edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
22/02/2012
El Eurogrupo convierte a Grecia en una referencia para Portugal

A la banca portuguesa le salen bien las cuentas de una quita `a la griega´

Los bancos del país han comenzado a utilizar los 12.000 millones del FMI y la UE
Juan José González

Seguramente el sector bancario portugués haya respirado con cierto alivio tras conocer el tamaño de la quita del 53,5% aceptado por la banca griega, ligeramente superior al inicialmente previsto del 50%. Porque una de las consecuencias que se desprende del segundo rescate de Grecia es este, el de servir de guía y aviso de navegantes para el numeroso grupo de países en apuros. Lo cierto es que la quita griega establece una primera referencia que puede servir para calibrar la disposición de los acreedores privados (y, por supuesto, de las instituciones públicas). Una quita de más de la mitad de una deuda da para pensar y hacer planes a una banca que como la portuguesa esta anclada en las pérdidas históricas, curiosamente atribuidas por sus responsables a Grecia, a la deuda así como a los problemas propios de su economía.

El Eurogrupo acaba de fijar una buena referencia para Portugal, puesto que el arreglo, en principio, para evitar la bancarrota helena, pasa por aceptar los sacrificios a los que todos se habían negado, Gobierno y banca privada, y que fueron superados en la madrugada de ayer a través de una intensa mediación política y con la colaboración especial de la flexibilidad de los acreedores privados. La participación de estos va a suponer una rebaja mayor de lo previsto en la deuda griega, desde el 160% del PIB al 120% en 2020, algo que para el banca ha supuesto firmar una quita del 53,5% del valor nominal de los bonos griegos.

A la banca lusa, el antecedente griego, fijado desde ayer, le puede reportar la eliminación de buena parte de las pérdidas acumuladas en, al menos, los tres mayores bancos privados del país. El Banco Comercial Portugués perdió 782 millones de euros el pasado ejercicio, su récord particular y que le obliga a solicitar de inmediato el auxilio estatal. Es el mayor banco del país y también el primero en aceptar el recurso a las líneas de crédito que contempla los fondos de rescate. Recordar que de la ayuda de 80.000 millones destinada al país luso por parte del FMI y la UE, al sector bancario le correspondían cerca de 12.000 millones, al parecer sólo utilizados en una pequeña parte.

Pero en la práctica, los grandes bancos portugueses acaban de comunicar sus resultados correspondientes al último ejercicio. No son buenos precisamente, lo que obliga a pensar en soluciones drásticas y urgentes porque el nivel de pérdidas alcanzado supone en todos los casos haber conseguido un negativo récord, hasta ahora desconocido por la conservadora banca del país. El Banco Portugués de Inversión perdió en 2011, 203 millones de euros, algo nunca visto en la entidad, y el Banco Espirito Santo no conocía lo que eran las pérdidas hasta que se encontraron con 107,6 millones de resultado negativo. Los tres bancos, los más grandes –junto al Santander Totta que se libró de las pérdidas aunque con caída del 85%- justifican sus malos resultados al impacto de la crisis griega, citación que les ha obligado a provisionar fuertes cantidades de recursos, así como un volumen incontrolado de impagados.

Los mercados cambian ahora el objetivo porque sospechan que Portugal no será capaz de hacer frente a los compromisos adquiridos con la troika, de visita por Lisboa el pasado día 15, y que, por tanto, en septiembre de 2013 no regresará a cotizar en los mercados. Esta puede ser la antesala en la que se encuentra el país vecino, en una carrera a toda prisa en competir con el drama griego y ese segundo rescate y quita de la deuda que ya aparece señalado por el Eurogrupo desde ayer.

Que Portugal es la siguiente Grecia, es la opción que concentra a mayor número de apuestas, algo que contradice los esfuerzos de Bruselas y otros Gobiernos en querer identificar el destino luso con los casos de Islandia e Irlanda. De ahí que la bancarrota del país y, por tanto, el descalabro de sus bancos privados (con independencia de que las tres agencias calificadoras asignen el nivel de bono basura) sea una opción a la que los mercados conceden una alta probabilidad.

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