edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
09/10/2012

Özil reivindica la titularidad con talento y sacrificio

Antonio Cubero
Aunque todos los elogios tras el Clásico entre el Barcelona y el Real Madrid fueron para sus dos grandes estrellas, Leo Messi y Cristiano Ronaldo, otro futbolista también destacó con nota de sobresaliente sobre el césped del Camp Nou. Labor que no pasó inadvertida en los párrafos de la crónicas del partido en los que el nombre de Mesut Özil recibió su correspondiente cuota de mérito en el empate y buen encuentro de su equipo. Unas líneas no tan rimbombantes como las dedicadas a los cracks Messi y y Ronaldo, pero si con el merecido reconocimiento al trabajo sordo e infatigable del mediapunta alemán.

El Clásico fue para Özil una vuelta al pasado fulgurante y prometedor en las filas del Werder Bremen y de la selección de Alemania por el que fue fichado hace ya dos cursos por el Real Madrid por 15 millones de euros. Ante el Barcelona y en un escenario siempre complicado como el coliseo azulgrana combinó la calidad que atesora por la que vino al equipo blanco con más cantidad, presencia y regularidad en el juego madridista. Y eso, pese a encontrarse cara a cara frente a la enorme sombra de un marcador como Sergi Busquest. Un derroche de trabajo ofensivo y defensivo tal como le exige José Mourinho a base de castigarle en el inicio de la actual temporada con la suplencia, o colocándole en el último lugar de la terna de piezas para un mismo puesto  junto a Luka Modric y Kaká.

Sus estadísticas durante los 80 minutos que estuvo presente en el Clásico hablan de una actuación que le sirve para reivindicar la titularidad ante el freno de su entrenador. Una falta cometida por una recibida, de tres centros al área, de tres balones recuperados por seis perdidos... Pero, sobre todo, hay que destacar la maravillosa asistencia a Cristiano Ronaldo en el segundo gol -la tercera en sus visitas al Camp Nou-, el más que posible penalti de Mascherano, y varias fintas de su marca en supersónico contragolpe, frenazo y asistencia al compañero con la magia que sólo poseen los mejores futbolistas del planeta.

El partido de Özil en el Camp Nou no solamente fue brillante por sus jugadas endiabladas, sino que también estuvo salpicada por grandes momentos en los que se pegó una paliza de impresión al iniciar junto a Benzema la presión, obstaculizando la salida y el juego en parabrisas del Barça, recuperando tres balones y siendo la mejor opción para lanzar a sus compañeros con el balón en los pies. No hay mejor lanzador de contragolpes que el nativo de Gelsenkirchen de sangre turca, genio de la pausa, de saber elegir el momento de apoyarse en corto como en distribuir pases largos, virtudes tan fuera de sospecha como su talento. Mourinho lo sabe, pero quiere más frecuencia en la presión de su jugador.

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