edición: 2577 , Jueves, 18 octubre 2018
17/11/2016
Y ahora, qué hacer con el superávit

Alemania, la ortodoxia fiscal se rebela contra su creador

En políticas de ajustes, la experiencia muestra que tan malo es pasarse como no llegar
Juan José González
Las buenas noticias quieren acompañar al Gobierno y a la economía necesitada de ellas en el arranque de la legislatura y, si no surgen sobresaltos siempre inesperados, facilitará la tarea para un cierre del año tranquilo. El escenario no puede pintar mejor, con el viento de cola para el empleo, la inversión y la economía al trote del 3,2%, quizá tan sólo afeado con unas cuentas públicas a las que no se consigue amansar. En cualquier caso, España encara la recta final del `año en funciones´ con el aprobado en la cartera, firmado por el grueso de los técnicos más evasivos y sarcásticos de la Eurozona, perdonada, exonerada de multas y de privaciones de fondos tan necesarios y vitales como merecidos. Esta podría ser la cara de un buen resultado, el premio por haber seguido al milímetro las consignas de la austeridad, de los ajustes y cortes dramáticos. La cruz, quién lo iba a decir, se la lleva ahora Alemania, el líder europeo, el más fiel y obediente seguidor de sus propias consignas económicas que hoy comprueba cómo su tradicional locomotora apenas resiste al ralentí.
Paradojas de la austeridad, de las recetas radicales aplicadas a la crisis económica, Alemania, la locomotora europea y una de las más veloces y fuertes del mundo desarrollado, no pasa por sus mejores tiempos. Maestra su clase dirigente en el manejo y aplicación de las recetas fiscales a ultranza, la economía, su objetivo último, sufre ahora el revés de sus políticas de austeridad, las mismas que ha impuesto a la quebrada Grecia y a los socios en precario. La ortodoxia fiscal se ha dado la vuelta y se rebelado contra su creador.

El escenario muestra un país emborrachado en su mismo superávit fiscal con el que no sabe o no puede hacer nada. Exportador clásico, potencia comercial por su balanza exterior, con las arcas repletas, sin facturas pendientes y leves problemas internos, el exponente del rigor y la disciplina germana, le fallan ahora los compradores, los que nunca habían faltado a la cita. Ingleses y franceses, americanos y chinos, sus principales mercados, por diferentes razones, han frenado su demanda y Alemania ha tenido que cerrar la puerta de la exportación. Algo ha fallado en las políticas de austeridad, quizá su profundidad, o su insistencia o quizá su prolongación en el tiempo. Pero Alemania no crece, está estancada por debajo del 2%.

Es probable que el freno de la maquinaria económica alemana se haya producido en un momento oportuno, clave, pues cabe sospechar que, a tenor de los nuevos acontecimientos, diarios, que emite el futuro presidente de EE UU, las expectativas para el año próximo y siguientes, admite todo tipo de hipótesis y sugerencias. En este escenario, el freno de la economía alemana parece ser el mejor revulsivo para certificar el cambio de las políticas de ajuste por otras más acordes con el principio de una expansión. Puede que haya llegado el momento para comprobar que el Plan Juncker existe, los 630.000 millones de euros que pensaba movilizar en la recuperación europea.

El fin de la austeridad a ultranza que parece anunciar el freno de la economía germana, quiere ser escenificado por los tecnócratas de Bruselas, sin embargo, como una vuelta a la normalidad con la puesta en marcha de un `ambicioso´ programa de inversiones por parte de los países que no estuvieran en situación de desequilibrio financiero público, lo que equivale a limitar en exceso el programa en cuestión. Un programa que trataría de mover unos 50.000 millones de euros a partir del próximo ejercicio fiscal. No se espera un fuerte rendimiento de una cantidad tan pequeña si se tiene en cuenta que el objetivo que persigue es de ámbito europeo lo que limita seguramente su efecto como estímulo para el crecimiento.

Quizá la comprobación de que las políticas económicas de la austeridad, convertidas en dogmas de fe, incontestables, o bien se han agotado con el paso de los años, o bien no han servido para demostrar que, incluso en el caso de que se cumplan, y Alemania lo ha hecho, no son una garantía de eficacia, y por tanto, tampoco de resolución de todos los problemas. En adelante, habrá que tener cuidado con los ajustes, consolidaciones y demás reglas que conforman la ortodoxia de las finanzas, basadas en la austeridad, pues todo indica que tan malo es pasarse, y ahí está Alemania, como no llegar, caso de España, Portugal y otros-.

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