edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
08/10/2008
Observatorio Latinoamericano

A la samba del capital se le acaban las burbujas

Lula da Silva
Ana Zarzuela

La fiesta sigue para los mercados de renta variable, la inversión empresarial y el capital privado pero con la música bajita, los nervios crispados y el alcohol bursátil agotado. La irrupción de todos los fantasmas del vecino norteamericano ha chafado el entusiasmo de la pista central, la de la Bolsa de Sao Paulo, que se deja un 40% en lo que va de año, de lunes negro en lunes negro. El guateque ha dejado paso a un ‘alter hours’ más pendiente de Wall Street, del precio de las materias primas y de la actividad manufacturera estadounidense -la menor desde 2001- que de la samba local. Un festival en el que cada vez se cuelan más ‘invitados’ incómodos: la inflación, el alza de tipos para contenerla con la consiguiente contracción del crédito y del consumo, la volatilidad y la amenaza de que el vecino del Norte -que ha cerrado ya la pista mexicana y paralizó el Bovespa por primera vez desde 1989-  siga contagiando al resto. Para empezar, bajo el influjo carioca y azteca, el índice Latibex pliega las velas de la euforia y le da alas a valores más bancarios.

La pérdida de valor de las 325 empresas listadas en la Bolsa de Sao Paulo suma 476.100 millones de dólares desde el 31 de diciembre de 2007, cuando se cotizaban 1,18 billones de dólares.  Los principales mercados de la región preparan el calor para el refugio y el rebrote en 2009 de un nuevo festival de euforia, ése que Brasilia aún no ha querido cancelar, aunque la primera bolsa de la región se pasea por los 46.000 puntos. Bovespa era el niño bonito de la fiesta del capital de los BRIEC, criado al calor del auge de sus materias primas, el descubrimiento de nuevos yacimientos y el incremento del consumo interno. Pero la euforia de los 73.000 puntos en  mayo ha quedado atrás: la fiebre de la volatilidad se hace crónica y no abandona una fiesta en la que dos valores -Petrobrás y Vale do Sul- mueven el 30% del parqué, muy dependiente del precio de las commodities y sacudida por cada cambio del crudo.

Incluso en Brasil, el capital extranjero representa sólo alrededor del 10-20% de sus necesidades de financiación. El crecimiento, las reservas internacionales y el músculo de su actividad blindan a la décima economía mundial ante la cara más directa de la crisis, pero no protegen los espolones de su orgullo: los de la euforia bursátil, la fiesta de las inversiones, la dependencia de las commodities -la mitad de sus exportaciones- y el poderío de las multilatinas. Lula da Silva aprovecha la zozobra del crédito internacional y la flexibilización bancaria regional para afinar el músculo y la avidez de sus grandes multinacionales y el parón en la apreciación de sus monedas para tratar de tender alfombras rojas a su sector exportador. Le da cuerda a los fondos del Bandes (el Banco de Desarrollo) y prepara, por si acaso, el paraguas exterior del BC para comprar las carteras de crédito en el extranjero de las entidades financieras locales y pagar a las instituciones en dólares, utilizando los 207.000 dólares de las reservas internacionales. Pero la gripe del vecino del norte se siente ya en el mercado del crédito interior.

REFUGIO FUTURO

Si Brasil se convirtió durante el primer semestre en el ‘alter hours’ de las fiestas china e india, otros emergentes como los países del Este prometen hacer lo mismo con quienes vayan abandonando el ritmo de la samba carioca y los mariachis aztecas. Rusia, Hungría o Turquía han comenzado ya a hacer valer su rentabilidad y sus accesos más baratos. Una resaca de la que no escapa el Latibex. Ha paseado la fiesta del capital latinoamericano por los parqués españoles, con las copas de Vale y Petrobras y la samba brasileña en las venas, las de la volatilidad y la rentabilidad. Y aunque ha fungido como refugio de las escapadas bursátiles de otras latitudes, no ha podido evitar un descenso del 16%, muy de lejos con el 26% del Ibex o el 22% del Dow Jones. La zozobra internacional, la sombra de Wall Street y la rebaja del precio de las commodities han podido más en un índice muy ligado hasta ahora a las materias primas, en el que Petrobras y Vale llevaban las riendas de la euforia y en el que el Bovespa cuenta con casi un 60% de los 38 valores latinoamericanos del Latibex, obligado ahora a buscar en la banca el motor de su recuperación.

