledad’ de la avanzadilla gala le quedan sólo semanas, las que faltan para la puesta de largo de la planta de olas de Iberdrola  instalada en el dique de Mutriku (Guipúzcoa). Le dibujan a los mapas de Sebastián una hoja de ruta para hacer de la energía marina una práctica rentable.

A diferencia de otras plantas experimentales de que funcionan también con la tecnología de columna de agua oscilante en Escocia y las Azores, cuando comience su funcionamiento -como muy tarde será en la conferencia de energías marinas 'Ocean Energy Systems' que se celebrará entre los días 6 y 8 de octubre en Bilbao- sus 16 turbinas harán de ella la primera del mundo con una configuración de más de una turbina, además de la primera que estará completamente integrada en un dique de nueva construcción, el de de abrigo del puerto, de 400 metros de longitud, de los que 75 metros contendrán las turbinas. Podrá producir 600.000 KWh anuales lo que evitará unas emisiones de CO2 de 600 toneladas anuales. Pero si los cálculos evolutivos de las olas desde que comenzó su construcción no fallan, ése será sólo su suelo. Lo advierte Patxi López, con 15 millones de euros de subvenciones a mano: si la de Mutriku da buenos resultados, la instalación se irá replicando en otros puertos del litoral vasco, sólo en puertos, hasta alcanzar al final de la década una potencia instalada de 5 megawatios. Además, Iberdrola instaló ya la primera boya Powerbuoy en Santoña (Cantabria), y el Gobierno vasco tiene prevista una instalación de ensayo de captadores de olas con una potencia total de 20 megavatios.

Las empresas y los centros de investigación llaman a la puerta de Industria por los atajos de Idea y la Secretaría de Estado, ahora que las empresas españolas buscan hacerse sitio en las olas de la carrera energética del mar. En corrientes marinas, la empresa británica Marine Current Turbines ha probado con éxito la turbina SeaGen de 1,2 megavatios, y la francesa EDF va a poner en marcha el primer parque comercial de turbinas sumergidas con una potencia de entre dos y cuatro megavatios. En gradiente salino, ha sido la compañía noruega Statkraft la que ha puesto en marcha una planta piloto de dos megavatios de potencia. Pero en España, desde este mes Iberdrola Ingeniería lidera el mayor proyecto mundial en la investigación de las energías renovables oceánicas, Ocean Lider, un consorcio de 20 empresas y 25 centros de investigación españoles con financiación mixta -el 50% de sus 30 millones de euros proceden del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y del Fondo Estatal de Inversión Local-  que aspira a la integración de todas las nuevas energías oceánicas en los cauces de la eólica marina, mucho más madura en tecnologías.

Gamesa estudia desde hace un semestre alianzas empresariales para aprovechar la energía de las olas en Asturias.  Galicia espera 4.800 megawatios de esta energía en diez años: se enchufa a la corriente de las olas desde hace tres meses con el primer proyecto industrial para extraer energía maremotriz del Atlántico, pero sólo por la puerta de la investigación y la experimentación: Vicus  trabaja en el desarrollo de una patente, propiedad de un grupo de investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, para extraer energía limpia del oleaje de la costa norte, por ahora aún un prototipo de laboratorio, pero pendiente de su construcción como proyecto. Y aunque el centro de pruebas de energía maremotriz de Santoña (con un sistema de oscilación vertical de las olas a través de unas boyas eléctricas) aún no superará las barreras de la investigación, el gobierno de Revilla busca desplegar una red de minicentrales con su modelo en la región. No es otro que el ministro José Blanco el que planea que el AVE de la cornisa cantábrica Oriental-Bilbao se desplace con electricidad de origen maremotriz.

Saben -se lo recordaba la red WaveNet, creada por la Comisión Europea en el año 2000- que no es la ignorancia de los ciudadanos sino el desdén regulatorio y la falta de incentivos los que lastran la competitividad y el despegue comercial de estas tecnologías. Pero en Moncloa miran aún de lejos los avances británicos y el ‘canto de sirenas’ de los planes de Brown. Es el propio Departamento de Comercio e Inversiones del Reino Unido el que espera reeditar con la energía maremotriz los pasos de la eólica marina al calor de su nueva UK Renewable Energy Strategy, que le exige un aumento de 550% sobre 2008 en el conjunto de las renovables. La isla escocesa de Islay cuenta con la primera turbina europea que trabaja con el movimiento de las olas, que genera energía para unas 400 casas. Científicos británicos acaban de empezar los ensayos en el fondo marino próximo a la costa atlántica de las Islas Órcadas del Oyster, diseñada tecnología hidráulica. No será tan masiva, pero Londres espera cubrir desde 2020 entre un 15 y un 20% de las necesidades eléctricas del país con energía procedente de alguna de las tecnologías marinas. Acelera con más de 60 millones de libras esperando por empresas europeas con experiencia en varias regiones.

