edición: 2596 , Jueves, 15 noviembre 2018
15/07/2011
EL DEDO DE MADOZ

Alemania frustra una reunión en Bruselas hoy gestionada por van Rompuy

La oposición al cónclave renueva la turbulencia en los mercados de acciones y deuda
Rompuy (izq) y Zapatero tras la reciente renuión de ambos en La Moncloa
Carlos Schwartz

Alemania y Holanda frenaron en el aire el intento de forzar para hoy una reunión de jefes de estado en Bruselas con el objetivo de imponer a estos dos países un acuerdo sobre el nuevo plan de ayuda financiera a Grecia. La reunión que el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, gestionó entre varios países el pasado 12 y 13 de julio perseguía el fin de acordar la intervención coordinada de Europa en la compra de deuda pública de Grecia y encontrar una fórmula colectiva de financiación de la crisis. La iniciativa había sido alentada por algunos de los países del sur y Francia con la esperanza de imponer el nuevo plan de ayuda a Grecia. El presidente Zapatero, el martes pasado en una rueda de prensa conjunta con van Rompuy, apuntó hacia “los países más poderosos de la zona euro” como responsables de la falta de acuerdo.

Pero el hecho de que el Gobierno español rompiera una lanza en favor de un acuerdo que arropara a Grecia a través de la compra de deuda pública mediante el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), o que Italia lanzara ayer agrias críticas a la falta de resolución de la nueva ayuda a Grecia no han movido a Alemania y Holanda de su negativa a aprobar un plan sin quitas para los acreedores. Lo que es peor, dejó al desnudo que la operación que dio por sentado ante la opinión pública que habría una reunión hoy viernes fue diseñada por un grupo de países a espaldas de Alemania y Holanda que reaccionaron afirmando que sólo irían a una reunión cuando hubiera acuerdo sobre la financiación de la ayuda.

Está claro que la canciller Angela Merkel ha considerado que una tal reunión era una verdadera encerrona y que de asistir a ella debería aparecer ante la opinión pública una vez más como la responsable de la reacción de los mercados ante la deuda soberana de los países europeos. Sin embargo la negativa a concurrir deja al descubierto que Alemania ha decidido romper con el principio de solidaridad entre los países de la UE e imponer el modelo de reparto de los costes de financiación a los países con problemas de solvencia a los inversores privados. Es decir, fundamentalmente a la banca de esos mismos países y los bonistas.

La negativa a una reunión es un claro rechazo a las propuestas del Instituto de Finanzas Internacionales que hizo llegar un documento en favor de la compra de deuda soberana en apuros por parte del FEEF el pasado 11 de julio a la mesa de deliberaciones del ECOFIN. El plan, que cuenta con el respaldo del Banco Central Europeo (BCE) ha entrado de momento en la vía muerta. El fracaso de la convocatoria también ha puesto de relieve que los países favorables a esta salida carecen de fuerza para imponer su criterio a Alemania, y que además sólo son capaces de pensar en términos de corto alcance, como las maniobras de aparato para convocar una reunión entre gallos y media noche. Han sido incapaces de generar un debate transparente sobre los destinos de la UE y los mecanismo para sortear la crisis de la deuda soberana. Esta situación tendrá sin dudas sus consecuencias sobre los mercados de acciones y deuda en el corto plazo.

Estas divergencias continuadas se desarrollan además en casi todos los frentes que tocan a la vida económica europea y tienen al sistema financiero como epicentro. Se acaba en soluciones de compromiso que no hacen más que minar la confianza de los inversores y crean turbulencias en las que los especuladores se ponen las botas con espuelas de oro y todo. Es previsible que el BCE salga una vez más a apagar los incendios, mientras pueda.

Las pruebas de esfuerzo que se darán a conocer hoy son otro ejemplo de los acuerdos de último momento. El concepto de capital principal para las pruebas de esfuerzo de la Autoridad Bancaria Europea fue objeto de interminables negociaciones sin que se llegara a un acuerdo satisfactorio para todas las partes. En lo que afecta a la banca española lo más destacable sigue siendo el hecho que los bonos de conversión obligatoria en acciones, que para el Banco de España son un instrumento de capital de primer orden, siguen sin computar al igual que las provisiones anticíclicas que son un colchón de amortiguación de crisis. Pero su detracción figurará en una nota al pie del informe.

Sin embargo, lo más serio de todo respecto a estas pruebas de la ABE es que sus resultados deberían haberse publicado entre principios y mediados de junio, y lo harán un mes más tarde. El retraso se debe a que los resultados presentados por la banca de algún país no eran creíbles, y se debió corregir algún criterio que hiciera a esos resultados más aceptables.

Sin contar con que ayer un landesbank, Helaba, se retiró de las pruebas para evitar aparecer ante la opinión pública como reprobado en las pruebas de esfuerzo. De acuerdo con el banco esta situación se debe a los criterios de definición del capital que excluye a ciertas participaciones mantenidas por el estado en dichos bancos. Pero este es solo un detalle. A principios de junio el director de BaFin, Jochen Sanio, que es el principal regulador bancario de Alemania, dijo que las normas con las que se definía el capital de los bancos por parte de la ABE eran “arbitrarias”.

Hay una dosis significativa de soberbia por parte de la gran Alemania que ha decidido repartir los costes de la crisis de la deuda soberana. No solo por estas batallas parciales, sino porque su posición de fortaleza financiera le permite, de ser necesario, limpiar de deuda soberana Griega la cartera de los landesbanken y de la gran banca privada. Esta es una forma indirecta de hacer que el resto de los bancos del eurosistema cuyos estados carecen de los excedentes de balanza de pagos que Alemania obtiene del resto de Europa, incluida España, sufran más las eventuales quitas. Es decir que la propuesta de que los inversores privados paguen parte de los costes de la refinanciación de Grecia es un riesgo calculado para Alemania y un traslado de los costes a la banca de países más débiles.

La cerrada oposición del BCE refleja la actitud de los reguladores del resto de los países europeos, entre ellos el Banco de España. Pero además, el presidente del BCE Jean-Claude Trichet, cree firmemente que un traslado de la crisis de la deuda soberana griega a los inversores particulares va a ocasionar consecuencias financieras internacionales más graves que la quiebra de Lehman Brothers. Habrá que ver si esto es finalmente así, porque no parece que el resto de Europa, incluida Francia, puedan cambiar el curso de los acontecimientos determinados por Alemania y otros países del norte de la UE. El plan germano es postergar hasta septiembre la resolución de este problema. Habrá que ver si los inversores internacionales dan ese margen a Merkel.

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