edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
03/02/2012

Ahora que no se queja Mourinho, lo hace Rosell

Antonio Cubero
La grave equivocación del árbitro y, sobre todo, su asistente, del Valencia-Barcelona, correspondiente a la ida de semifinales de la Copa del Rey, ha dejado con el trasero al descubierto al presidente azulgrana, Sandro Rosell. No sólo ha vulnerado la línea de cordura impuesta por Pep Guardiola de no hablar de los árbitros, sino que también ha vuelto a recrudecer el debate de siempre sobre el trato de favor que suelen recibir los dos grandes de la Liga, Barça y Madrid, por parte del colectivo arbitral. Esta vez le tocó a los azulgranas beneficiarse del error del colegiado González González al no sancionar la mano de Pinto fuera del área que hubiera supuesto su expulsión y, por lo tanto, haber dejado a su equipo con diez jugadores cuando apenas se había cumplido el primer cuarto de hora del choque.

No es la primera vez que Rosell sale chamuscado cuando se pone delante de los micrófonos y las cámaras para romper la calma reinante en las relaciones entre su club y el Madrid que últimamente venían  manteniendo un pacto de no agresión con el tema arbitral como arma arrojadiza. Cuando todo parecía que iba bien entre los integrantes de los dos equipos, e incluso con José Mourinho hecho un `santo varón´ sin meter el dedo en la herida arbitral aun sin cicatrizar del todo, Rosell lanza un “no, pero si” para quejarse de una temporada en la que, según él, la cosa “pintan mal” para el Barcelona con las decisiones arbitrales.

Ahora que no es un simple culé sino que es el máximo dirigente de un club con el poder del Barça, Rosell todavía no ha asimilado que si hay dos equipos en nuestro fútbol que no deben quejarse de los árbitros, uno es el suyo y otro, el Madrid. De ahí que la mano fuera del área de Pinto no debería dejar en un segundo plano la reacción de Rosell antes del partido de su equipo en Mestalla. Y aunque cabe perdonarle sus meteduras de pata debido a que aún viene demostrando una bisoñez y falta de experiencia, nada le justifica ni le da la razón para permitirse hacer valoraciones globales antes de terminar la temporada e incluso sugerir por elevación a los árbitros que lo normal sería equilibrar la situación.

Con sus quejas, que suele lanzarlas con pellizquitos de monja y rostro de nunca haber roto un huevo, Rosell ha vuelto a equivocarse al haber hecho caso omiso a su entrenador que recomienda cordura en  estos momentos de cierta zozobra del equipo. Cundo el Barça sólo habla sobre el terreno de juego, cuando dominaba a todos sus rivales no había tiempo para acordarse de que sus victorias también eran confirmadas por un colegiado de turno, como ahora también lo ha hecho en los cuatro partidos consecutivos empatados sin haber sido culpable de los fallos ante el gol de Messi y compañía.

Es posible que su bisoñez presidencial le haya traicionado y que si su intención  era presionar al estamento arbitral la infantil coartada se le puede volver no sólo en su contra, sino también en contra de su equipo. Por su culpa puede ser que a partir de ahora tendrá que cargar con el lamentable lastre de ver cómo sus futuros triunfos conseguidos en buena lid con su fútbol son puestos bajo sospecha.

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