edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
22/02/2019

Alemania y Rusia negocian cómo adaptar el Nord Stream 2 a las nuevas normas que aprobó la UE

Las condiciones para la llegada de gas a un país miembro van a condicionar el futuro de los gasoductos
Carlos Schwartz
Aprovechando el desarrollo de una conferencia sobre negocios ruso germanos en Berlín el ministro de Economía alemán Peter Altmayer y el ruso Maxim Oreshkin se dedicarán a la difícil tarea de adecuar el gasoducto Nord Stream 2 a las normas acordadas la semana pasada por el Parlamento Europeo y los ministros de la Unión Europea tras la aprobación del paquete por parte de una reticente Francia. El pacto no excluyó la posibilidad de que el segundo gasoducto para la entrega de gas ruso a Alemania entre en funcionamiento a finales de este mes, pero lo condicionó fuertemente y lo dejó bajo la supervisión de la Comisión Europea en materia de cumplimiento de las nuevas normas. Altmayer, quien negociaba ayer con Oreshkin, señaló al respecto en círculos diplomáticos que el consorcio va a cumplir con todos los requisitos establecidos, aunque no hay hasta ahora ninguna aproximación de cómo se va a lograr ese objetivo.
Rusia ha pugnado por ocultar el enfado por la interferencia en este proyecto. Un bloque de países del este europeo reaccionó con energía al proyecto y libró una batalla de años contra el gasoducto que supone reforzar los lazos comerciales en materia de gas entre Alemania y Rusia. 

El grupo opositor está formado por los países bálticos y Polonia, dentro de la UE además de Ucrania en su núcleo duro, y cuenta con el apoyo de un grupo de países del norte de Europa como Finlandia y Dinamarca. Las posiciones inicialmente débiles de este núcleo se vieron muy reforzadas por la oposición abierta y vociferante de Donald Trump, quien amenazó a la canciller Angela Merkel para que Berlín desistiera del proyecto en una cumbre de la OTAN el año pasado.

El consorcio del Nord Stream 2 es similar al de su homónimo que estrenó el suministro directo de gas a Alemania por debajo del Báltico para evitar el tránsito por Ucrania. Parte de la reacción de los países de Europa del Este tiene que ver con la pérdida de ingresos que supone para Kiev la derivación del gas para Europa, sin pagar peaje a Ucrania por el tránsito a través de su territorio. Hasta la aparición del Nord Stream 1 todo el gas ruso que llegaba a Europa lo hacía a través de Ucrania lo que provocaba serios trastornos por los interminables litigios entre Kiev y Moscú por el precio del suministro de gas a Ucrania y los derechos de peaje, con interrupciones de suministro. La agudización del conflicto en torno a la dependencia energética europea de Rusia ha sido resultado de la invasión rusa a Crimea y la guerra en la frontera de Ucrania. 

Los acuerdos alcanzados la semana pasada, anunciados por el Comisario Miguel Arias Cañete, establecen en primer lugar que todos los gasoductos que entren en territorio de la UE por tierra o por mar, deben someterse a la legislación europea. Las normas establecieron que ningún suministrador de gas puede ser propietario de un gasoducto de forma directa, lo que choca con la estructura del Nord Stream. Además excluye la aplicación de tarifas discriminatorias, debe mantener un registro transparente de los despachos de gas, y al menos un 10% de la capacidad debe ser ofrecido a terceros. El acuerdo establece que el país destinatario del gas, en este caso Alemania, es responsable de aplicar las normas europeas.

La sociedad Nord Stream 2 es propiedad de  Gazprom y tiene cinco financiadores: Engie, OMV, Shell, Uniper, y Wintershall. Las nuevas normas de la UE obligarán a replantear la estructura de South Stream 2. Gazprom se ha negado a comentar como estas afectarán  las operaciones del gasoducto afirmando que “es demasiado pronto” para dar una respuesta. Señaló además en una nota de prensa que Alemania no ha tomado aun ninguna decisión sobre si y como va a implementar las medidas de la UE. 

Por su parte, Altmayer se negó a decir si Gazprom se verá forzada a dar entrada a terceros en el suministro del gas. “Estamos en el comienzo de un proceso muy importante y no puedo predecir los resultados”, afirmó al respecto. La empresa gasista rusa tiene el monopolio por ley del gas en Rusia y no está claro de qué forma podrá adjudicar capacidad para el transporte del combustible a terceros, es decir a otros proveedores. La reciente aprobación de las normas ha dejado en una nebulosa su aplicación y habrá que esperar a un proceso de consultas para una mayor definición de su alcance.

La aprobación de las nuevas normas para la entrada de gas por gasoductos en Europa ha sido motivada por la oposición de una parte de los estados miembros al proyecto, pero es indudable que el conjunto de normas va a afectar en el futuro a otros proyectos de gasoductos, si es que eventualmente son considerados. Está claro que la motivación más profunda de Nord Stream 2 es el progresivo agotamiento del gas en el Mar del Norte y la aspiración de Alemania de tener la llave del suministro del gas para el norte de Europa. 

El objetivo es doble, monopolizar el negocio de distribución y comercialización de un lado y bloquear otras fuentes alternativas de suministro. La entrada de gas por el Mediterráneo, por la vía del proyecto South Stream negociado entre Gazprom y la italiana ENI, fue bloqueado políticamente por el problema del paso a través de terceros países a instancias de Alemania, que buscaba preservar su dominio del suministro de gas ruso. 

España es el país receptor del gasoducto Medgaz cuya estructura de capital tampoco cumple con las nuevas normas europeas, algo que no lo afecta puesto que ya está operando hace mucho. Pero si afectarían a cualquier intento futuro de aprovechar la proximidad de España a los países del norte de África productores de gas para la construcción de una segunda vía de abastecimiento con destino a Europa. España no ha librado ninguna batalla seria para ser una alternativa de suministro a Europa, y sus interconexiones gasistas con Francia, que sería la puerta de entrada inevitable, no acaban de materializarse. Lo cual es una indicación de la incapacidad de sucesivos gobiernos de gestionar algunas de las ventajas comparativas respecto de otros países de la UE.

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