edición: 2347 , Lunes, 20 noviembre 2017
18/03/2010
Bruselas ve más difícil un pacto con las CC AA que el cumplimiento del plan de ajuste

Antes la UE y ahora la FED ponen en revisión el riesgo sobre España

Salgado no luchará por ser campeón en reducir el déficit y perderá la categoría
Juan José González

Que nadie se crea que las medidas o reformas económicas anunciadas por el Ejecutivo español para reducir el déficit fisca, vayan a ser efectivas, era algo así como empezar la faena con mal pie. Y se ha cumplido, porque la Comisión Europea, la OCDE, el FMI, dos agencias calificadoras -S&P y Moody´s- y ayer tarde la Reserva Federal norteamericana solicitaba a la SEC un diagnóstico con el riesgo que tienen las empresas cotizadas con España. Al margen de la ‘sensación-país’ que los responsables económicos españoles puedan sentir cuando un entorno tan amplio y nutrido de organismos, desconfía abiertamente de sus planes de contingencia, el mensaje no puede ser más claro: las reformas anunciadas son insuficientes. Quienes dudan esgrimen razones de peso y sin entrar en números se considera imposible que se saneen las cuentas públicas y que el crecimiento no se cumpla, con lo que el desempleo es casi imposible que pueda remitir.

La degradación de esta situación entre Estados e instituciones políticas internacionales, amenaza con ir en aumento, pero en la misma proporción que la desconfianza de inversores privados e institucionales internacionales hacia los mercados españoles. Cuando la Comisión señala que el plan de ajuste fiscal español es “optimista” y que debería de afinar más en su “concreción”, el organismo europeo esta transmitiendo bajo la cubierta de una fórmula diplomática pero cordial y sencilla, que las medidas de ese plan de ajuste son pocas, van a servir para poco y, al final, no alcanzarán el objetivo perseguido.

En todo caso, lo que está en juego no es, ni más ni menos, que la credibilidad de unas soluciones, de unas autoridades y de un Estado, es decir, de un sistema de gobierno que ahora se pone en cuarentena como consecuencia de una gestión temeraria de la crisis. Desde el pasado mes de septiembre, las agencias calificadoras de riesgos no ceden en su empeño de acosar a España, Grecia, Portugal, Irlanda y Reino Unido. No hay día en que no aparezca en los medios de comunicación alguna advertencia, opinión o comunicación de alguna de ellas, señalando amenazas o sembrando posibles próximas o futuras rebajas de rating. Advertencias sobre las que se suelen lanzar todo tipo de descalificaciones, pero que en el fondo, las opiniones de las calificadoras acaban produciendo sus efectos. Aquí, nadie se fía de nadie.

Así, que S&P haya decidido hace unos días rebajar la calificación de la banca por el riesgo económico de España así como por las previsibles por la segunda oleada de morosidad, es interpretada por los analistas como un toque de atención al Estado. Según alguno de estos analistas, las calificadoras habrían optado por rebajar los ratings de las entidades, antes que bajar el de la economía española, puesto que obligaría a realizar una revisión general al resto de países mencionados.

Pero el Ejecutivo español ha contestado a la Comisión que dará más señales y detalles de ese plan de ajuste que parece ser debe lograr el acuerdo de las CC AA sin las que la reducción del déficit será poco menos que una ilusión imposible. Ahora, el equipo Económico se dispone a iniciar la segunda ronda de encuentros en Zurbano, en el que la vicepresidencia segunda pretende invitar a desayunar a los presidentes de Madrid, Valencia, Galicia y todos los demás para que pongan en cuarentena todos los capítulos de gastos y le echen imaginación a los de ingresos.

De los 14 países que presentaron su plan de ajuste, estabilidad y convergencia, que se examinaron la pasada semana, la mayoría adolecen de un excesivo optimismo en sus previsiones de crecimiento económico, lo que hace peligrar la consolidación de los presupuestos al no contar con las medidas necesarias. Pero a la vicepresidenta de Económica Elena Salgado no pierde los nervios y con gran despliegue deportivo no se muestra preocupada ante la posibilidad de “no ser el campeón en reducir el déficit”.

El problema no es que nos juguemos el campeonato, hasta seria bueno seguir en el pelotón de los torpes siempre y cuando no perdiésemos la categoría y continuar en esa primera división de una dura competición. Bajar a segunda sería una catástrofe. España se encontraría con Grecia y con todos los miembros de la UE que antes militaban en la división del Este. Y eso sería un problema.

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