edición: 2830 , Martes, 22 octubre 2019
21/06/2013
No puede reconocerlo

A Rajoy le llevará dos legislaturas terminar con el paro

El Gobierno necesitará que la economía crezca durante seis años más del 1,5% para absorber desempleo
Juan José González

Mientras se centra la atención en la “salida del túnel”, las mayores exigencias de capital a los bancos, y se comienzan a digerir algunas de las indicaciones técnicas formuladas por el FMI y Bruselas, pasa inadvertido, como olvidado, el debate sobre qué solución política y económica puede dar el Gobierno para recuperar niveles de empleo de 2006 o mediados de 2007, es decir, qué planes (que no recortes y ajustes) propone el Ejecutivo para poner en marcha un crecimiento económico capaz de lograr empleo neto. Esta misma semana, el ministro de Economía apuntaba que ahora –en la década actual- ya no es necesario crecer por encima del 3% para que la economía absorba mano de obra, sino que por encima de 1,5% el asunto puede funcionar y, si se mantiene el ritmo, dar empleo a buena velocidad. La referencia técnica se quedó ahí, no hubo promesas del tipo “antes de que termine la legislatura o similar.

El debate del crecimiento y del empleo regresa ante la perspectiva de volver a tasas positivas de actividad en el próximo trimestre, posibilidad que cuenta, por supuesto, con las opiniones favorables de ministros económicos, presidente del Gobierno y que remata sin dejar opción el Gobernador del Banco de España. El mensaje se concreta en un “estamos saliendo de la recesión” y “no terminaremos el año en recesión”. Es una llamada que el Gobierno está llevando a cabo en esta semana ante banqueros y empresarios, ante los suyos del partido, una invitación a que las audiencias se conviertan en cajas de resonancia para multiplicar los mensajes de optimismo creadores de expectativas positivas. Incluso es previsible que en dos o tres semanas se hable sólo de que el verano trae la recuperación y que la primavera se ha llevado la recesión. Y ojalá resultase todo tan sencillo como un paso de estación climatológica.

El Gobierno se emociona y quiere emocionar con tan sólo unas décimas de crecimiento, y transmitir, cuanto antes, esa agitación a las empresas y a la banca, incluso a riesgo de pecar y caer en el delirio. Siente por otra parte el ataque de ansiedad e impotencia de ver y padecer ocho trimestres negativos, dos años, un récord en la historia del siglo XXI, una cifra que desgasta a cualquier equipo de Gobierno y que deja en la calle a seis millones de trabajadores y miles de empresas quebradas.

Así que el mensaje del fin de la recesión quiere ser adoptado por todos, incluso por los más críticos con las políticas de recortes del Gobierno. Crecer unas décimas, caso de llegar a cumplirse, no servirá para llegar al 1% de hace cuatro años, inicio de la caída libre del empleo. Salir de una doble recesión, como es el caso, demandará más crecimiento que simples décimas y más de un 1%. Para absorber los seis millones de parados harán falta períodos de cinco y ocho años, en longitud política, una y dos legislaturas creciendo y sin dejar de crecer. Un escenario que conoce el presidente pero que no reconocerá en público, consciente del riesgo que supone.

De ahí que los pronósticos (son sólo pronósticos) no inviten a ser más optimistas que unas décimas, quizás las mismas que se esperan produzca una mejora de la actividad de la economía. Y si bien se conocen etapas recientes de la historia económica que han alumbrado varios millones de nuevos empleos, también es cierto que el futuro mercado laboral difícilmente tendrá capacidad para dar empleo a seis millones de trabajadores en los próximos cuatro años.

Luego, será preciso pensar en que la batalla contra el desempleo no se ganará únicamente a base de mensajes de confianza o sólo de optimismo, incluso tampoco a golpe de crear expectativas. En otras palabras, difícil o imposible será que la economía se sienta motivada únicamente por opiniones, intangibles y buenos propósitos, y que más bien será preciso el concurso de tangibles, de inversión y grandes proyectos, de infraestructura con el regreso a la inversión pública controlada. De lo contrario, las décimas se perderán como gotas de agua en el mar.

Por eso, la prueba fidedigna de que la recesión ha terminado y comenzado la recuperación, será la que ofrezca un Gobierno que presente crecimientos trimestrales de la economía por encima de algo más que “unas ligeras décimas”, de lo contrario, no será posible que las cuentas públicas se recuperen y, por tanto, tampoco el empleo. En este caso, el presidente del Gobierno habría arriesgado todo a una carta, la recuperación. Los trimestres irán confirmando si se precipita.

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