edición: 3005 , Miércoles, 8 julio 2020
19/05/2020
La reducción del déficit puede esperar

Adiós a la reforma de las pensiones, que cede el paso al Ingreso Mínimo Vital

La prioridad política y la urgencia social anulan los plazos previstos para la aprobación de la reforma de las pensiones y aplaza la reducción del déficit de la Seguridad Social
Juan José González
El Ingreso Mínimo Vital trunca las medidas de ahorro previstas en la reforma de las pensiones. No hay nada en esta crisis sanitaria que haya conseguido mantenerse en la misma situación ni en los mismos términos que antes del estado de alarma. Y la reforma del sistema de pensiones, que ya había comenzado a dar algunos primeros pasos prometedores no iba a ser la excepción y deberá esperar. Aunque tampoco era previsible que un nuevo inconveniente fuera a cruzarse en el proceloso camino de la tan esperada reforma como el Ingreso Mínimo Vital que seguramente será aprobado por el Gobierno antes de que finalice el presente mes. En principio, el fichaje de José Luis Escrivá como responsable del ministerio de Inclusión y Seguridad Social respondía, dado su carácter de experto en la materia, independencia y capacidad de resolución de problemas, respondía al interés y a la necesidad de urgencia de solucionar el atasco político (y técnico) de la reforma de las pensiones, una urgencia que el tiempo transcurrido desde febrero parece haber descendido de categoría de asuntos pendientes. Pendiente está, sin embargo, la solución al déficit como vacía se encuentra en estos momentos la hucha del fondo destinado a cubrir los saldos negativos que cada mes resultan del balance de ingresos y gastos de los nueve millones de pensionistas a los que mensualmente se devengan cerca de 10.000 millones de euros si la paga es ordinaria a los que deben sumarse otros 3.500 millones de euros por cada paga mensual extra, sea la que corresponde al verano o a Navidad.
Pero la coyuntura sanitaria a propiciado el cambio de criterio político en la gestión de prioridades para dar paso al Ingreso Mínimo Vital, aspiración política de los grupos que conforman hoy la coalición de Gobierno, aunque con discrepancias respecto al calendario de su aplicación. Todo transcurría por la senda de la estabilidad técnica y política en los trabajos de cambios en el sistema de la Seguridad Social, con el equipo de Escrivá volcado en tan trascendental reforma dada la urgencia que demandaba una caja vacía y el freno a toda costa del déficit de la Seguridad Social.

Plan de reforma que contaba con un amplio consenso político y que estaba llamado a ser el elemento clave para, entre otros, lograr un reequilibrio en el tratamiento fiscal de los planes de pensiones privados. En esta primera novedad de la reforma -el reequilibrio- se producirá el primer impacto en las pensiones privadas al perder parte o con el tiempo, la totalidad de los incentivos con los que cuentan los planes privados individuales, un cambio ya adelantado en algunos de los planes anteriores pero que no llegó a plasmarse en ninguna reforma, puesto que todas ellas fracasaron en su intento (Pacto de Toledo).

Podría ser este, el de la pérdida de incentivos de los planes privados individuales un primer asunto de choque con los grupos políticos que vienen defendiendo el papel de los individuales como generadores de ahorro y complementarios con la pensión pública. Pero es sin duda alguna el retraso en la edad de jubilación la medida estrella de la reforma de Escrivá, un nuevo movimiento de desplazamiento, más meses, más años, aumento gradual de la edad de jubilación con el único fin, quizá el único posible en el corto plazo, de conseguir ahorros para la caja de la Seguridad Social, habida cuenta que hoy día, el principal problema es financiero.

El retraso de la edad de jubilación, sin embargo, tiene un límite, o al menos, debe tenerlo, para lo cual la reforma contempla un sistema de incentivos (para el retraso de la jubilación) y de penalizaciones (para el adelanto) que servirá de complemento a las otras dos medidas de ahorro, esto es, a la pérdida de incentivos fiscales para los planes individuales y el retraso de la edad de jubilación. Entre ambas medidas, algunos cálculos estiman un ahorro para la Seguridad Social entre el 28% y 34%, sin duda un avance significativo en la resolución del principal problema que más aprieta: el déficit del sistema.

Sin embargo, las cuentas del ministro Escrivá tienen en la práctica un serio problema: que no se están cumpliendo los ahorros previstos tras el inicio de la aplicación gradual del retraso de la edad, es decir, que los cálculos iniciales no se están transformando en ahorros para el déficit de la Seguridad Social, estimados en el 10% anual. Por si no fuera suficiente, a la reforma del plan de pensiones le ha salido un competidor en el corto plazo: el Ingreso Mínimo Vital, con una demostrada urgencia social a la que ahora debe sumarse la relativa a la oportunidad política que no quiere dejar escapar una parte del Gobierno, razón que obliga a la reforma de las pensiones a ceder el paso, dada la prioridad del Ejecutivo, al gasto del Ingreso Mínimo Vital.

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