Tras más de un 33% de desplome en lo que va de año, ni JP Morgan duda del calor de un refugio latinoamericano que se recupera con rapidez de cada susto neoyorkino y que acoge aún a los capitales fugados del miedo de EE UU y la UE. Pero en lo que va de año, las grandes bolsas latinoamericanas se han depreciado, en términos de dólar, un 23,3% de media, 5,1 puntos porcentuales más que el Dow Jones pero 5,6 puntos menos que el promedio europeo de referencia DJ Stoxx50. Además, el crédito a corto plazo sigue penalizado por unos tipos de interés muy altos un 11,84% que superan en 9,8 puntos los vigentes en EEUU, a pesar de las tensiones, y en 6,53% a los europeos. Y lo peor quizá sea que las divisas, por culpa de la debilidad del dólar, se mantienen demasiado altas, aunque han bajado levemente en los nueve meses que dura ya el año. Con lo que las importaciones siguen caras y las exportaciones, que no se corresponden con las materias primas al alza se ven penalizadas.

Por primera vez, en la pista principal el anfitrión -Lula- saca la manguera de los bomberos y en la pista del baile más tranquilo, el chileno, la presidenta Michelle Bachelet aplica un plan de emergencia, aún a riesgo de espantar a los euros y los dólares, todo con tal de no castrar a un Ipse en sus horas más bajas. Saben que la resaca puede ser mortal para sus economías. Y no han tenido más remedio que comenzar a prepararse, aún a costa de aguar la celebración -a golpe de apreciación monetaria y de subida de los tipos- a los exportadores y a los consumidores. Se reservan los mejores discos y suficiente alcohol para la euforia de la recuperación que descuentan los analistas.

Las sambas brasileña, mexicana, chilena, colombiana e incluso argentina siguen siendo las favoritas. Nadie les puede quitar su título de reinas de la fiesta de la renta variable. Al menos, no todavía. Han fungido como refugio en un año muy frío para la renta variable, mientras el miedo y la fuga de los inversores hacían estragos en Wall Street y en los mercados de la Vieja Europa, han sabido guardar un calor tropical que sólo los emergentes podían ofrecer. El ‘guateque’ continúa, aún hay inversores ebrios por la rentabilidad de la región y, a medida que se corre la voz y se clausuran o decaen las demás ‘fiestas’ -las asiáticas han empezado a hacerlo-, llegan nuevos invitados a la celebración de los mercados brasileños.

Los anfitriones y los analistas reparten pastillas de tranquilidad: para los que ya están dentro, lo mejor es quedarse y esperar a que el ambiente mejore: después de un 17% de caída en 2008, descuentan que debe hacerlo. Pero para los que aún no han entrado al guateque del capital latinoamericano, los inversores recomiendan esperar fuera, entretenerse con la renta fija o los bonos  hasta que las ‘entradas’ vuelvan a estar a buen precio. La relación entre el precio y las ganancias del Índice MSCI de Latinoamérica es de 15.5 veces, frente a 13.1 veces para el índice de Europa, Medio Oriente y África. El promedio histórico para las acciones latinoamericanas es de una relación de precio a ganancia de 13.6 veces, frente a 13.9 veces para Europa, Medio Oriente y África.

