edición: 2614 , Miércoles, 12 diciembre 2018
13/10/2009
A la ministra menguante le dejan ya sólo un rincón tranquilo

A Sinde, Moncloa le aplaca la ‘rebelión carioca’ y le quita la cartera ‘antipirata’

Pliega velas ante los presupuestos de Cultura y tendrá que pagar la ‘penitencia’ de explicárselos al sector de la producción artística
La nueva Comisión Interministerial para atajar las descargas de internet la deja sin sitio
La industria del libro electrónico despegará de espaldas a la ministra
Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura
Javier Aldecoa

Le han buscado en Moncloa ya “sólo un rincón tranquilo”, un escaparate en el que la ‘ministra de Culturas’ entretenga sus viajes, lejos de las polémicas de la red de redes. Pero Ángeles González-Sinde se vino arriba. Cosas de Brasil 2016. Tanto como para pelearle a Salgado desde su periplo por Río de Janeiro los Presupuestos de Cultura. Tan sólo hace una semana prometía que no estaba dicha la última palabra sobre un tijeretazo que recorta  un 11% y deja a la ministra ‘meguante’ sólo por detrás de los talones de Cristina Garmendia. Osaba quitarse la ‘mordaza china’, esa con la que Industria le impedía tocar los contenciosos de internet y atreverse a devolver a aguas internacionales su ‘barco antipirata’ y a exigir protección y a la producción frente al P2P y el streamig. Eso era del otro lado del Atlántico y antes de que Moncloa le pusiera de nuevo el ‘silenciador’ por partida doble. Tendrá que ser la ‘Juana de Arco’ de sus propios presupuestos, le parecen ya “lo más razonable”, al fin y al cabo, son más gastos para el ministerio y menos cultura y le sirven para apaciguar su propia guerra, la de la Ley de Cine. González-Sinde calienta ya el nuevo sillón, sin competencias, al que Moncloa ha relegado sus planes para la red de redes.

Ya le dijeron en su ausencia -mientras entretenía sus pasos en un viaje a Pekín- que no está invitada a las mesas de la regulación de las descargas, ni la española ni la europea. Menos aún ahora que el Ministerio de Industria intentan imponer a las telecos y la industria de contenidos la 'paz de Moncloa' con la bitácora de Washington. Han dejado a Sinde sin ‘cibervoz’, la neutralizan con la nueva Comisión que concentrará la nueva regulación; devuelven también al armario del silencio las opiniones de la ministra y dejan paso a los técnicos en la nueva planificación que despeje el camino al libro electrónico en España.

Si las operadoras de telefonía dejaron sin argumento su guión ‘antipirata’ en junio, Moncloa ha privado a Ángeles González-Sinde de cualquier voz oficial. Y, desde ahora, también de la cartera. Ya no será la Comisión Intersectorial contra la Piratería dependiente de la Ministra de Cultura, sino un Comité Interministerial recién gestado para la ocasión el que, bajo la batuta de Industria y con las voces de Justicia e Interior, defina antes de enero la nueva ‘brújula’ oficial contra la piratería en la red y le ‘sople’ al oído de Zapatero la reforma del marco normativo para “mejorar la acción judicial por la vía civil y penal”. Un Comité que se acerca más a los primeras intenciones de la ministra -penalización al usuario de internet si reincide en las descargas ‘ilegales’- pero que lo hará ya sin ella al mando.

Moncloa le pisa el cetro de las descargas a Sinde y mira a Obama. La bitácora de Francisco Ros tiene más de un boceto en manos ajenas, las de los informes del Congreso americano y el lobby de la industria cultural de EEUU, que indican a España cómo ‘acabar’ con los intercambios del P2P. González-Sinde quiso pasarle a Zapatero el "muerto" del arbitraje en la batalla del P2P y ahora Moncloa sigue los consejos de Washington, deja las riendas en manos del Ministerio de Industria y le niega a Cultura sitio en el diálogo de sordos casi congelado desde mayo entre los operadores de internet y los propietarios de contenidos. La vicepresidenta Fernández de la Vega ha terminado por hacer de Sinde la directora sin batuta de una partitura que tiene como único intérprete al Secretario de Estado de Telecomunicaciones, Francisco Ros.

A la ministra de ‘las Culturas de España’ -como le gusta que la llamen- sólo le han dejado plantarle cara a los consumidores en los primeros compases de su ministerio, antes de la puesta de largo de la Carta de los Derechos de los Usuarios de las telecomunicaciones; subirse a los tanques que repudia y prometer que las descargas de internet servirían, además, para cuantificar las ayudas al cine. Eso es todo. Aún resuena en la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y en los muros de la CMT su último ‘delsliz’, su promesa de rebajar los precios del adsl español, con propuestas de apellidos prestados y facturas ajenas. Sin saberlo, la titular de Cultura hizo sangre en una de las aristas del desencuentro entre la CMT, la Secretaría de Estado y el Ministerio de Industria. Ros ha hecho de la banda ancha una trinchera y Sebastián, un ariete de la Carta de Derechos de los Usuarios de la red.