LA ‘CRUZ’ MARINA DE LAS INVERSIONES ESPAÑOLAS

El primer marco regulativo de la eólica marina no llegaba a España hasta el Real Decreto 1028/2007, que enumera los procedimientos que deben superar los proyectos de energía offshore, después de una década con las empresas en tierra de nadie. Tras más de un año de trámites, Industria y Medio Ambiente ultimaron en abril el Mapa Eólico Marino, que establece en qué puntos del litoral se pueden situar los molinos y en cuáles no. Antes de 2010 prometía comenzar la carrera de las primeras granjas marinas con la bandera cántabra (su prototipo cántabro de torre flotante ha superado las primeras pruebas), la gaditana no quieren soltarla. Pero el adiós al 2009 los ha dejado aún en fuera de juego. Son el secretario general del Mar del Ministerio de Medio Ambiente, Juan Carlos Martín Fragueiro, y el jefe del área de Producción de Régimen Especial del Ministerio de Industria, Santiago Caravantes los primeros en reconocer, ante las lanzas de las empresas promotoras, que será sólo el principio de un periplo de al menos ocho años para los proyectos que quieran ver la luz. El Gobierno ha recibido las propuestas de las empresas, a las que debe asignar espacios para que estudien el recurso y profundicen en el conocimiento del entorno.

La asignación que se resolverá mediante una concurrencia, no se concretará hasta “dentro de unos ocho meses”, bien entrado 2010. Cada compañía tendrá entonces un plazo de dos años para estudiar a fondo las características del viento en cada zona y determinar la viabilidad de su plan. Además la oferta que deberán realizar los promotores es "a la baja", un sistema que ya ha demostrado en otros países que no funciona: el que logra la concesión pasado un tiempo, no puede ejecutar el proyecto porque los costes han subido por encima de su oferta. Después de esta fase, las compañías dedicarán otros dos años a afrontar la decisiva evaluación ambiental del parque y otras autorizaciones administrativas, como la concesión de dominio público marítimo-terrestre. Es el horizonte de 2014. Las empresas que hayan superado toda la tramitación empezarán a construir los parques, compleja tarea a la que dedicarán otros dos años, según las estimaciones del propio Gobierno.

Los gigantes españoles tienen que mirar a los mares vecinos. Se lo recuerda a Industria el ‘espejo’ de las renovables de Gordon Brown, ahora que Iberdrola Renovables, junto a Vattenfall, construirá a partir de 2012 el mayor parque eólico marino del mundo, de 7.200 megavatios (MW) -equivalente al parque nuclear español, o a la mitad de los 17.000 MW de energía eólica instalados en toda España-, en East Anglia, el segundo más importante de los que acaba de licitar la Crown State, propietaria del lecho marino británico. El despliegue de la eólica marina de Brown le vuelve a sacar los colores a Sebastián.  La cerrazón de la eólica marina hace fuerte a Iberdrola en el Reino Unido: con del ariete de  East Anglia Array se hace sitio por medios propios en la primera red Europea de eólica que Moncloa ha tenido que conformarse con ‘bendecir’ en su puesta de largo de lejos.

No hace ni dos meses que la Cumbre eólica marina en Europa le servía a Alemania, con 40 parques recién aprobados y otros 55 en proyecto, para poner de largo sus galones como segunda potencia eólica mundial. Aunque aún no produce offshore, en 2030 aportará 25.000 nuevos megavatios a su mix. En España por ahora nada y, en el mejor de los casos,  el Plan de Energías Renovables 2005-2010 preveía que se instalaran sólo 1.000 MW de esta energía marina hasta 2010 y el objetivo es tener 4.000 MW instalados para 2020. Muy lejos del horizonte de la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA), que estima que la energía eólica marina podría generar en 2020 25.000 teravatios por hora (TWh), una cantidad siete veces mayor que las previsiones de demanda eléctrica. Y la Asociación Europea de Energía Eólica (EWEA) en 2020 prevé producir 230 GW de energía eólica, de los que 40 GW procederían de los aerogeneradores enclavados en el mar. Sólo podrá hacerlo -descuenta la patronal- si el desarrollo de la tecnología comienza de inmediato, con un  crecimiento medio anual del 28%. Nada que ni los incentivos ni la regulación y los planes regionales permitan por ahora.

