edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
10/07/2013
OBSERVATORIO DE ECONOMÍA

A vueltas con la inversión en infraestructuras

Fernando Vizoso* (KPMG)

A estas alturas, parece que estamos todos de acuerdo en que difícilmente volveremos a ver volúmenes de inversión pública por encima de los 40.000 millones de euros como ocurrió, por ejemplo, durante el periodo 2006-2009 en nuestro país.

De hecho, todo parece indicar que no nos alejaremos en los próximos años demasiado de los aproximadamente 10.000 millones previstos para 2013 (¡nada menos que una cuarta parte!). Nuestras constructoras ya han asumido esta circunstancia como estructural y han intensificado o culminado sus procesos de internacionalización, con el objetivo de que la inmensa mayoría de sus ingresos procedan del extranjero. De hecho, algunas de ellas ya pueden presumir de porcentajes superiores al 80% de cartera de obra fuera de España.

Pero volviendo a fijar el foco a nuestro país, ¿a qué retos nos enfrentamos en el ámbito de las infraestructuras? ¿Qué estrategias deberíamos seguir como país en este capítulo? No caigamos en el error de tratar de crear empleo a golpe de martillo pilón, buscando una aparente correlación entre inversión en infraestructuras y creación de puestos de trabajo. El empleo duradero y estable lo crearán las empresas que operen y utilicen las infraestructuras, no solamente las que las construyan. Podemos ver el vaso medio lleno: años de elevada inversión hacen que en estos momentos dispongamos de un excelente stock de infraestructuras, que es un elemento clave para facilitar el retorno de la inversión exterior, de la financiación y, por tanto, de la reactivación económica. Ahora, el reto es nuestra capacidad de mantenerlas operativas e interconectadas en un contexto de importantes dificultades financieras. Por todo ello, es importante hacer un esfuerzo por terminar las infraestructuras en construcción y buscar soluciones viables para mantenerlas.

En cuanto a la creación de nuevas infraestructuras, es importante matizar que la actual inversión en infraestructuras en relación al PIB no nos deja del todo mal en comparación con otras economías desarrolladas comparables a la nuestra. De hecho, la media europea de inversión en infraestructuras de transporte respecto al PIB es del 1,03%, mientras que en España dedicaremos en 2013 aproximadamente el 0,94%. Pensemos entonces qué tenemos ya y qué necesitamos realmente. Por ejemplo, las infraestructuras de transporte relacionadas directamente con el movimiento de mercancías son especialmente importantes si pensamos que una parte de la recuperación económica vendrá de la mano de un aumento de la competitividad de nuestro tejido industrial y logístico. En este sentido, el desarrollo del Eje Mediterráneo y sus conexiones con los puertos son estratégicos porque nos van a permitir captar una mayor cuota de mercancías en nuestros puertos y distribuirlos eficientemente en el mercado europeo. El papel de los puertos -especialmente mediterráneos- va a ser clave en los próximos años, por lo que todo lo que lleve a mejorar su competitividad es muy positivo. Tarifas competitivas, operadores eficientes y buenas conexiones logísticas nos asegurarán una mayor cuota de captación de mercancías especialmente entre las procedentes de Asia que llegan a Europa a través del Canal de Suez.

Aunque el tráfico de pasajeros (ferroviario, aéreo o por carretera) también es importante en una economía esencialmente de servicios como la española, especialmente en lo que se refiere a la industria turística, no parece que nuestra economía nos esté pidiendo en este momento más infraestructuras de este tipo. Más bien deberíamos centrarnos en mantenerlas en buen estado y sacarles un mayor rendimiento. La apertura a operadores privados de la alta velocidad y larga distancia ferroviarias es, por ejemplo, una muy buena idea para maximizar el uso de la excelente infraestructura existente. Otros retos significativos será mantener la capacidad de nuestros grandes aeropuertos como hubs internacionales; sería una pena que después de las enormes inversiones realizadas tanto en Barajas como en El Prat no seamos capaces de capitalizar y distribuir el tráfico aéreo desde nuestro continente a los países latinoamericanos, por poner un ejemplo fácil. Finalmente, en el ámbito de las carreteras, será importante encontrar soluciones eficientes para su conservación y para garantizar la viabilidad de determinadas infraestructuras que también han supuesto elevados esfuerzos inversores tanto de capital privado como público.

En definitiva, no hablemos en tono catastrofista de desplome de la inversión en infraestructuras, si no de una necesaria adaptación al ciclo y el inicio de una nueva fase en la que es más importante gestionar que invertir, en línea con lo que se espera de una economía desarrollada y madura como la nuestra.

* Senior manager de Infraestructuras de KPMG en España

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