edición: 3100 , Miércoles, 2 diciembre 2020
20/05/2014
Compite por atraer la inversión

Alemania aprovecha el repunte de la economía para capitalizar su banca

En la antesala de las pruebas de estrés, ponen en marcha ampliaciones de capital
Juan José González

Gran preocupación de las autoridades alemanas por los problemas de la banca española. La inquietud germana registraba su cota máxima hace exactamente un año, y coincidió con una campaña iniciada por varios portavoces del Ejecutivo alemán, que mostraba su descontento con las autoridades españolas por no haber aceptado los 100.000 millones de euros de las ayudas de Bruselas para `salvar´ la banca española. El interés germano en desviar el foco de atención hacia el sector bancario español era entonces tan grande como es hoy la sospecha sobre los males y problemas que esconde la banca alemana, y que en el último año han venido mostrando los resultados y los movimientos de Commerzbank y de Deutsche Bank, por citar a los dos más sobresalientes.

Un año después, con el sector bancario español en la fase final de la reestructuración, el foco parece dirigirse, sin excusas, hacia la banca alemana, encubierta por las autoridades, tapada, oculta y a resguardo de las advertencias de Bruselas, curando el agujero que arrastran sus principales bancos.

Y ahora, un año desde aquella `denuncia´ sobre las debilidades y agujeros de la banca española, la luz deja al descubierto, una vez más, las debilidades y `vergüenzas´ de la germana, obligada por el timing fijado por el BCE a cumplir los nuevos mínimos del capital de base (Tier 1). Un año han tardado en abrir el armario de la banca alemana las evidencias y la realidad del olor a muerto de una buena parte de los bancos alemanes. A principio de año fue el Commerzbank el que se presentaba en público anunciando (reconociendo) pérdidas en su balance como consecuencia de la suspensión de pagos de su filial en Detroit. El descalabro de aquel negocio en EE UU motivó el rescate público alemán y la entidad logró sobrevivir gracias a la ayuda del Estado.

En esta ocasión, es el Deustche Bank el `abanderado´ de la crisis bancaria germana, el centro de los problemas financieros y, para muchos socios de la Unión, el foco de la preocupación, al entender que los problemas en una entidad sistémica echarían por tierra buena parte del saneamiento del sector en estos años. Con Deustche se confirman las debilidades conocidas de la entidad, principalmente, su insuficiente capitalización, en particular en un momento en el que la mayoría de las entidades bancarias europeas se preparan para unos exámenes que serán decisivos para el futuro. Pero la insuficiencia de capital no es el único problema.

Son conocidas las debilidades de la banca alemana por la fuerte presión en los márgenes, consecuencia de la fuerte competencia y de la falta de producción crediticia. También la rentabilidad es baja y la ratio de eficiencia se sitúa en niveles del 70%, comparativamente muy lejos de la española. Por otra parte, la recesión en el resto de Europa, vista desde Alemania, ha causado un deterioro en las pymes germanas exportadoras. Y finalmente, y debido a la falta de capital, las entidades alemanas se han visto obligadas a un fuerte endeudamiento y dejando al descubierto su baja capacidad para absorber las pérdidas.

La actitud protectora germana hacia su sistema bancario, ha sido motivo permanente de desconfianza. Una postura cerrada y necia como la mantenida por su Gobierno, llamó la atención general con ocasión de las pruebas de estrés, a las que tan sólo permitieron que acudieran doce de sus bancos (frente a las 25 españolas). Igual resistencia de las autoridades políticas y financieras del país a propósito de la creación del supervisor bancario único.  

Los problemas de Deutsche eran conocidos, como también lo eran sus necesidades de capital. A finales del pasado año las autoridades financieras germanas habrían recibido de la entidad una solicitud de fondos por valor de 100.000 millones de euros. El argumento de la petición se basaba en el ajuste del valor patrimonial que correspondería a los accionistas del banco en caso de  liquidación. La cifra, curiosamente, no parece que causó mayor preocupación, a pesar de que la gravedad de la situación forzaba a las autoridades a llevar a cabo una inyección de fondos inmediata, pero que no se produjo.

Por contra, el Gobierno alemán se mostraba más atento a la evolución del sistema bancario español, por el riesgo y la exposición que mantenía a la economía española, menor a la que podía tener en Grecia o Italia. Las autoridades germanas, convencidas de los riesgos de sus entidades en España, entendieron que la mejor forma de asegurar el cobro de sus deudas pasaba por asegurar las ayudas ofrecidas por la Unión Europea a España, no sólo las empleadas para Bankia, sino también los 60.000 millones restantes de la `oferta´, al entender que eran la mejor garantía de cobro de las deudas.

Y ahora la oportuna `salida del armario´ de los bancos alemanes, como el Deutsche, dejando al descubierto sus debilidades de capital, supone una desviación de los flujos de inversión que estarían estudiando las oportunidades que le brinda la nueva coyuntura económica en la Eurozona. Capitales a los que la banca alemana ofrecerá sus numerosas ampliaciones de capital en marcha.

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