El mexicano Felipe Calderón, Lula da Silva y la chilena Bachelet tratan de hacer de la necesidad virtud, llamar a los aburridos de la samba de la renta variable a las nuevas fiestas, la del capital, las inversiones empresariales y el festival bancario e inmobiliario, que están aún casi por estrenar. Y poner alfombra roja a las grandes multilatinas, que pueden pescar en los créditos locales y la fortaleza de las monedas patrias y reactivar su desembarco allende las fronteras. La fiesta carioca arrasa con sus ecuaciones. Si una empresa argentina quiere comprar una extranjera tiene que financiarse al 12% en dólares mientras que la empresa brasileña lo hace al 6%.

EL LABERINTO DE LULA

El sacudón bursátil obliga al anfitrión -rehén de sus excesos y prisionero de sus efectos- a tener un ojo puesto en el vecino del norte y otro en los invitados más incómodos que han encontrado un hueco en el portero del ‘decouplimg’ y se han colado en el festival: la propia inflación, la apreciación monetaria, la dependencia del valor de las commodities y del “humor” de los vecinos. Los antecedentes de México y Corea del Norte le recuerdan al brasileño que el ‘investment grade’ no inmuniza a su economía contra la crisis, por más que sea la décima del mundo. La inflación y la debilidad del real en las últimas semanas no le permiten olvidar que terminar envenenado por la ebriedad de sus propias mieles
Brasil mantiene una buena actividad económica en su mercado interno de 190 millones de habitantes. Esa demanda interna, que creció a un 10% anual hasta hace poco, respondió a los altos precios de los productos básicos que llevaron al sol carioca miles de millones de dólares a través de los engranajes de las empresas. Pero a pesar de que los ingresos por exportaciones aumentaron en lo que va de año cerca del 20% y el Gobierno pronostica ventas externas por 200.000 millones de dólares, su volumen se mantiene estancado desde hace un año.

Y es que la fiesta no contagia a los propios brasileños. Los precios al consumidor se han elevado un 6,06% en los últimos 12 meses, su ritmo más rápido desde los últimos dos años y medio. El índice de confianza de los empresarios en la economía brasileña, que había crecido en los anteriores cuatro trimestres, cayó en el segundo trimestre de este año a su peor nivel desde septiembre de 2006. Condenado a la cuadratura del círculo, a sostener la alegría de una fiesta de la que es anfitrión sin espantar a los inversores, ni movilizar a las calificadoras de riesgo, Lula se conforma por ahora con compensar  a los “vecinos damnificados”: los consumidores locales y los gremios productivos brasileños -encabezados por los empresarios textiles, la siderurgia y el sector agrario- que le atribuyen sus zozobras, el riesgo para la industria local, la rebaja de las exportaciones, la merma de la competitividad y la creciente dependencia de productos importados.

Decidido a hacer de la necesidad virtud, Lula no se resiste a exportar la fiesta, a hacer de ella su mejor anzuelo para la expansión regional, la del Palacio de Planalto y la de los grandes buques insignia de la economía brasileña. Al igual que el gigante asiático, Brasil quiere fortalecer al BNDES para que se convierta en una especie de Eximbank como el de los EE UU y aumentar la masa de crédito que puede otorgar el Banco para que la entidad financie la compra de activos en el exterior por parte de las empresas brasileñas. Además, un gran número de empresas en toda la región ofrecen buenos balances, cash flows saludables y retorno sobre el capital invertido bien por encima del coste del capital. El crecimiento de los beneficios estará probablemente por encima del de los mercados desarrollados y en línea con los de los mercados emergentes. Las características del baremo riesgo/rentabilidad son positivas, ante unos ratios per en línea con los de los mercados emergentes globales y por debajo de los de los desarrollados. Pero la Unctad estima que la IED caerá hasta los 1,6 billones de dólares este año, desde un récord histórico de 1,83 billones en 2007.

Si el cocktail de la samba del capital no recupera su poder de atracción, la fiesta comenzará a sufrir la desbandada. Desde el Palacio de Planalto ya  descuentan que en el mercado brasileño el adiós a lo más intenso de la fiesta ha llegado. La lambada del capital puede acabar en el alter hours de la inflación, la fuga de capitales golondrina y la resaca de los mercados locales, vestida de “enfermedad holandesa”. 

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