edición: 2614 , Miércoles, 12 diciembre 2018
07/02/2011
“Construyendo alianzas: Empresa responsable y colaboración entre sectores”, del Instituto de Innovación Social de ESADE

Alinear objetivos, la clave de las alianzas entre empresas y Tercer Sector

Beatriz Lorenzo

Para las compañías existen múltiples cauces por los que canalizar su política de Responsabilidad Social. Tradicionalmente, las acciones filantrópicas aisladas y las campañas de acción social revestidas de un innegable “buenismo” ocupaban buena parte -si no la totalidad- del capital humano y financiero destinado a la RSC. Sin embargo, en la actualidad las tornas están empezando a cambiar y el concepto se está “profesionalizando” de forma progresiva, integrándose en el “core business” y posicionándose como una herramienta de gestión.

Así, internamente, las compañías tienen muchas formas distintas de desarrollar su responsabilidad social: la formación y el aprendizaje de sus empleados, las evaluaciones de rendimiento de trescientos sesenta grados, la promoción de los modelos de dirección participativos o las estructuras organizativas flexibles. Externamente,  por otra parte,  la transparencia en la comunicación con los grupos de interés, el respeto a la comunidad y el medio ambiente y una acción social mucho menos caótica y más organizada, protagonizan la agenda responsable de las compañías más comprometidas.. A la hora de desgranar este aspecto destaca la metáfora de Leif Edvinsson: “Una corporación es como un árbol. Hay una parte que es visible (las frutas) y una parte que es oculta (las raíces). Si solamente te preocupas por las frutas, el árbol pude morir. Para que el árbol crezca y continúe dando frutos, será necesario que las raíces estén sanas y nutridas. Esto es válido para las empresas: si sólo nos concentramos en los frutos los resultados financieros- e ignoramos los valores escondidos (activos invisibles o intangibles)-, la compañía no subsistirá en el largo plazo”.

En este sentido, las alianzas y redes de colaboración entre empresas, organizaciones sin ánimo de lucro, asociaciones y comunidades proliferan como intangible, como caldo de cultivo de un desarrollo sostenible en el largo plazo. Ciertamente, las compañías deben aplicar la RSC de una forma coherente y adecuada a las características de su país, su modelo de negocio y demás variables centrándose en cumplir las normas y reducir riesgos pero sin olvidar el enfoque ético, la verdadera base de las políticas de RSC tanto en su vertiente social como medioambiental. La necesidad de mantener “varias miradas” en torno a una misma política de RSC fundamenta este tipo de alianzas.

FLEXIBILIDAD Y LAZOS

En torno a este poste ha girado el encuentro anual celebrado esta semana por el Instituto de Innovación Social de Esade, que analizó las alianzas entre empresas y Tercer Sector como instrumentos para trabajar la sostenibilidad. Bajo el lema “Construyendo alianzas: Empresa responsable y colaboración entre sectores” se analizaron experiencias de colaboración de empresas como Abertis, Unilever, Vodafone, Ferrovial o Repsol y ONG como Intermon Oxfam o WWF España. Entre las conclusiones extraídas destaca el hecho de que las alianzas entre sectores, a pesar de las dificultades que conlleva, resultan fructíferas si se consiguen varios factores clave: alineamiento entre los objetivos de ambas organizaciones, que ambos socios ganen con la relación, mostrar transparencia compartiendo información, dedicar tiempo, esfuerzo y recursos, etc, Así, se han explorado iniciativas como las de Abertis, con su campaña “Te queda una vida. No la pierdas en la carretera”, con la que la Fundación Abertis pretende sensibilizar a los jóvenes acerca de los riesgos de la conducción irresponsable. Para su desarrollo crearon alianzas con Cruz Roja e Instituto Guttman, entre otros.

Más allá de lo debatido en Esade, uno de los requisitos más importantes- y previos- al esbozo de un plan coherente e integrado de voluntariado empresarial  es la total desvinculación de las prácticas de maquillaje corporativo, meras engañifas que tratan de currar con flojos vendajes la llaga descarnada que asola a algunas compañías; la irresponsabilidad social. Así, y a pesar de que las actuales exigencias de la sociedad sitúan a las empresas ante la urgencia de acometer nuevos retos de sesgo responsable, las empresas han de tener claros ciertos pasos previos antes de embarcarse en proyectos de voluntariado corporativo que no cuenten con un arraigo firme, la responsabilidad debe estar firme y previamente integrada dentro del “core business” para que este tipo de alianzas consiga proliferar.

Una de las virtudes de este tipo de sinergias es que despojan a la acción social de las compañías de sus connotaciones más “caritativas” para dotarlas de una presencia cada vez más sólida.

También en esta línea se sitúa el programa Engange, desarrollado por la organización Business in the Community dedicada a nivel global al impulso del voluntariado corporativo a través de la búsqueda de colaboraciones con diferentes empresas y organizaciones sociales de una comunidad para trabajar en la resolución de un problema social. Al proyecto, presente en capitales de todo el mundo, se han unido compañías como Telefónica, Bancaja, BP, Tempe (Grupo INDITEX), BBVA, Puerto de Valencia, Barclays, Ferrocarriles de la Generalitat, Ferro Spain, Pikolinos, etc. Cada compañía escoge a qué programa destinar sus recursos humanos y que actividad llevar a cabo, profesionalizando y aunando así, en cierto modo, las campañas de cada una de ellas.El programa Engage es un ejemplo más de una tendencia creciente. El voluntariado corporativo ha comenzado a encuadrarse dentro de un marco institucional que pugna por despojarlo de sus connotaciones más “caritativas” para dotarlo de una presencia cada vez más sólida dentro de las empresas. Destacan así organizaciones como Points of Light Foundation en Estados Unidos, Business in the Community  en el Reino Unido o la Fundación  Empresa y Sociedad en España. Las campañas de voluntariado corporativo se perfilan como potentes instrumentos de conciliación de lo social con lo puramente económico, añadiendo un ingrediente más al brebaje casi milagroso que habrá de beberse la sociedad en general para encontrar la salida a la recesión.

Este nuevo enfoque es beneficioso para todos los implicados. Las empresas ganan en en imagen y reputación frente a sus interlocutores, a la vez que mejora la motivación y capacitación de sus empleados y la retención del talento. Además, así la sociedad dispone de recursos y planes de acción concretos para paliar carencias identificadas como de interés social preferente Asimismo, las ONG se benefician de recursos, tecnología y medios adicionales para sus actividades, a la par que aportan a la empresa su conocimiento de las necesidades sociales y su capacidad para aplicar soluciones eficaces.

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