edición: 2804 , Lunes, 16 septiembre 2019
03/02/2009

A Sebastián se le abre el ‘melón nuclear’

Juró que no sería él quien se saltara los muros de Moncloa para cogerle el guante atómico a Felipe González, Ana Palacio, la ONU y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), pero a la fuerza ahorcan. La decisión para renovar o cerrar Garoña no esperará más allá del verano. El CSN tampoco. El ministro prometió seguir su recomendación, pero trató sin éxito de moverle las sillas e imponer el sello socialista en el Consejo. Ahora, la presencia desde este mes del consejero pronuclear de CIU Antonio Gurgui se lo deja claro. Tanto como para comenzar a cocinar su “tercera vía” atómica para España, hacer de la necesidad virtud y pescar para el Ministerio en el desencuentro con las eléctricas y la negociación del déficit tarifario. Si le van a abrir el ‘melón nuclear’ en la mesa en este semestre, al menos el ministro prepara sus propios ‘cubiertos’ para sacar tajada.

La ‘tercera vía’, la ampliación de la vida útil de algunos reactores, sólo llegará si las eléctricas finnacian el bono social  para el recibo de la luz.  Sebastián estrenará la opción siempre que pueda recoger todos los flecos de una negociación que se niega a rematar, que cuente con permiso de las eléctricas y del PNV, que promete amargarle el bocado de Garoña.

Garoña, Almaraz, los contratos para los silos nucleares y, sobre todo, la nueva cara del CSN y la guerra del gas en Europa le han volado a Miguel Sebastián las hojas del calendario nuclear. El ministro trata de hacer de lo que ha sido el tabú nuclear una baza en el ajedrez de su ‘sudoku’ energético. La perpetuidad de las centrales es un elemento más en una ecuación que tiene también más de una incógnita en brazos las constructoras que se aventuraron en los predios energéticos con alguna esperanza de levantar los muros de nuevas centrales. El ahora o nunca está servido para la tercera vía atómica. Moncloa está elaborando los planes energéticos hasta 2030. El capotazo de la ONU -gracias al informe de la OIEA sobre la seguridad española- ha llovido sobre mojado con las encuestas  más favorables que en la última década y la grieta de la dependencia surcando el patrón energético. Los incidentes en Ascó y Vandellós II; la campaña de Greenpeace; la guerra europea del gas, la apuesta de varios países europeos, con Francia a la cabeza, por la energía atómica y la finalización en 2009 de la licencia de Garoña demarcan un escenario agitado en el que retumba el silencio del Gobierno. Un silencio que durará poco más.

Garmendia tira sólo chinas nucleares, se atreve a decir que la energía nuclear «hay que contemplarla como una más» pero esconde la mano. Si alguien lo destapa será él. A pesar de la presión de algunos consejeros de la CNE, hasta ahora no ha acelerado el cambio de precios nucleares. Sólo ha ganado tiempo, como mucho, hasta el próximo semestre para el veredicto de Garoña y hasta 2010 para el examen de Almaraz I, Almaraz II y Vandellós II. Como le recuerda Iranzo desde el IESE, Garoña produce el 1% de la energía consumida en España, (lo mismo que la fotovoltaica) y no está el patio energético para prescindir de ninguna capacidad productiva. Entre tanto, derrocha gestos: el Consejo de Ministros aprobó una contribución española al Organismo Internacional de Energía Atómica y bajó un 0,3% la cuota que deben abonar las centrales nucleares para financiar la gestión de los residuos radioactivos y del combustible gastado generado por éstas, así como su desmantelamiento y clausura, a través de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA). Y el Ministerio de Industria, Ciencia y Tecnología abrirá una convocatoria en 2009 para que presenten los municipios que quieran albergar el almacén temporal centralizado (ATC) donde se gestionarán los Residuos de Alta Actividad de las centrales nucleares españolas.

Ya lo ha dicho Emilio Olavaria: el Partido Nacionalista Vasco hará todo lo posible por evitar que se postponga el cierre de Garoña, con o sin informe a favor del Consejo de Seguridad Nuclear.Y ya que no ha podido conseguir el traslado de la sede de la CNE al País Vasco, el PNV quiere aprovechar el proceso de renovación de tres vocales y el vicepresidente de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) -pendiente desde hace cinco meses- para asegurarse un puesto en el máximo órgano del supervisor, aunque son los 4 cargos bajo el ascendente del PP los que deben renovar sus sillones.

Al Foro Nuclear, el CSN y el sector de la energía atómica española la ‘guerra del gas’ les suma y sigue con el arsenal de sus municiones. No renuncian a seguir intentando hacer de Miguel Sebastián la brecha por la que horadar el blindaje atómico del gobierno, impenetrable por Zapatero y Solbes. Los planes del ministro -un millón de vehículos eléctricos para 2014- requerirían según las empresas del sector al menos dos nuevas centrales nucleares para sostenerse, con un aumento de producción de energía eléctrica en más de 17.000 millones de kilovatios por hora. Por eso  le hacen cuña al Sebastián en sus propias lagunas: las de las renovables, el déficit tarifario, las necesidades de su automóvil eléctrico y la renovación del CNE. Y la de la necesidad de una ‘tercera’ vía consentida por Moncloa que dé aire nuclear a las necesidades del sector eléctrico, aunque sea sin nuevas centrales, sólo con la supervivencia de las que ya existen y nuevas tecnologías. Ascó -donde tiene que decidir si revalida la multa más alta de la historia- y Garoña -que genera 466 megavatios (MW) y que en 2011 cumplirá cuarenta años- son la bandera de esa alternativa que el Ministro puede hacer valer desde bambalinas, como muy tarde este trimestre.

Le envidian la suerte a Gran Bretaña, Francia, Italia o Finlandia, de vuelta a la energía nuclear para reducir las emisiones contaminantes, diversificar y evitar la dependencia exterior. Las centrales nucleares de Francia producen más del 75% de la energía eléctrica consumida, mientras España es dependiente del exterior en un 85%. Pero a falta de un Pacto de Estado de la Energía con Industria, se conforman, por ahora, con abrir un debate nuclear en España y espantar el fantasma de la isla energética, condenada a importar de sus vecinos la energía que repudia. Abogan por potenciar las renovables, vaticinan un desajuste entre la oferta y la demanda de hidrocarburos y urgen a atender la ecuación energética para despejar la incógnita de la dependencia europea. La CEOE le pone cifras: el sistema eléctrico español debe contar con un tercio de la potencia de origen nuclear (11.000 megavatios nuevos), frente al 17% actual, para converger con el mix energético de la UE. Y eso pasa por crear una decena de centrales nuevas, que aportarían un 3% del PIB.

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