La eólica marina sigue estancada en el triángulo de las Bermudas de los vaivenes de Ferraz, Moncloa y San Telmo: mientras en la provincia, los socialistas de Barbate, Conil y Vejer insisten en que mantendrán su postura de rechazo, desde el PSOE regional, y sobre todo nacional, ahora aceleran los relojes de los molinos marinos.  Ni el respaldo de los ecologistas, el impulso de la Universidad de Cádiz y hasta la implicación accionarial de la diputación junto a Mantel han conseguido hasta ahora despejar el futuro de los 1.000 megavatios y los 2.500 millones de inversión del parque eólico marino Las Cruces del Mar que se proyecta frente a la costa de Chipiona. Ni siquiera los vientos de las peleas de Griñán -dispuesto a barrer la huella de los recelos de Manuel Chaves- han podido aún desbloquearla en Cádiz, la que iba a ser su puntal, a pesar de que Navantia quiere que la fórmula de su diversificación industrial pase por ligar su futuro a la fabricación de los aerogeneradores para la eólica del mar en la Bahía de Cádiz. Tan avanzados están sus planes, que el consejero de Innovación de la Junta de Andalucía, Martín Soler, ya ha notificado la firma de un acuerdo con Navantia para la puesta en marcha de un proyecto de investigación sobre tecnología para plataformas eólicas marinas, que permitirá no sólo la instalación de estas centrales en la costa andaluza, sino también la creación de fábricas de producción.

IBERDROLA Y ACCIONA HACEN MÚSCULO EN LAS AGUAS EXTERIORES

Iberdrola, a través de su filial en Reino Unido, Scottish Power Renewables, tiene proyectado dos parques eólicos offshore en la ‘Pérfida Albión’ (West of Duddon Sands, con una potencia de 500 megavatios (Mw) y Shell Flats, con 35 Mw) y sostiene un acuerdo con la empresa sueca Vattenfall para realizar ofertas conjuntas de desarrollo  offshore en Reino Unido. De hecho, su consorcio es el mejor situado para adjudicarse el parque de Norfolk, en Reino Unido, llamado a convertirse en 2012 la mayor instalación marina en toda Europa, con 5.000 megavatios (MW). Escocia cuenta con el mejor recurso eólico en tierra de Europa y ahora está dando pasos para aprovechar su potencial marino, su única oportunidad de lograr los objetivos de energía renovables: un 50% en  2020). Sólo con aprovechar el 33,8% del mar del Norte se producirían 13.400 TWh al año, es decir, un 304% más de energía que la electricidad consumida anualmente en Europa. Un modelo similar al de Noruega, donde la implicación estatal y la nueva ley específica para el desarrollo de la eólica marina -con propiedad pública de los fondos marinos, promoción gubernamental de los molinos y contratos como los de la industria de hidrocarburos- la están convirtiendo en oasis europeo para los grandes del sector.

Scottish Power se adjudicó el contrato de exclusividad para investigar la posible instalación de un parque eólico marino al oeste de Argyll y la Isla de Tiree -uno de los mejores de Escocia para instalar la energía eólica marina- en Escocia, que podría generar entre 500 y 1.800 MW y abastecer de energía a entre 270.000 y un millón de familias. Y firmó un contrato con el grupo de bebidas Diageo, que posee en Islay importantes destilerías, para llevar a cabo un proyecto de instalación de diez turbinas marinas a 40 metros bajo el agua con una capacidad de generación energética total de 10 megavatios (MW). Iberdrola Renovables participa en el desarrollo del proyecto de West of Duddon Sands, de 500 MW, también en el Reino Unido.

Los molinos de Acciona hacen, entretanto músculo -en consorcio con la firma de inversión en renovables Good Energies, OceanWind (tecnólogo especialista en instalaciones eólicas en aguas profundas) -en tierras de su británica majestad, que tiene abierto el proceso de adjudicación de derechos de desarrollos eólicos marinos en nueve zonas, para instalar más de 100.000 megavatios (MW) eólicos 'offshore' hasta 2020, con una inversión global de 80.000 millones de libras (unos 86.000 millones de euros). La cerrazón española se viste de campaña estatal en la Pérfida Albión: es la mismísima Crown State la que apadrina este y entrega las concesiones que incluyen la gestión del lecho marino. El parte eólico marino de Robin Rigg, que construye E.ON, tendrá 60 aerogeneradores de 3 megavatios y será el mayor del Reino Unido. Cuando esté finalizado tendrá 1.000 megavatios, los previstos en Chipiona. Y ya hace casi un lustro que Gamesa y Capital Energy constituyeron una alianza para desarrollar granjas offshore en todo el mundo.

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