edición: 2557 , Miércoles, 19 septiembre 2018
17/07/2009

A Martínez Ten y el CSN se les acaba la ‘buena cara’ con Moncloa

Se ha atrincherado en las lanzas más políticas y Moncloa buscará, de ahora en adelante, el respaldo parlamentario para impulsar una ley atómica que ampare su ‘cabalgadura’. Rodríguez Zapatero le mueve el suelo al Consejo de Seguridad Nuclear, ha comenzado a poner en cuestión hasta el código básico de las decisiones del regulador. Se lo ha recordado Carmen Martínez Ten. Por si las dudas, esta vez el CSN le he respondido por anticipado a la ‘confusión’ de Zapatero en la ‘pizarra’ del BOE. Las instrucciones sobre los requisitos de seguridad para la gestión del envejecimiento y la operación a largo plazo de centrales nucleares están más que claras, no necesitan una nueva ley que los defina. Hace mucho que el propio Consejo se encargó de delimitarlos, por más que Moncloa intente disfrazar de vacío esa regulación para el nuevo paseo de sus ‘tanques antinucleares’, el que anuncia para septiembre en el Parlamento. Zapatero intentó utilizar los calendarios del CSN y darle la vuelta al ‘calcetín’ de sus argumentos. Moncloa dejó en el congelador el ACT que el Consejo exigía desde hace dos años y  ahora trata, de nuevo, de utilizar al CSN -que deberá hacer un informe preliminar- como ariete y garante para que Nuclenor garantice -y si puede pague- el desmantelamiento de Garoña. Una cosa será el silencio, hasta ahora las filas de Martínez Ten la habían mantenido. Otra, la sintonía y ésa ya no rezuma del CSN. La comunicación de esta semana a través del BOE es la primera de las gotas de su veneno

En junio, la presidenta del CSN le puso a Industria en bandeja mucho más que la ‘oportunidad’ de la publicación de su dictamen sobre Garoña, después de tres días en la ‘nevera’ del Consejo de Seguridad Nuclear, en un momento en el que -Moncloa pensaba- iba a ser menos dañino para los comicios europeos. El Consejo tragó dos veces para -con consulta previa a la Abogacía del Estado- atender las urgencias de Miguel Sebastián –arañar aunque fuera dos años de prórroga al cierre- y la coreografía de Rodríguez Zapatero. Sólo por eso emitieron los tres informes sobre las condiciones de un cierre de Garoña a dos, cuatro y seis años en menos de tres días, el 24 de junio, cuando la primera evaluación requirió más de seis meses de análisis y debate.

El Consejo encajó en silencio -al menos oficial- la misma calma chicha con la que, desde hace dos años había visto encerrar en la nevera de Moncloa la licitación del ATC de manera “irresponsable” -el CSN- dixit. Pero poco queda de la sintonía con la que Carmen Martínez Ten se estrenó en 2000 como consejera a propuesta del PSOE. Ni la sintonía de la presidenta del Consejo con la vicepresidenta Fernández de la Vega -fueron compañeras de foros feministas hace años- ni el ascendente socialista han evitado el desencuentro. Demasiados desplantes. Las ‘buenas notas’ de Garoña en todos los exámenes técnicos, más de 370 millones de inversiones, la sintonía con todos los requisitos del CSN y el visto bueno de la AIEA sólo allanaban el camino del CSN la renovación a Garoña. Una vía a la que a Rodríguez Zapatero no le importó darle la espalda.  El Consejo no vio con buenos ojos el encargo de tres nuevos informes para posibles prórrogas de Garoña, la orden ministerial ITC/1785/2009 y menos aún la promesa de ‘retocar’ los conceptos de “vida útil” y “vida de diseño” de una central, que el regulador tiene ya muy claros. La presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear define la primera como "el tiempo que una central puede funcionar en condiciones de seguridad" y la segunda, como "cálculos, en el momento del diseño de la planta, de lo que sus componentes pueden durar con seguridad como mínimo".


Por si fuera poco, Zapatero volverá a exigirles a los cinco componentes del Consejo de Seguridad Nuclear la complicidad en una coreografía en la que no creen. En sus manos quedará otro nuevo informe para cargarle la gestión de los residuos a las eléctricas propietarias de Garoña. Todo con tal de que ni los retrasos, ni sobre todo las facturas de Zorita se repitan. No, en la mesa de Enresa. Sebastián le exigió un debate energético a cambio de ser el ‘camarero’ del cerrojazo a Garoña y Zapatero se lo ha tomado a pecho. Pero con su propia letra. El presidente primero disparó y ahora apunta, con la promesa de un plan energético para el 2030 y una reforma de la legislación nuclear. No lo tendrá tan fácil: ERC, IU e ICV, hasta ahora sus aliados en el Congreso, no apoyarán sus planes renovables. Menos aún el Partido Popular.

La buena sintonía -no así con Sebastián- de la que han presumido Fernández de la Vega y Martínez Ten y a la que recurrió la vicepresidenta sangran por las heridas de la confianza técnica de Moncloa hacia el CSN .La gestión del Almacén Centralizado a partir del otoño será la última prueba del nueve de los resquicios de la sintonía.  No habrá que esperar a los primeros pasos de la renovación pendiente de las centrales, a partir de 2011, para oír de nuevo el choque de las espadas de Martínez Ten, Sebastián y De la Vega. Donde Sebastián dijo adelante, Zapatero dice reforma legal. Prometieron barra libre -al menos hasta los 40 años de vida- para las que centrales que aguardan detrás de Garoña. Era paz por silencio. Pero eso fue en la hora de los anuncios y por la boca de Sebastián. La sentencia sobre Garoña condena, aunque sea a 12 años vista, a Almaraz. Moncloa les destapa el horizonte de la frustración con la reforma de la Legislación en materia nuclear. La central cacereña pone sus barbas a remojar: el Grupo I cumplirá los 40 años en 2021 y el II en 2023. Su producción cuadruplica a la de Garoña, su riesgo de cierre, a la vista del antecedente, también. Lo sabe el gobierno de Extremadura, que trata de arañarle promesas a media voz a Moncloa y trata de sacar el pecho de las diferencias con la central burgalesa.

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