edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
02/05/2017
banca 

Algunos reguladores alertan sobre el riesgo bancario por la proliferación de tarjetas sin interés

La aparición de estos instrumentos con aplazamiento de intereses forman parte del auge del crédito
Carlos Schwartz
La modalidad de tarjeta de crédito sin intereses se ha extendido en varios mercados bancarios en Europa. En realidad se trata de instrumentos para el consumo en los cuales en las compras en ciertos plazos no se cargan intereses, y en algunos casos hay un aplazamiento de los intereses que es en realidad un periodo de carencia. Las tarjetas generan comisiones sobre la compra que pagan los comercios por las adquisiciones de un lado y por la transferencia de saldos a los clientes del otro. Sin embargo, los reguladores alertan en algunos países sobre el incremento del riesgo que implica la expansión del crédito al consumo del que forman parte estas tarjetas. En algunos mercados los bancos están contabilizando en los ingresos que generan esas tarjetas el flujo futuro de intereses que aun no se perciben por estar los saldos dispuestos en un periodo de carencia. En España el crédito al consumo se ha duplicado entre 2013 y 2016, hasta los 25.356 millones de euros, y los datos para el primer trimestre de este año muestran que la tendencia se mantiene firme. El volumen de crédito en las tarjetas con pagos aplazados es menor, aunque es razonable tener en cuenta que por la circular del Banco de España 1/2010 se considera operación nueva al saldo vivo al cierre de cada mes y no el importe concedido en ese mes el dato real puede estar enmascarado.
Por otra parte, las tarjetas con intereses aplazados o sin interés por plazos variados establecidos por la entidad que las comercializa han entrado al mercado local con aceptación creciente entre los clientes bancarios. Lo que señalan algunos reguladores es que la estimación de ingresos sobre la base de los cargos futuros por intereses produce un ingreso contable que no tiene correlato material salvo las comisiones a los comerciantes y a los clientes por la disposición del saldo que es muy inferior a la estimación por intereses.

El regulador británico ha manifestado su preocupación el mes pasado por el incremento del crédito al consumo en el país que se encuentra en una tasa que no se registraba desde el 2005. Atribuyó esa expansión a la difusión de las tarjetas de crédito con intereses diferidos y al incremento en los límites de crédito por parte de las entidades. El Comité de Política Financiera (CPF) del Banco de Inglaterra que es el encargado de supervisar la estabilidad financiera en el país alertó a los bancos sobre los riesgos de conceder con excesiva liberalidad los créditos sin garantías para el consumo. El Comité mostró especial preocupación por la carencia de intereses en las operaciones de crédito por la forma en la que las entidades de crédito contabilizan parte de los ingresos futuros como presentes una práctica que las normas contables admiten. Durante el periodo libre de intereses los bancos pueden contabilizar una parte de sus ingresos futuros.

El gran problema es que las estimaciones sobre estos ingresos se hacen sobre la base de proyecciones sobre la conducta de los clientes y sus pagos algo que solo se podrá verificar cuando el periodo de carencia haya pasado. “Hay dos tipos de riesgo, uno que el cliente cancele la deuda antes de que se apliquen los intereses y en ese caso se hayan contabilizado flujos inexistentes, otro que el cliente no amortice y deje un impago”, señala una fuente del sector de la auditoría. “El reciente rápido crecimiento del crédito al consumo puede entrañar un riesgo para los prestamistas si se acompaña de una cobertura del riesgo por debajo de los estándares aceptables”, de acuerdo con el Banco de Inglaterra.

De acuerdo con los datos publicados, el riesgo en tarjetas de crédito en España es irrisorio comparado con el que se registra en el Reino Unido que ha sobrepasado en 2016 los 67.000 millones de libras de crédito concedido en este instrumento. Pero en todo caso “el riesgo de fondo es que los bancos contabilizan un ingreso que no percibirán hasta un momento futuro y esa estimación pasa por su cuenta de resultados lo cual hace que en periodos de auge del crédito al consumo se están inflando los beneficios y favoreciendo gastos porque esas partidas que pasan por la cuenta de resultados son usadas de forma global para calcular la retribución variable de los ejecutivos como los famosos bonos.

Los bancos están obligados a declarar un tipo de interés efectivo que supone una cierta transparencia a la hora de explicitar lo que se cobra de forma aplazada, pero el Banco de Inglaterra ha complicado un poco más la escena para los prestamistas en ese mercado. En una circular reciente ha sugerido a las entidades que en los casos en los que los clientes están “enganchados” en operaciones a altos tipos de interés de forma tal que no terminan de amortizar nunca su deuda porque las cuotas de amortización son muy bajas y la deuda se realimenta en un bucle que no cesa deberían aliviar la carga financiera con reducciones de intereses y cargos lo cual generaría pérdidas a las entidades sobre sus previsiones de recaudación.

En España no existe ningún tipo de protección para los clientes de tarjetas de crédito en este sentido lo cual convierte a nuestro país en un paraíso para este tipo de acreedores. Pero así fue para los clientes de crédito hipotecario hasta que la cuerda se rompió con gran pesar para los banqueros. Sería interesante verificar en el futuro la suerte de las operaciones de tarjeta de crédito a altos tipos de interés de aquí a algunos años.

Desde luego que hay entidades de crédito más expuestas que otras a este tipo de ingresos diferidos. El banco de negocios KBW estimó que Virgin Money perdería un 18% de sus ingresos anuales si modificara sus métodos contables para registrar lo que realmente entra por caja en lugar de lo que va a entrar en el futuro.

Las variaciones de la conducta de los clientes respecto de las estimaciones pueden llevar a los bancos a verse obligados a hacer rectificaciones sumamente onerosas en sus cuentas de pérdidas y ganancias con modificaciones sobre los beneficios. El mercado de Reino Unido es un paradigma de este riesgo. Sólo en el mes de marzo se registraron 609.000 transacciones por un importe total de 1.340 millones de libras. Esta es sin dudas una forma de crédito subprime para el consumo que se ha extendido por toda Europa y cuya tendencia en España es al crecimiento.

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