Las espadas aún en alto de las telecos agrupadas en Redtel y de la industria de Contenidos -con la Coalición de Creadores en cabeza- tendrán que esperar. Las carreras de la digitalización de contenidos editoriales y la producción de ebooks, también. Ahora que la Comisaria de Telecomunicaciones y Bruselas apoyan públicamente soluciones como las de Google para la digitalización de las bibliotecas, Moncloa no dejará que González-Sinde ‘abra’ de primera mano ese melón: aún resuenan en los oídos de Zapatero y de Reding el “asustante” con el que la ministra resumió la circulación de los libros en la red. No estaba ya invitada a la reunión en Bruselas para actualizar la legislación europea de derechos de autor a la era digital; si entonces le puso voz a sus silencios Milagros del Corral, directora de la Biblioteca Nacional, ahora en la iniciativa española -un triunvirato de Cultura, Industria y Educación-

Sinde dejó la batuta al director general del Libro, Archivo y Bibliotecas, Rogelio Blanco, y sus riendas en  manos de Marta García León, experta en propiedad intelectual y asesora de la ministra. Pero los recelos de González-Sinde ante los e-books no frenan el despegue del libro electrónico de manos de la industria editorial española. Lo ha tenido que escuchar, de primera mano, de boca de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE): no ha sido otro que el libro digital el protagonista de la Feria Liber y el ‘salvavidas’ en el que confía el sector español para driblar la crisis.  Y la Biblioteca Nacional será la primera en ofrecer a través de su web el proyecto Enclave, con alrededor de 2.000 títulos digitalizados.

Las editoriales especializadas han comenzado a tender la mano al Ministerio, con la vista puesta en Bruselas, por detrás de las espaldas de Sinde. Quieren una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, todo con tal de no repetir la demonización de las descargas en internet, pero tampoco las zozobras de su mercado. Saben que los recelos oficiales, la orfandad de oferta digital real sería el mejor jardín para la piratería y que la oferta también jugará un papel clave en la consolidación de un mercado que ya ha incrementado su volumen de negocio en un 134% en apenas un año en EEUU. Intentan volver la cara de Moncloa a los muros de Goooglebooks -con una ventaja de 10 millones de ejemplares en 400 lenguas- y su acuerdo con los editores y escritores norteamericanos.

EL ‘PRECIO’ DE LOS PRESUPUESTOS

La Ministra se refugia en el silencio -deja que sea la subsecretaria del departamento, Mercedes del Palacio, la que desglose los detalles- y en el burladero del pragmatismo: los presupuestos del Fondo Nacional de la Cinematografía, que aumentan en más de un millón de euros. Aunque sea una obligación de la Ley del Cine aprobada mayoritariamente en el Parlamento en diciembre de 2007, le servirá para romper las lanzas que el sector ha levantado contra ella, contrarrestar la orfandad de competencias en la regulación de los contenidos de internet y blindar los predios más íntimos de su ministerio. Ahora que se dispone a pasar a la historia como la ministra que sacará adelante –a la tercera- la Ley del Cine, mira al sector y a las propias facturas de su Ministerio y consuela -al menos en las cifras de Salgado- la guerra que sus viejos socios le han desatado con la nueva legislación. Al fin y al cabo, el cine es uno de los menos perjudicados (un 0,9% de rebaja) frente a los fuertes recortes en museos (13,5% menos), el apoyo al deporte (6,3%) o la administración del patrimonio histórico (14,8%).

Sólo se salvan de la quema en Cultura la asignación a la dirección y servicios generales (12,4%) y el de Fomento de las industria culturales, que recibe 29,55 millones, con un incremento del 9%. Desde ahora, González- Sinde tendrá que explicarle al sector unos presupuestos en los que, a pesar de ser uno de los Departamentos que más bajada registra, los gastos corrientes y de personal suben en detrimento de otras partidas. Personal sube un millón de euros -un 0,6%-; los gastos corrientes registran un incremento que supone que a ellos se destina el 16,5% del total, cuando el pasado año era el 14% y lo mismo ocurre con los gastos financieros. La caída se concentra en la inversión real, que cae un 28,1% y en las transferencias de capital, que se desmoronan un 35,4%, justo las fuentes con las que se financian los programas de actuación. Y Moncloa ya le ha dejado claras de nuevo las líneas rojas de sus presupuestos: como mucho, sustituir unas acciones por otras. Nada de barajar de nuevo sobre la mesa de la vicepresidenta Elena Salgado.

Le pisa los talones la Asociación de Internautas. La Oficina de Conflictos de Intereses archivó en julio una denuncia contra ella por ser conflicto de intereses de los miembros del Gobierno y de los Altos Cargos de la Administración General del Estado en el cine. Pero ahora la Asociación de Internautas llevará a Angeles González Sinde a los tribunales ordinarios para que explique los 10 millones de euros en subvenciones recibidos como cineasta y guionista -incluyendo casos como el de Recóndita Armonía, que no llegó a realizarse- y también las ayudas concedidas al sector desde que Zapatero la nombró ministra en abril. Lo harán ante el silencio de Moncloa, que no conjuga ya ninguno de los verbos de la ministra.

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