edición: 28267 , Jueves, 17 octubre 2019
16/10/2013

Alemania arremete contra la posibilidad de usar el Mecanismo de Estabilidad para tapar los déficit de capital en la banca

El acuerdo para entregar la supervisión bancaria al BCE enmascara una batalla sin cuartel en el seno de la UE
Carlos Schwartz

Mientras los funcionarios de la Comisión Europea cantaban loas al acuerdo alcanzado para que el Banco Central Europeo (BCE) realice las pruebas de esfuerzo de la banca europea en noviembre de 2014 Alemania dejaba claro en la reunión del ECOFIN que no estaba dispuesta a aceptar que se tirara de los recursos del Mecanismo de Estabilidad Europeo (ESM, por sus siglas en inglés) para tapar los agujeros de capital que la supervisión detecte. El ministro de finanzas alemán Walter Schauble enfatizó que antes de que se utilicen los recursos de la unión monetaria deberán ser los bonistas de todo tipo, es decir de deuda subordinada y no subordinada, los que soporten el peso de la capitalización necesaria.

Esta exigencia supone la conversión forzosa en capital de todo tipo de instrumentos de inversión a plazo emitidos por los bancos. Aunque de momento Alemania no considere a los depósitos como objeto de capitalización bancaria, como fue su exigencia en el caso de Chipre, si la deuda bancaria sufre una conversión forzosa en capital la única forma de evitar la fuga de depósitos de los bancos sería echar el cerrojo sobre ellos.

En realidad, ha sido la resistencia de Reino Unido a suscribir el acuerdo sin obtener garantías sobre sus derechos de voto en el seno de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) lo que ha retrasado el acuerdo para la supervisión por parte del BCE. En el fondo de la cuestión uno de los elementos que genera conflictos es el hecho que algunos países que no son miembros del euro están dispuestos a formar parte de la Unión Bancaria que es lo que está en discusión.

Finalmente los británicos han obtenido las garantías que esperaban. Pero esta concesión sólo ha allanado la etapa de superivisión que se supone puede tardar hasta bien entrado 2015. Alemania se sigue oponiendo frontalmente a una recapitalización directa de los bancos y a créditos destinados para ese objetivo canalizados a través del estado nacional en el cual se detecten bancos con necesidades de capital, como ha sido la experiencia de España sin que antes sucumban los bonistas tras los accionistas. Ahora buena parte de las suspicacias se dirigen hacia la banca italiana, aunque los analistas consideran que si persiste el deterioro de las carteras de crédito en toda Europa el problema no se limitará a un par de países. “Todo es cuestión de dimensión y la sumatoria de déficit puede ascender a una cantidad significativa” de acuerdo con una fuente bancaria consultada por ICNreport.

 El asunto mantiene en ebullición a los pasillos de Bruselas y en las últimas semanas han circulado de mano en mano borradores de todo tipo con propuestas que se centran en las reformas necesarias para que el ESM pueda destinar recursos a la recapitalización bancaria. Sin embargo, la conciencia de que este objetivo requiere cambios legislativos en el Parlamento Europeo y acuerdos de alta complejidad, llevó hace escasamente una semana al Comisario de Mercado Interior, Michel Barnier, a intentar un acuerdo tangencial con Alemania para que sea la Comisión Europea quien tenga capacidad transitoria para la resolución de las crisis bancarias hasta que un mecanismo idóneo sea puesto en marcha. Pero ninguna de esas propuestas encaja en la cerrada posición de Berlín que exige que antes que los ciudadanos europeos paguen la factura deberán ser los inversores los que aporten capital a los bancos en dificultades. Todo el debate tiene su piedra de toque en otro peldaño de la escalera. Es el peldaño suelto que ata las carteras de inversión de la banca europea a la deuda soberana. La posibilidad de que haya déficit de capital en bancos europeos ha despertado temores a que se reactive la crisis de la deuda en la zona del euro.

La Comisión Europea se ha embarcado desde el pasado mes de mayo en el diseño de normas comunes para que los inversores absorban pérdidas en caso de crisis bancarias. Tanto Mercado Interior como la Comisaría de la Competencia han señalado la necesidad de que haya un conjunto de normas comunes para impedir que los bancos de los países con mayor estabilidad financiera sean considerados destinos más seguros para el dinero de los inversores.

En realidad este criterio es poco eficaz en tanto que la uniformidad de las normas no borra las fronteras económicas en el sentido de la dimensión del producto interior bruto de cada país, la de sus bancos o su tasa de crecimiento económico. La cuestión es que Alemania propone ir más allá y considerar a los titulares de deuda no subordinada candidatos a perder sus ahorros. El endurecimiento de las posiciones de Alemania respecto de la solidaridad entre los países miembro de la Unión Europea y de la Unión Monetaria respecto de asuntos estratégicos como la Unión Bancaria es el efecto de la consolidación en el poder de la canciller Angela Merkel que ha llevado al abandono de cierto grado de flexibilidad puesta de manifiesto en el pasado reciente.

Desde 2008 la Unión Europea ha destinado 1,6 billones de euros de sus contribuyentes al saneamiento bancario y no menos de 60 bancos han sido reestructurados o cerrados bajo la atenta mirada de la CE. El problema es que la persistencia de la crisis económico y la baja tasa de crecimiento que se prevé para el futuro mediato erosiona las carteras de crédito de la banca europea de forma constante. La tasa de morosidad crece en toda Europa poniendo en tela de juicio si el capital de hoy será suficiente mañana.

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