edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
22/01/2014
Dividendos de 5 años en peligro
Josep Oliú, presidente de Banco Sabadell

Al Sabadell, muy justo de capital, se le indigestan las compras

Atascado en el presente y con incierto futuro, la entidad se verá obligada, de nuevo, a ampliar capital
Juan José González

Sube el grado de preocupación y la expectación por la deriva del Banco Sabadell, en el punto de mira de los analistas desde la última ampliación de capital (septiembre 2013) que supuso una inyección de 1.380 millones de euros, pero que al parecer resultan insuficientes para cubrir el agujero negro que arrastra la entidad. Ampliación en la que se dio entrada a dos socios internacionales: la cuarta fortuna colombiana (familia Gilinski) y el empresario mexicano Martínez Guzmán. Sabadell resuelve de golpe el principal y más urgente problema de la entidad, la insolvencia y que, tras la operación, sólo consigue aliviar. Para cumplir con Basilea III es probable que no le alcance ni con el recurso de los créditos fiscales. En todo caso, la operación era la clave para obtener más dinero en el mercado y ganar tiempo y liquidez como para hacer frente a la reestructuración del grupo financiero. Si bien la entidad se gana el reconocimiento del mercado, deja sin despejar las dudas sobre la viabilidad de la estrategia aplicada por Josep Oliú, presidente del grupo.

Recuerdan algunos inversores que la ampliación les sorprendió a muchos de ellos porque no confiaban en la capacidad del grupo para recapitalizarse y porque los directivos habían mantenido la idea de que con las sinergias procedentes de las numerosas adquisiciones, así como de la aportación de los esquemas de protección de activos y los créditos fiscales activados (DTA) sería suficiente para mantener el barco a flote. Con todo, el grupo sigue encallado en una especie de ciénaga que supone que casi la mitad de su core capital se mantenga en base a los créditos fiscales, por tanto, a mucha distancia de Basilea III, aspecto que analistas e inversores no pierden de vista.

Pero al margen de esta debilidad de las cuentas, presente en los informes que manejan los inversores, el Sabadell suscita las dudas propias de una estrategia de adquisiciones en el sector de incierto resultado y que según avanzan las previsiones de cierre del ejercicio no apuntan nada positivo, a excepción del beneficio neto, que logra acercarse a los 280 millones de euros como consecuencia de las abundantes plusvalías obtenidas de los movimientos de cartera (alrededor de 1.300 millones de euros). La ampliación del banco estuvo motivada por el elevado déficit de solvencia así como por las dificultades que encontraba el banco en un mercado financiero que desconfiaba de la línea de adquisiciones seguida por la entidad, y que reunía motivos suficientes como para pensar que estaba llevando a cabo un movimiento de huida hacia adelante.

Porque una ampliación llevada a cabo por una sociedad suele ser indicativa, o bien de ampliación de la actividad, lo que permite pensar que se va a conseguir mayor rentabilidad para los accionistas, o que por el contrario, la sociedad decide defenderse de una situación determinada, que bien puede ser un problema de pérdidas, morosidad o, como es el caso, por una deficiencia de capital de calidad, es decir: un problema de solvencia. De esta forma, es difícil que la primera parte del supuesto, la ampliación de actividad para dar más rentabilidad se produzca y sea más bien la segunda alternativa, la defensiva, la que cuente con mayor lógica en este caso. Sabadell lleva a cabo la ampliación forzado por el problema que representa su déficit de solvencia, el cual le puede cerrar los mercados y ahogar a medio plazo.

El grupo está obligado a hacer frente a un problema actual como es la cotización en el mercado bursátil, donde la ampliación de capital de septiembre ha podido perjudicar a los accionistas, con una pérdida de valor por encima del 25%, por tanto, una dilución que deja tocado al valor en el tramo final del año y comienzo de 2014. Por otro lado, la falta de credibilidad de la estrategia del grupo, está creando entre los accionistas algunas sospechas sobre el ritmo de generación de beneficios para los próximos años; en concreto, los resultados del período 2014/2019, lo que probablemente obligará a la entidad a realizar una nueva ampliación de capital (nueva dilución) para cumplir con Basilea III. Una situación que le pueden llevar a interrumpir el pago de los dividendos en estos próximos años.

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