edición: 2936 , Lunes, 30 marzo 2020
22/01/2010

A Sinde y la industria de contenidos española se les escapa entre las ‘tenazas’ el mercado de Internet

Ni la persecución judicial reduce el P2P y el streaming en Suecia y Gran Bretaña, ni el descenso en un 30% del mercado musical se contagia a la red: los contenidos de pago son el 27% de la industria
Spotify, Youtube e iTunes se saltan los tabúes de la industria nacional ante nuevos modelos mixtos y premium: las descargas ‘legales’ de música en España son aún la mitad que en la UE
Ana Zarzuela

Soplan con más fuerza sobre sus expectativas, una vela a Dios y otra al diablo, lo justo para exigirle a Moncloa, al calor de la disposición final de la Ley de Economía Sostenible, el trabajo sucio de perseguir a 200 webs de descargas marcadas y para que la Coalición de Creadores y Promusicae se lancen a la competencia con dos buscadores de contenidos audiovisuales disfrazados de macrowebs y financiados en un 90% por Cultura e Industria. Se han venido arriba, lo justo para confiar -alto y claro- en que no hará falta más que una veintena de denuncias de la Comisión de Contenidos de Internet para que las páginas de su ‘lista negra’ cambien, aunque sólo sea de piel. Tratan de remar a dos manos y en todas las aguas, pero se les desdibujan los horizontes de sus mares y se quedan sin brújulas ante el mercado digital y los confines de la red de redes. Los antecedentes de Gran Bretaña y Suecia -donde no se han reducido las descargas que consideran ‘ilegales’- le encienden las luces rojas al ‘frankenstein’ diseñado por González Sinde. Los mercados y hasta los propios informes de la industria audiovisual mundial dejan en fuera de juego sus premisas y más de un mito de la red. Ni los contenidos gratuitos, ni el espacio sostenido en manos del P2P -aún supone un 18% del tráfico global de internet según Arbor Networks- ni el auge del 'streamin'g han impedido que las descargas de pago de canciones sueltas hayan crecido  en todo el mundo un 10% durante 2009, hasta los 3.300 millones de euros. La radiografía de la IFPI dibuja un horizonte en el que a pesar del desplome en las ventas de ejemplares físicos un 20,6%, nada ha podido ralentizar el despegue de los contenidos de pago, en música suponen un 27% ya del conjunto del negocio.

Más aún, la compra de álbumes digitales completos -aún más inaccesibles para los contenidos gratuitos- que se incrementó un 18%, hasta los 110 millones de unidades. Y no es la presión de las descargas que consideran ‘ilegales’ o el intercambio de archivos gratuitos los que explican la caída del 17% de la venta de música en España. No, al menos, los únicos. La propia Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI le ha puesto apellidos a los responsables de “la más precaria situación de su historia de la industria nacional”: "En España no hay suficiente competencia en el mercado digital musical”. Sólo así se entiende que los contenidos digitales sean aún la mitad que en el resto de la UE. Nada que la Coalición de Creadores o Promusicae -de espaldas a Spotify y los nuevos modelos de negocio- hayan remediado con sus proyectos de macrowebs de contenidos audiovisuales de pago: no ofrecen contenidos propios, ni nuevos, sólo son una ventana a las páginas ya comerciales, un atajo a listas de ventas ya en el mercado.

Las medidas de amenazas de desconexión y criminalización de las webs adoptadas por el Gobierno de Brown contra las descargas y redes de intercambio P2P  no surten efecto: según un estudio de la Industria Fonográfica Brtiánica (BPI),  el 23% de los consumidores británicos admitió seguir utilizando redes P2P para descargarse archivos, el mismo porcentaje que hace diez meses. Más aún, según la BPI, el llamado cyberlocking (páginas web que permiten almacenar y descargar todo tipo de archivos digitales, legal e ilegalmente) ha crecido de manera brusca en los últimos seis meses y que se espera que siga creciendo. Nada que haya impedido que en la cuna del pop, donde las discográficas aseguran que cada año se cuentan mil millones de “descargas ilegales”, en 2009 se haya batido el récord de ventas de singles: más de 117 millones de canciones hasta octubre, pero el 98,6% mediante descargas de internet.

