edición: 3003 , Lunes, 6 julio 2020
22/01/2020
Nuevo récord... y nuevos problemas

Alarma en el turismo español ante la necesidad imperiosa de una reconversión

Modelo desfasado, normativa obsoleta y masificación creciente han generado un clima tóxico en un sector que ya muestra el rechazo en numerosas poblaciones y grandes ciudades
Juan José González
Séptimo año consecutivo camino de un nuevo récord en la llegada de turistas a España. El año recién finalizado se saldará con 84 millones de visitantes extranjeros y unos 93.000 millones de euros en ingresos. Sigue creciendo la primera industria nacional que parece estar ajena a los fantasmas de una ralentización económica inminente, la misma que ya provoca un leve cambio de tono en algunas cifras de actividad. Hay muchos mercados tocados por las incertidumbres, pero a pesar de todo, el país continúa siendo el preferido como destino de 84 millones de extranjeros. Si se tira de historia, para comprobar el comportamiento de la demanda turística en los últimos años, se podrá comprobar que, a pesar de que la oferta turística española ha contado con buenos destinos alternativos -competidores-, la demanda ha seguido creciendo. Incluso con los problemas de los turoperadores (con alguna quiebra sonada) que sufrió el turismo en el verano pasado, la afluencia de turistas no ha dejado de crecer. Lo que no oculta que el sector tiene un buen puñado de problemas sobre la mesa -o sobre la playa- que amenazan al sector de cara a próximas campañas. Hay nubes, asuntos pendientes de capacidad hotelera, falta de diversificación en su procedencia, es decir, siguen dominando los turoperadores, precisamente el canal más costoso frente a, por ejemplo, Internet. Pero ahora es la caída de la calidad y la masificación los asuntos más urgentes.
En los últimos años proliferan las reacciones de rechazo a lo que se da en llamar invasión turística. No debe ser para menos, pues en un país donde concurren 84 millones de visitantes extranjeros, o turistas, es relativamente sencillo que se produzca un rechazo creciente en especial en algunas ciudades o puntos de costa donde se concentran los visitantes. Y dicen que éste, el rechazo, es una primera forma de manifestación espontánea de la masificación. El problema es que detrás del rechazo, provocado por el numeroso turismo, viene una sensación tóxica de malestar que se puede transformar en actitudes hostiles, y esto ya es otro asunto más complejo.

en cualquier caso, el turismo es la primera industria de servicios del país, fuente de riqueza sin igual, generadora de empleo rápido, eventual pero que a la postre se convierte en actividad recurrente como fuente de riqueza, y que en más de un caso supone la actividad turística una suerte de monocultivo del que viven ciudades, comarcas y pueblos enteros. Sin embargo, en los últimos dos años, y especialmente en el pasado ejercicio, parece el turismo haber encontrado reacciones contrarias con el evidente efecto negativo hacia el buen trato y amabilidad históricos que han caracterizado a los españoles.

Se registran ya casos y situaciones que comienzan a indicar que los locales, los residentes de algunas ciudades, como Barcelona, ya se están movilizando para poner freno o coto a la afluencia masiva de turistas a la ciudad. Los ayuntamientos han comenzado a regular, no la actividad, sino el excesivo número de visitantes que se ha convertido en avalancha en algunos puntos de las ciudades y en horas concretas. Se une a este problema de masificación de visitantes la afluencia de otros colectivos que llegan también a las grandes ciudades como la población inmigrante, si bien esta última tiene otros problemas singulares, en origen, que la diferencia claramente de los visitantes turísticos. Pero en cualquier caso, los flujos de inmigrantes se suman a los visitantes en algunos puntos de la geografía española.

Llama la atención que la población de las ciudades donde se registran los mayores volúmenes de visitantes extranjeros, sea, junto a las autoridades locales, los que expresan el mayor rechazo hacia los visitantes extranjeros -caso reciente de Baleares- hasta el punto de ser rechazados por alquileres irregulares. Sería este un primer elemento de rechazo al que habría que sumar también el llamado turismo de borrachera que ahora ha conseguido traer de cabeza a las autoridades locales de Baleares.

Todo lo cual lleva a señalar al sector del turismo como un problema actual para la sociedad española, para las autoridades en tanto que difícil y costoso se muestra su control y que, definitiva viene a mostrar que se trata de una actividad económica escasamente regulada, con una competencia nueva (alquileres de pisos al margen de los circuitos habituales y legales) que incluso se sitúa fuera de la ley. Lo saben los grupos hoteleros, víctimas de la competencia desleal de un sector que actúa al margen de la ley y, por tanto, al margen de la imposición y contribución fiscal. Quizá sea éste otro de los aspectos que denuncia que la masificación de la actividad turística, además de destruir la calidad de la oferta española, poner en riesgo el empleo y la creación de riqueza de la primera industria nacional, necesita de un tratamiento legal de urgencia por parte de las autoridades y una reconversión del modelo tradicional de turismo. De lo contrario, habrá que despedirse de los récords anuales.

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