edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
25/05/2009

¿A qué espera Garralda para dar explicaciones o dimitir?

Alfonso Pajuelo
Lo uno o lo otro. Incluso puede que ambos. Primero, por manipular el sistema de remuneración del consejo según sus intereses -ahora un porcentaje de beneficios, ahora una cantidad fija-. Segundo, por defender el estatus jurídico de mutua, hasta ironizar sobre aquellas que han dejado de serlo, y olvidarse de que los mutualistas son los dueños y por lo tanto los beneficiarios de los resultados vía primas. Tercero, por poner demasiado énfasis en que los mutualistas deleguen el voto. A Ignacio Garralda, presidente de Mutua Madrileña le han pillado con el carrito del helado hasta el punto de que la masiva, extensa y duradera campaña de publicidad en curso se ha convertido en un sarcasmo. Ahora se entiende mejor el nuevo marketing de la aseguradora que casi la convierte en una low cost y que excede lo que la prudencia aconseja en una empresa de este tipo. El “reparto” es en realidad obligado, pero no se lo llevan los mutualistas, o por lo menos no se lo llevan en la cuantía que corresponde, se ha empleado en buscar nuevos clientes y en cambiar el sistema de comercialización.

Una completa información que ayer apareció por ensalmo en El Mundo revela que el supervisor del ramo, la Dirección General de Seguros, instó a la dirección de Mutua a hacer un mejor reparto de los beneficios acumulados. Eso ocurría el 30 de enero de 2008, hace un año y medio. Garralda y su equipo han cumplido las instrucciones contenidas en el acta de inspección, pero lo han hecho más de un año después. Parece como si se hubieran resistido y finalmente les hubieran dado un empujón.

Lo cierto es que Ignacio Garralda presentó hace poco más de un mes un ambicioso y costoso plan de gestión que en realidad es una imposición disfrazada. Seguros acusaba a la mutua de ser demasiado cicatera a la hora de repercutir en los mutualistas los importantes beneficios contables obtenidos entre 2004 y 2008 y que ascendían a 2.137 millones de euros.

Esto ocurría antes de que se declarara la crisis que ahora nos aprieta y sin embargo la compañía no puede aducir que estaba haciendo hucha para tiempos peores porque es una mutua y ese dinero tenía que haberse dedicado en parte importante a beneficiar a los mutualistas en sus primas.

Pero Seguros no se limita a llamar la atención sobre la cicatería y critica abiertamente la elevada concentración en inversiones inmobiliarias y acciones de empresas cotizadas y no cotizadas “con un importante riesgo de mercado o de disminución de valor. De entonces acá, el verbo se hizo carne y la Mutua anda inmersa en un proceso dificultoso para deshacerse de ese patrimonio.

Mención aparte merece la remuneración del consejo. Hasta el año 2008, y desde 2004, estaba limitado al 1% del beneficio. Para 2009 se ha puesto un fijo de 2,67 millones actualizable año tras año en función de la inflación. En el primer trimestre del presente ejercicio la aseguradora ha ganado 20 millones. Si se repite el resultado a lo largo del año obtendría 80 millones con lo que, con el antiguo sistema, los consejeros se podrían repartir 800.000 euros. Sólo esa cantidad es el salario del presidente, Ignacio Garralda (766.000 euros en el año 2008).

Ni buen gobierno, ni responsabilidad social, ni buena gestión. Y no vale invocar la herencia recibida porque ellos ya estaban allí antes.

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