Nada que -además- haya cercenado (como amenazan las asociaciones de gestión de derechos de autor en España) los ingresos de los músicos. Todo lo contrario: el antecedente británico -como desvelaba www.bandaancha.eu- le recuerda a Promusicae que las grandes perjudicadas por el uso del P2P son las discográficas, no los artistas, que a pesar de las descargas o el streaming, ganan más en grabaciones y música en vivo y otras fórmulas alternativas. La tendencia en UK s que en 2010 los ingresos obtenidos por los artistas a través de la música en directo podrían superar el total de la facturación de las discográficas en concepto de venta de discos, tras analizar los indicadores del PRS for Music report y el BPI. Y Suecia -donde han repuntado las ventas en 17% tras la implantación de leyes antipiratería- les recuerda a Promusicae que el auge de los contenidos digitales no es incompatible con el mercado físico.

Nada que no hubiera detectado ya Promusicae con su balance del primer semestre del año: el mercado físico en España descendió un 35,14% hasta julio de 2009, mientras que el digital sólo creció un 4,99. Ahora, en el balance global, la IFPI dibuja un mercado español en el que, tras ocho años consecutivos de un 64% de caída en el volumen de facturación, la venta de música cayó un 17% respecto a 2008 –frente al 30% entre 2004 y 2009 de las ventas mundiales-.  El panorama digital, siempre según el Digital Music Report de la IFPI, es halagüeño en países como Estados Unidos, o en el mercado asiático, con un 25%. En el mercado internacional, los acuerdos de las compañías de música con operadores como Spotify, Sky, Myspace o Vodafone han favorecido que, por primera vez, los beneficios por ventas digitales supongan más de un cuarto de los beneficios totales de la industria musical internacional y que en Estados Unidos la venta on line suponga ya un 50% del mercado, con récord de ventas como el de "Poker Face", de Lady Gaga, la canción que más se vendió en 2009, con 9,9 millones de compradores. Un horizonte al que aún  España no ha encontrado cómo asomarse. No, al menos con apellidos propios.

Nada que -como desgrana www.genbeta.com- vaya a cambiar con el proyecto de macroweb que la Coalición de Creadores (la que forman parte la SGAE o EGEDA, entre otras empresas de gestión de derechos de autor) prometió estrenar a cuatro manos con González-Sinde con la subvención de 1,5 millones de euros del Ministerio de Cultura, (la misma cuantía para todo el circuito de giras musicales) antes de que en verano llegue la regulación definitiva de las descargas y el intercambio de contenidos en la red. El borrador de su “superportal de contenidos legales” le pisa ya los talones al antecedente de Promusicae, que desde noviembre ‘invirtió’ los 730.000 euros de su subvención de Industria a través del Plan Avanza en www.elportaldemusica.es.

El 'Portal de Música’ se ha convertido en la bandera más explícita de todos sus credos. No aparece en buscadores porque está hecha en Flash. No recuerda las referencias del usuario. No permite compartir enlaces, al estar todo el contenido empotrado en el flash. Se ciñe sólo a las listas comerciales de ventas, sólo dejará espacio a la oferta ya existente. Y como su ‘abanderado’, el nuevo metabuscador  de la Coalición -la “mejor oferta del mercado,” en palabras de la ministra- tampoco incluirá música, películas, libros o series sino que localizará el archivo que busca el usuario dentro de la oferta de pago ya existente en la Red. Utilizando la base de datos de las tiendas que voluntariamente han decidido que se indexe su catálogo (aseguran que hay una treintena a las puertas), el buscador remitirá al contenido ya en páginas asociadas como Filmotech (de cine español), Findanyfilm, con películas americanas e inglesas, Central Digital y Portal Latino, distribuidoras de cine y música de autoría española pertenecientes a la SGAE, iTunes, o Pixbox.

