edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
02/06/2015

Sólo para probar

En Alemania proyectan reducir la variada y compleja estructura del Estado con la propuesta de una división de los Estados regionales que allí llaman länder. Son 16 estados federales con sus capitales y parlamentos, sus servicios y competencias. Todos tienen, básicamente, casi todo. En ese todo entran los impuestos que todos recaudan pero que también todos gastan. Y como todos tienen de casi todo, el casi no está exento de costes. Cuestan los funcionarios, los parlamentarios, los servicios, las instituciones locales. Es algo así como multiplicar un coste por 16 porque 16 son las administraciones locales o länder que hay que sostener, que hay que pagar. Y todo esto debe salir de dos bolsillos; de la Administración Central y del ciudadano. En líneas generales, esta es la situación.

También, como sucede con la vida misma, todos tienen sus deudas, algunos más que otros, y también distinto tamaño y recursos. Aprovechando que Alemania va bien, en casi todo pero en lo más interesante para la causa, como es el dinero, la riqueza y el trabajo, a más de un político vidente se le ocurre que por qué no simplificar lo complejo, reducir los problemas, los costes, aprovechar la fuerza mediante la suma de esfuerzos, etc, etc.

Tocar el mapa administrativo es tocarlo todo; el dinero, las empresas, los impuestos, las riquezas, la cultura, la educación, lo cual afecta a personas y a cosas. Es probable que quienes tienen en su mano la capacidad de propuestas de este tipo ya hayan hecho las cuentas. Las cuentas, sin embargo, tienen dos vertientes muy diferentes: la económica y la política. La primera parece que sale bien, ahorros, eficacia, simplificación de todo. Pero la segunda no sale ni a tiros.

Cuando Francia se propuso hacer una simplificación administrativa le dio por refundir, unir o fusionar regiones, cantones y demás. Y no parece que hubo mayor revuelo del previsto en estos casos. Se dijo entonces que Alemania e Italia tomarían nota. De España no se dijo nada; nadie se atrevió. Ahora Alemania anima el debate y puede decirse que lo planifica para que en cinco o seis años sea una realidad.

En esta península ibérica se podría empezar por fusionar algunos pueblos, alguno de ellos con dos habitantes, simplificaría el mapa, despejaría el calendario de fiestas y se ahorraría dinero público. Sólo para empezar, sólo para probar.

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