edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
28/09/2011
Cambio de papeles en la crisis europea
Angela Merkel

Alemania controla en solitario el default griego

Italia en el centro de los focos mientras España abandona la primera línea de fuego
Juan José González

Si algo ha quedado claro en la última reunión del G-20 es que no es posible tensar mucho más la situación económica mundial porque el riesgo de recesión global ya comienza a ser verosímil. Con esta convicción, los economistas y políticos reunidos en la jornada del fin de semana, acordaron poner en marcha un plan que hará frente a los problemas y evitar una nueva recesión global, lo cual significa el reconocimiento de que la economía se encontraba en la antesala de esa situación. Ahora, la posición alemana parece estar considerando, también, una nueva postura, más económica que política, más realista y con signos de estar coordinada con el resto de problemas, como los sociales, que ya comienzan a pesar cada vez con mayor fuerza. Y parece, igualmente, que se ha llegado a un consenso por el que el principal problema que puede poner en peligro al euro, pasa por resolver definitivamente el caso de Grecia: el resto viene en cadena.

Algo esta cambiando en la posición de Alemania en las últimas reuniones internacionales. Algún síntoma en las posiciones defendidas por sus economistas parece indicar que hay nuevas órdenes oficiales de la cancillería. Sin conocer, ni meridianamente, quiénes son los asesores económicos del Gobierno alemán, economistas y políticos, funcionarios y representantes del poder político germano, exhiben estos últimos días un aire de sorprendente relajación. Actitud que contrasta con el carácter más angustiado de los franceses, receloso en los italianos ante la extraña debilidad de su Gobierno y, por supuesto, un contraste peculiar el que se da con los españoles, que se saben viven –sobreviven- en la adversidad, lo que les proporciona un aire de fortaleza provocado por estar habituados a vivir en situación de alta presión y fuerte tensión ambiental.

Alemania da por hecho, parecen escenificar sus economistas, que el problema de Grecia se encuentra en vías de solución, y que el único asunto ahora es, más que el volumen de dinero que necesita el país –el problema- gestionar los tiempos. Convencidos los inquilinos de la cancillería de que muy pocos o casi nadie se cree ya que los socios de la Eurozona, los 17 Estados, dejen caer al país heleno, y mucho menos que Grecia vaya a abandonar el euro –la disciplina ya la abandonó hace cinco años- tan sólo les queda hacerse más líderes de la gestión de la crisis. Alemania se sintió complacida e identificada con las conclusiones de la cumbre extraordinaria del mes de julio, y convirtió las conclusiones de la misma en su hoja de ruta.

Merkel -insistir en que se desconoce sus actuales asesores- intenta evitar por todos los medios lo que denominan sus economistas ‘monetización de deuda encubierta’, algo que se logra siguiendo el plan de la cumbre de julio. Aspecto que en la última reunión del pasado Ecofin no se modificó. Pero ahora entra en juego la nueva táctica germana de gestionar los tiempos (gestionar el default técnico griego) de ahí las numerosas reclamaciones de los Gobiernos de los 17 de la Eurozona para que se agilicen los trámites y las decisiones. En este apartado es donde los economistas alemanes parecen estar más relajados que el resto de colegas franceses, italianos y españoles, todos ellos afectados por una cierta frustración en la lentitud de respuesta tanto de los Gobiernos como de los bancos centrales.

A la pasada cumbre del Ecofin se llegó, por parte de la mayoría de los socios, con un mensaje de la directora general del FMI, Christine Lagarde, que apuntaba, como consejo, la necesidad de una nueva recapitalización de la banca europea. Tras las reacciones contrarias a los consejos de Lagarde, vino un numeroso y disperso bloque de países de la Eurozona que estaba de acuerdo con la responsable del Fondo. Sin embargo, ese acuerdo con Lagarde, sólo lo fue en el fondo, puesto que de la forma no se habló para nada, es decir: todos identifican el problema y la solución, pero ninguno propone planes, entidades y cantidades concretas, lo cual significa más incertidumbre y dudas, y, por supuesto, provoca que los inversores se posicionen, ante las dudas, en el refugio del bono alemán.

La situación económica, inmersa en un lento y progresivo deterioro, esta provocando una tímida reacción política ante la presión del desempleo, particularmente dramático en España. Pero la recapitalización de la banca europea, que alcanza a entidades españolas, como se ha encargado de filtrar la autoridad bancaria del continente, pasa por concluir, de una vez, la recapitalización de las cajas de ahorros, una situación en la que el Frob comienza a dar síntomas de ineficiencia.

En esta situación, a la economía española parece haberle tocado en suerte un elemento inesperado: la crisis italiana, gracias a la cual el centro de atención se ha desplazado hacia una pieza de mayor calibre como es Italia. Los inversores, desde el momento en que economistas, inversores y demás, descubren problemas en las cuentas de un Estado, como es el caso italiano, orientan sus focos con intensidad hacia el objetivo. Y de esta forma, el mercado español ha dejado de estar tan expuesto al ciclón. Inversores que tienen en cuenta el comportamiento del sector exterior, de la productividad y de los precios, aspectos en los que la posición de la economía española marca diferencias notables a su favor como en contra de los italianos.

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