edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
29/10/2009

A Sebastián y Rubalcaba se les olvidan las tarjetas prepago

Las operadoras buscan una prórroga o una tercera vía para no perder 4 millones de tarjetas el 9 de noviembre
El Plan de identificación del ministerio dejó en manos de las telecos el mayor esfuerzo y mantiene ahora en el aire una factura de 50 millones de pérdidas

A.Z.
Ha dejado que caigan en el limbo. Industria prometió una campaña a cuatro manos con Redtel y medios capaces de llegar a una base de clientes en su mayoría jubilados e inmigrantes. Todo para evitar que más de 12 millones de clientes anónimos de tarjetas prepago se perdieran en las grietas del olvido que los obligan a identificarse antes de que entre en vigor la nueva Ley de Conservación de Datos.  Pero las telecos, a la vista del progreso, han tenido que recurrir al ‘puerta a puerta’, llamadas directas o sms a los usuarios. Cuatro millones -el 8% de de la base total de usuarios móviles, un 8% de la base global de clientes y un 23% del total del mercado prepago a identificar- siguen aún en el limbo, y se perderán si Interior no da marcha atrás, con la bitácora de Redtel. El ministro estira las líneas rojas de un ultimátum previsto para el 9 de noviembre.  Industria e Interior barajan poco más que una  moratoria, que alargue el certificado de vida de cuatro millones de tarjetas prepago. Redtel aspira a que a los clientes sin identificar no se les corte la línea- con lo que se pierde el número-, sino que sólo se suspenda temporalmente la comunicación: Vodafone, Movistar y Orange se conforman ahora con un tiempo muerto del que rescatar a los usuarios anónimos, recuperar su número si se identifican después y ahorrarse el reembolso de los saldos pendientes. Quieren que haya opciones de vuelta. Más ahora que la crisis ha reactivado la opción de consumo de las tarjetas prepago para los operadores tradicionales. Puede servir para ‘resucitar’ a más de un consumidor.

Moncloa no se ‘moja’ con las tarjetas prepago. Prometió ayudar al sector de las telecomunicaciones a pasar la travesía del desierto, a encarar la nueva Ley de Conservación de datos en comunicaciones electrónicas -que busca evitar el uso anónimo de los móviles por grupos terroristas y organizaciones delictivas-, pero ha desplegado poco más que una web, nada suficiente para 4 millones de líneas, el 70% de ellas en manos de ciudadanos de origen extranjero que aún siguen en tierra de nadie y desaparecerán en dos semanas de las cuentas de las operadoras. Los usuarios perderán su número, y las operadoras a miles de clientes e ingresos millonarios -al menos 50 millones, según sus cálculos- en un mercado que generó el año pasado en España ingresos por 2.400 millones de euros. Además, las telecos temen que una baja masiva después de la fecha límite suponga un auténtico cataclismo en su sistema de atención al usuario, comerciales y logísticos, que se saturarían con una demanda súbita de mucha mayor envergadura que la que atiende habitualmente.

Se lo advirtieron las telecos a Sebastián y Pérez Rubalcaba antes del verano, con las cifras a mano: ocho millones de tarjetas prepago se podían quedar en el aire de la indocumentación. Hoy ya han identificado más de 11 millones, pero ni las promesas de la campaña conjunta de llamamiento con los Ministerios, ni la facilidad del trámite -basta acudir a puntos de venta de los operadores con su DNI, pasaporte o tarjeta de identidad de extranjero- les permiten llegar a tiempo a su objetivo. No han evitado que cuatro millones –de un total de 15 millones adquiridas antes del 9 de noviembre de 2007- sigan en el limbo del anonimato. Moncloa les ha dado a las operadoras la espalda de las tarjetas prepago. Su campaña “¡Identíficate!” las ha dejado casi a solas para llegar a los tres grupos de clientes que corren más peligro de perder su línea: los ancianos -una buena parte de ellos no sabe abrir los mensajes SMS que les están enviando las operadoras-, los extranjeros no residentes -muchos de ellos sólo vienen a su residencia española en otoño e invierno- y las tarjetas instaladas en todo tipo de máquinas- no se les puede avisar y es fácil que sus propietarios o explotadores las olviden. La tibieza de los Ministerios de Industria e Interior las ha empujado ya a tener que lanzarse, número a número, a la ‘repesca’ y a afinar las ofertas de compensación para motivar a sus clientes anónimos y devolverlos a la vida y al consumo, a ser posible de contrato.

Las cuatro grandes operadoras levantan las lanzas de Redtel, son las más afectadas, las que suman la mayoría de los 15 millones de tarjetas  prepago compradas antes del 9 noviembre de 2007, la fecha a partir de la que es obligatorio cumplir con la ley de conservación de datos relativos a las comunicaciones electrónicas. , pero las operadoras virtuales, recién aterrizadas en el mercado, parten con cierta ventaja. Aunque en los últimos doce meses, las telecos low cost, como Yoigo y los Operadores Móviles Virtuales (OMV) han vivido su época dorada y lideran la suma de tarjetas prepago y de clientes inmigrantes, muchas iniciaron su actividad a la par que la aprobación de la ley y ya pudieron adaptarse a ella desde el principio. Eroski Móvil, que surgió a finales de 2007, asegura tener identificados a todos sus clientes en Euskadi- el prepago supone el 40% de su clientela-. Y Yoigo, a “la gran mayoría”.

Movistar, Orange y Vodafone no quieren que quede en tierra de nadie casi un 10% de su base de clientes, menos aún ahora que el control del gasto y la rebaja del consumo de voz nutren de nuevo los predios del modelo de prepago, en uno de los mercados donde su porcentaje de penetración es más bajo de la UE. Tal vez hay uno o dos millones de la base sin identificar que corresponden a líneas muertas, que apenas se usan -quienes han efectuado una portabilidad y se pasan a contrato, o quienes recibieron tarjetas SIM de regalo que agotan y dejan en vía muerta- pero el resto pueden retornar al ‘redil’ de los clientes activos y no se resignan a perderlos a la vista de los vientos del mercado.

Durante el segundo trimestre, sólo el aumento de los ingresos por cuotas y altas de abonos, debido al mayor número de clientes compensó la caída de las ventas de voz en telefonía móvil y de los ingresos en  un 4,7%.Por primera vez, sus esfuerzos no apuntan sólo a transferir la mayor parte de su base de clientes de la tarjeta prepago al contrato por la puerta de la fidelidad y los mayores niveles de consumo. Hasta el segundo trimestre de 2008, el mercado de telefonía móvil (sumando todas las marcas) aumentó en un total de 2.400.111 los nuevos usuarios de contrato, hasta 28,7 millones de usuarios, mientras los clientes de tarjeta mantenían su declinar y perdían 411.547 usuarios. Sin embargo, entre el segundo trimestre de 2008 y el segundo de 2009, el crecimiento total del mercado ha sido un 15,4% menor, de 1,68 millones de usuarios, pero, sobre todo, la contribución de los clientes de prepago ha sido notable: nada menos que 701.119 nuevos clientes han optado por esta modalidad, frente a los 981.337 usuarios que prefirieron el contrato: la tarjeta prepago ha sido responsable del 42% de las nuevas altas.

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