Nada que no pueda resolverse con el atajo de cualquier buscador -como Google, Yahoo o Bing-, capaz por sí mismo de ofrecer resultados de diferentes tiendas online de forma automatizada, sin necesidad de que esas tiendas pasen su catálogo al buscador y lo mantengan actualizado cada día. El buscador no sería el encargado de retribuir a los propietarios de los derechos de autor por las obras vendidas, ya que de ello se encargaría la tienda, que realiza finalmente la venta. Los promotores quieren que el portal sea autosostenible con ingresos por publicidad y de los afiliados en el menor tiempo posible, pero lo han bautizado ya en la ‘pila’ de las subvenciones de Moncloa. Y la Coalición -que destinará la mayor parte de la financiación en una gran campaña de promoción- sólo aportará trabajo y las bases de datos de gestión de derechos de autor de la práctica totalidad del mercado español: música, cine, videojuegos y libro, valora en torno a unos cuatrocientos mil euros.

EN FUERA DE JUEGO CON SPOTIFY

Y el ‘efecto Spotify’, con seis millones de usuarios (un millón de ellos en España) y seis millones de canciones en catálogo (10.000 más a diario) le ha dejado claro que si hay una alternativa premium o “freemium” cómoda, el usuario acude a ella. Como desvela Lutz Emmerich, director de Spotify en España, el acceso de pago está funcionando muy bien”, algo que choca con la idea tan extendida de que no nos gusta pagar por la música. Se nutre de las cuatro grandes discográficas (Emi, Warner, Universal y Sony BMG) y  también tiene acuerdos con decenas de pequeños sellos. Y se financia con cuñas publicitarias, con “banners” y con la suscripción “premium”, que permite disfrutar de Spotify sin publicidad por  9,99 euros al mes.

El fundador de Spotify, Daniel Ek, les recuerda a los gestores de derechos españoles que ni los cortes a las descargas -aunque llegaran con la nueva regulación- serían suficientes para un modelo de negocio en la música que busca compaginar publicidad, descargas, suscripciones, merchandising y entradas a conciertos donde el usuario llega y donde la clave para la rentabilización viene de la portabilidad y el paquete de derechos de acceso que se le ofrece. Google va a comenzar a ofrecer el servicio de alquiler de películas por internet a través de Youtube. Spotibot- un robot de Spotify orientado a ayudar a los usuarios de Spotify- se integra con Last.fm para crear listas de reproducción, suma y sigue con su buscador de artistas similares que se comunica mediante Twitter, y un servicio para hacer más informativas las páginas a las que dirigen los enlaces de Spotify.  Y al hilo de la forma de pago ya vista en Spotify, la web de música por 'streaming' Yes.fm -que no requiere instalaciones de programas al margen del 'plug in' 'flash'- ha lanzado la nueva modalidad "un euro = un día", que permite a los usuarios disfrutar instantáneamente de toda la música a la carta de la web, un repertorio de canciones y albums de más de 35.000 artistas y escucharlos libremente, sin límite, durante las 24 horas después del pago.

Las grandes discográficas buscan acceso a la red, los gigantes de internet patrocinadores, contenidos comerciales (aunque sean con copyright) y nuevos modelos de negocio que combinen accesos gratuitos y contenidos de pago y Premium, la publicidad y el pago por uso. Lo sabe Sony, que acaba de ver cómo su artista Ke$ha batía el récord mundial de un nuevo artista en ventas digitales, con 693.000 canciones en descargas en una sola semana y dos millones de descargas legales desde diciembre sólo en iTunes. Lo empiezan a asumir los artistas españoles: una de las principales discográficas de rap español - BOA Music- ha alcanzado un acuerdo con Spotify y Youtube para que su catálogo se pueda escuchar sus singles y verse sus videoclips.

