edición: 2475 , Lunes, 28 mayo 2018
04/11/2011
EL DEDO DE MADOZ

Ante el caos griego, los bancos europeos reducen su exposición soberana en la eurozona

BNP Paribas se deshace de 8.000 millones en deuda italiana y 2.200 de española
Carlos Schwartz

La decisión de BNP Paribas de ajustar en el tercer trimestre de 2011 su cartera de deuda soberana pone de relieve las medidas cautelares de algunos bancos de la zona euro respecto del riesgo de impago por parte de los estados miembros. Este jueves, el banco francés anunció los resultados para el tercer trimestre, con una dotación de 2.141 millones de euros para amortizar un 60% de la deuda griega en cartera. Durante la 'conference call' sobre los resultados el director financiero del banco, Philippe Bordenave, afirmó que la cifra del 60% era la estimación interna sobre el ajuste al que muy posiblemente se llegara en la negociación sobre las quitas en la deuda de ese país. El ejecutivo señaló que en julio se había aplicado una reducción inferior en línea con el segundo plan de ayuda a Grecia aprobado por la Unión Europea el 21 de julio. Pero mientras el futuro de las quitas a la deuda griega navegaba en la más absoluta incertidumbre ayer, BNP Paribas dejó expuesto a la luz el hecho de que había reducido sus tenencias de deuda italiana en 8.000 millones de euros, de 20.500 millones a 12.200 millones y que se había desprendido de 2.200 millones de deuda de España.

El banco se ha quedado con sólo 500 millones de euros en deuda española entre julio y septiembre mientras arreciaba la tormenta financiera en pleno verano. El banco ha reducido en total su cartera de deuda soberana de la zona del euro en 25.000 millones. Aparte de la deuda pública de Francia la única otra cartera significativa es la de Bélgica, curiosamente superior a la francesa, y que muy posiblemente esté vinculada a operaciones de filiales o absorciones como puede ser el caso de Fortis cuyas operaciones belgas quedaron en manos de BNP tras entrar en crisis la entidad en medio de la operación de compra a tres bandas de ABN Amro junto con Banco Santander,y Royal Bank of Scotland. BNP Paribas tiene en su cartera 17.200 millones de euros en deuda soberana de Bélgica contra 13.800 millones de deuda de Francia. La operación de saneamiento de BNP Paribas ha detraído de los ingresos netos atribuibles a los accionistas 1.411 millones de euros dejando en ese capítulo del balance un neto de 541 millones de euros con una reducción del 71,6% comparado con el tercer trimestre de 2010.

Mientras, en el horizonte político el futuro del gobierno de Jorgos Papandreu navegaba entre dos aguas. Ayer en medio de una sublevación de su gabinete había logrado, con el órdago del referéndum, que el partido opositor Nueva Democracia aceptara, al menos de palabra, votar hoy a favor de las medidas que acompañan al segundo plan de ayuda a su país acordado por la Unión Europea. El nuevo plan que sustituye el acordado el 21 de julio impone nuevas medidas de consolidación fiscal y reformas económicas aun más restrictivas que las que ya han precipitado a la economía nacional a una recesión sin precedentes. En cualquier caso el estrecho desfiladero por el que caminan gobierno y oposición no acaba de despejar las dudas de lo que pasará en el parlamento en Atenas hoy.

Pero si el estreno del nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi con el anuncio de una reducción del tipo de interés de referencia del 0,25% había alegrado a los mercados, el problema de la quita sobre la deuda griega para su refinanciación seguía sin resolverse. La perspectiva inmediata de la solución a la crisis de la deuda oscila entre una suspensión de pagos lisa y llana en caso de un fracaso en la aplicación del plan de la UE, y una negociación cuyo resultado final no estará por debajo del 60%.

Esta semana, las opiniones sobre la sostenibilidad del nivel de deuda entre los analistas independientes rondaba la reducción del 80% sobre el nominal. No hay ninguna posibilidad de que una quita de esa magnitud entre dentro de la esfera de lo aceptable como voluntario para las entidades financieras y el Institute for International Finance (IIF) -el lobby de los grandes bancos internacionales- sigue insistiendo en que aceptaría un acuerdo con un 50% máximo de reducción. Sin embargo, ese 50% no sería en el criterio técnico del IIF sobre el valor neto presente de la deuda, algo en lo que choca frontalmente con Alemania y Francia. Así las cosas hemos llegado a la reunión del G 20 en Canes sin un nuevo plan de rescate viable para Grecia, sin un Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) capitalizado y en funcionamiento, y con la perspectiva de la entrada en escena de un nuevo periodo recesivo, no sólo en Europa sino también en Estados Unidos. En este contexto el ajuste en los balances de los bancos del valor de la deuda soberana en cartera a su precio de mercado parece más que razonable.

Esto supone un verdadero cambio de paradigma al que la Asociación Española de Banca (AEB) no parece estar dispuesta a disciplinarse a tenor de su insistencia en que por definición la deuda soberana carece de riesgo. Parece que esa definición desde luego carece de actualidad. Las declaraciones fueron hechas en vísperas de las denostadas estimaciones sobre lo requisitos de capital de la banca europea por parte de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). Pero ocurre que el desarrollo de la crisis ha obligado a lo reguladores de forma creciente a cuestionar el concepto de que la deuda de ciertos países carece de peso en la ponderación del riesgo. No sólo en lo que respecta a la deuda soberana de Europa, sino a la de otros países centrales que hace dos años no hubiesen sido cuestionados.

Hoy, las pérdidas implícitas en los mercados de derivados de créditos para una serie de países, como Italia por ejemplo o Irlanda y Portugal, dejan bastante claro que la percepción del riesgo soberano no es neutral o equivalente a cero. Por lo tanto los modelos que la miden así y que han sido inspirados en Basilea I y II, inducen a una percepción equivocada del riesgo. Como es fácil de comprender esto no es más que una gota más para la banca española cuyo vaso ya está al filo del desborde con la cartera de crédito problemático del sector promotor y constructor que alcanza al 52% del total y representa 176.000 millones de euros, es decir el 11,4% del crédito total de la banca de acuerdo con el Informe de estabilidad Financiera del banco de España.

No hay una salida fácil a este dilema, y menos con el deterioro que se observa en la economía del país. No es previsible que el recetario con que el principal partido de la oposición pretende enmendar el estancamiento y reactivar la economía sea eficaz. Más bien parece que ciertas labores de saneamiento precipitadas le obligarán a sacar las castañas del fuego a poco de hacerse con el gobierno después del 20 de noviembre. Le tocará sin dudas auspiciar alguna que otra fusión bancaria como puente de oro para evitar males mayores. Mientras, en Grecia, si a Nueva Democracia le toca ejercer el gobierno como desenlace de la crisis actual deberá hacerse cargo de una nacionalización de la banca. No solo cambian los paradigmas en materia de riesgo sino también en la esfera política.

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