edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
13/12/2019

Alemania y Rusia rechazan las sanciones contra el gasoducto Nord Stream 2 del Congreso de EE UU

Las medidas para impedir la finalización del proyecto están contenidas en un paquete de Defensa
Carlos Schwartz
Alemania y Rusia reaccionaron con energía ante la decisión del Congreso de Estados Unidos de aplicar sanciones contra las empresas subcontratadas para la construcción del gasoducto denominado Nord Stream 2 destinado a llevar gas desde los campos de producción rusos hasta Alemania a través del Mar del Norte. “La política energética de Europa se decide en Europa. No en los Estados Unidos. Nos oponemos en principio a intervenciones desde el exterior, y a las sanciones extraterritoriales”, declaró el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas. La línea submarina de transporte de gas con un coste del orden de los 10.000 millones de euros está en construcción desde hace un año, y ha sufrido varios intentos de oposición incluso desde dentro de la propia Unión Europea (UE) por la resistencia de los países del este de Europa, en especial Polonia, Estonia y Lituania, con el apoyo en determinados momentos de Holanda. El gasoducto es una línea suplementaria de abastecimiento paralela al ya existente Nord Stream 1. El consorcio de los dos gasoductos tienen una participación dominante de la rusa Gazprom (51%), pero en el capital de las sociedades están presentes varias empresas europeas con sede en Zug, Suiza.
Los cinco socios, aparte de la gasista rusa, son Wintershall DEA, PEG Infrastruktur (E.ON), Nederlandse Gasunie y Engie. Alemania considera al consorcio un negocio privado en el cual las opiniones geopolíticas no se deben tener en cuenta. Por su parte las naciones del este europeo acusan a la red de gasoductos como una operación de Moscú para sortear el escollo de Ucrania. Hasta la construcción del Nord Stream, el gas ruso llegaba a Europa del norte a través de un gasoducto que atraviesa territorio ucraniano. Esto ha supuesto considerables enfrentamientos entre ambos países porque Kiev cobra por el peaje de gas de un lado, y del otro se abastece de su ex aliado ruso. 

El ajuste de las tarifas de gas por parte de Gazprom, y su liberalización, desembocaron en duros enfrentamientos con Kiev que exigía precios regulados. En el pasado Ucrania llegó a paralizar el suministro de gas a Europa como forma de presionar a Moscú por el precio del combustible. Efectivamente esquivar este escollo no sólo está en el interés de Moscú, sino también de Alemania en el sentido que el control de los gasoductos Nord Stream implica aumentar la seguridad energética de Alemania y un negocio considerable por la reexpedición de gas a otros países.

Estados Unidos considera que Nord Stream debilita la posición de Ucrania ante Rusia en la medida que si Kiev siguiera manteniendo la llave del suministro de gas de Europa del norte su capacidad de hacer frente a Moscú se vería ciertamente reforzada. Y más aún, daría la oportunidad a Estados Unidos de una intervención diplomática, y si fuese necesario militar, en Europa del este en defensa de su aliado, es decir Ucrania. Que detrás de esta puja hay además consideraciones económicas clave ya ha sido revelado por el propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien presionó hace dos años a la canciller Angela Merkel para que frenara el gasoducto y le sugirió que sustituyera el abastecimiento ruso por el estadounidense mediante el gas natural licuado. 

La dramática caída del precio del gas en el mercado estadounidense ha puesto en pérdidas a muchas empresas petroleras y de gas no convencionales de ese país, y a algunas grandes infraestructuras de gas estadounidenses en el mundo, porque la venta del gas no paga los costes operativos y la amortización de los proyectos. Impedir el suministro de gas ruso a Europa abriría un mercado que podría mejorar la situación de esas empresas. Pero Trump ha logrado que el asunto sea tomado por el Congreso y no por la gestión solitaria de la presidencia del Gobierno en Washington. Las sanciones han sido incorporadas a una ley de Defensa Nacional, presentada al Congreso por el Gobierno, que es un verdadero cajón de sastre. Esta ley incluye desde un aumento del sueldo de los soldados, pasando por la creación de una fuerza espacial estadounidense -desgajándola de su actual división dentro de la fuerza aérea- hasta sanciones contra los bancos que canalicen pagos a Corea del Norte, cuyo objetivo son los bancos chinos fundamentalmente. Los parlamentarios republicanos y demócratas parecen estar de acuerdo con las sanciones y la aprobación de la ley es inminente.

La ley ya ha sido aprobada en comisión y está desde esta semana en el Congreso para su aprobación. El texto promueve las sanciones contra las empresas que permitan la finalización del gasoducto, y obliga al Gobierno a adoptar esas medidas de fuerza. Trump sería el ejecutor de esa decisión de la que formalmente es ajeno. Las sanciones se centran en las empresas proveedoras de los barcos que tienden las tuberías en el fondo del mar. Allseas, el contratista cuyos barcos están involucrados en la operación, dijo que sigue trabajando en el proyecto.

Un portavoz de la empresa afirmó que “No vamos a especular sobre el impacto potencial de las sanciones. Pero nosotros estamos ocupados instalando las tuberías. Hasta ahora nada ha ocurrido”. La comunidad empresarial alemana apoya el proyecto y rechaza la injerencia estadounidense. La Comisión Europea (CE) tiene una posición poco clara, pero Berlín espera que se incline en su favor en caso de que las sanciones lleguen. Joachim Pfeiffer, diputado de la coalición de Merkel, la Unión Cristiano Demócrata (CDU, por sus siglas en alemán) hizo un llamamiento para que Europa y Alemania preparen medidas de réplica en el caso de que las sanciones lleguen y afirmó que: “Este no es sólo un acto contrario a la amistad por parte de Estados Unidos sino un acto hostil frente a sus aliados y a toda Europa”. Desde luego la crisis refleja también un resquebrajamiento de la unidad dentro de la propia UE con varios estados ex miembros del bloque soviético que sienten amparados sus intereses por la actitud de Washington.

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