España ya no es una isla para el streaming que inunda Europa. La mejora de las conexiones, la facilidad del acceso y su rapidez (sin esperar que el archivo se descargue), el ahorro para el consumidor tanto en soportes de almacenamiento como en canon, la puerta abierta a contenidos de series inéditas en España -como en Seriesyonquies- o cine -como en Sinlamula, Peliculasonline y Cinegratis- y música tras las huellas de Last.fm y Yes.fm han hecho del mercado español uno de sus más cómodos. Y el impulso de las operadoras de telefonía -el streaming nutre su apuesta por la banda ancha y por internet móvil- han dado en los últimos dos años unas alas a esa tecnología que no tuvo nunca desde su nacimiento en 1995.

Lo reconoce, en España, la productora y distribuidora Filmax Entertainment: tras el bautismo de su nuevo portal Yodecido.com hay mucho más que un nuevo catálogo de 3 millones de canciones y 700 películas de pago. No pueden volver la espalda al nuevo público y prefieren subirse al streaming antes de que les pase por encima: los internautas pueden ver de forma completamente gratuita películas con publicidad. El error de la música, incapaz durante años a crear un modelo de negocio para sus contenidos en internet no será repetido, ahora que mandan el vídeo y las televisiones. NetFlix abrió la puerta  a un servicio de streaming que permite acceso libre a más de 100.000 películas y sólo en EE UU, Hulu acumuló el 10% de los ingresos en publicidad de la televisión y Youtube y el portal de vídeos de Google, un 9%, a pesar de que sólo ha comenzado a ofrecer episodios de TV por streaming recientemente. Ésa es también la vía elegida por los dueños de The Pirate Bay para su ‘resurrección’: tras vender su portal para desarrollar un modelo de distribución de pago, no renuncian al libre intercambio de archivos a través de internet y han comenzado a probar su propio ‘youtube’.

EL ‘ENEMIGO’ QUE MÁS CONSUME

La industria de contenidos española levanta las lanzas de su criminalización y la disposición final de la LES a la luz de su doble faz: sus peores ‘enemigos’ de la red de redes son, desde ahora, también los mejores consumidores de contenidos audiovisuales. Le acaban de poner cifras los estudios europeos de Forrester Research e  Ipsos MORI -nada sospechosos de apoyar a los ‘piratas’ de la red-: los autores de las descargas ‘ilegales’-uno de cada diez internautas- son también los que más gastan en compras audiovisuales, al menos 83 euros por encima del resto un 75% más. Y lo hacen tanto en tiendas convencionales como a través de comercio digital. Nada diferente al mercado nacional, donde según el último estudio de OcioNetwork, un 47,8% de los navegantes reconoce bajarse música, pero también la adquiere reglamentariamente y un 56% de los encuestados se descarga películas al mismo tiempo que va al cine habitualmente. El corolario de Forrester: la forma natural de consumo de música ha cambiado y ahora los consumidores están demandando precios más bajos y un acceso más simple.

Es verdad que, según el último estudio de Ocio Networks, en el mercado español un 70% de los usuarios “estaría dispuesto a pagar las descargas de música si las condiciones fuesen justas” y la SGAE se mantuviera al margen.  Pero las encuestas le desgranan su aviso para navegantes a la Coalición de Creadores y Moncloa: La realidad –se lo dimensiona la Fundación Orange- es que sólo un 8% de los usuarios que ha visto contenidos online ha pagado por ellos y que un 57%  de los internautas visita al menos una vez a la semana webs donde particulares comparten vídeos. Sólo ha crecido el revelado de fotos digitales, contratado por un 7,5% de los usuarios de la red el pasado año, seguido de los programas de televisión en directo (6,5%), almacén de fotos (5,5%), descarga de música (5,7%) y tonos para el móvil (5,2%). Casi una tercera parte de los internautas consumen música exclusivamente a través de descargas (un 32%), mientras que sólo un 20% adquiere música sólo de forma legal. En el consumo de cine, la exclusividad de las descargas apenas la realiza un 15% de los internautas, mientras que un 30% únicamente va al cine, sin realizar ningún tipo de descarga. Y el rechazo al pago por consumo de televisión a través de la red casi unánime: el 77% no estaría dispuesto a pagar.

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