edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
30/05/2019

Apple se pone a la defensiva ante el temor a una nueva investigación de la UE y la presión reguladora

Los analistas del sector tecnológico consideran inminente que se dé curso a la denuncia de Spotify
Carlos Schwartz
Apple publicó nuevas normas para los desarrolladores de aplicaciones que incluyen un incremento de la revisión semanal de las propuestas  y otras variaciones a sus anteriores normas. La empresa afirma que su App Store se ha convertido en un “ecosistema vibrante y excitante para millones de desarrolladores y mil millones de usuarios” y para garantizar los niveles que aspira a mantener publica directivas a seguir por los desarrolladores, “sean individuos o grandes equipos”. En todo caso lo notorio es la legión de empleados que se pondrán a revisar las propuestas y el volumen de revisiones semanales que anuncia. El “esfuerzo” sugiere que Apple, cuya política de venta de aplicaciones ha sido cuestionada por algunos de los propietarios de aplicaciones que comercializa, se ha puesto en guardia. El motivo central para ello es que los reguladores acechan a la empresa. Los analistas del sector esperan que en breve la Unión Europea (UE) anuncie el comienzo de una investigación promovida por una denuncia de la aplicación de música Spotify presentadas en el mes de marzo a la Comisaría de la Competencia.
Las dos compañías tienen los servicios de streaming de música más grandes de Internet, y Spotify supera en dimensión a la oferta de Apple. Sin embargo, acusa a esta última de abusar del control que tiene sobre su tienda de aplicaciones de la cual se vale para obtener una tajada del 30% de lo que se factura a través de la 'app' musical. Spotify, y otros que recurren a la Apple Store para ofrecer sus aplicaciones, se quejan del “impuesto Apple” sobre su facturación. Lo cierto es que si un desarrollador tiene montado un negocio como el streaming de música y quiere ofrecer su app para los usuarios de iPhone o iPad, tiene que pagar el peaje a la Apple Store, es decir aceptar las condiciones impuestas por el fabricante de los terminales. Spotify por su parte ha intentado sustraerse a estas exigencias proponiendo la renovación de su servicio fuera de la plataforma de Apple o frenando las suscripciones a través de Apple Store. Pero esta política puede no surtir efecto alguno, o muy poco.

En los hechos ese servicio de 'streaming' de música está entre las 40 aplicaciones más solicitadas en la tienda de Apple. Lo cual implica que cualquier decisión de un regulador de poner límites a lo que la empresa haga dentro de su plataforma puede ocasionarle problemas. Entre otras cosas porque la propia empresa ha dicho que su cambio estratégico es evolucionar hacia una corporación que obtiene su principal ingreso de la venta de servicios y no de la venta de terminales inteligentes, tabletas y ordenadores. 

Al tener una plataforma propietaria, Apple cierra el paso a la posibilidad de que un desarrollador monte su propia plataforma para ofrecer una 'App' propia, como el caso de Epic Games para el sistema operativo de Android, lo que le ha permitido esquivar a la Play Store de ese sistema operativo operada por Google. Mientras, Apple ha fiado parte de sus futuros ingresos a más facilidades en el mundo del streaming de música. La oportunidad de publicar las normas de su “ajuste fino·” de las condiciones para los desarrolladores está directamente relacionado con estos problemas de un lado, y con el hecho de que la semana que viene, en Silicon Valley, se realizará el evento anual con los desarrolladores de la empresa. 

A nadie se le escapa la oportunidad de este encuentro y su posible solapamiento con un anuncio adverso por parte de Competencia de la UE. Pero este no es el único problema con el que se ha topado la empresa. La senadora demócrata Elisabeth Warren propuso en marzo trocear a las grandes del sector tecnológico digital lo que podría lleva a que segmentos como la Apple Store deban ser escindidos del conjunto de la empresa y sujetos a una vigilancia del regulador más estrecha, o con limitaciones que ahora no tiene. Por añadidura, la Corte Suprema estadounidense emitió una sentencia sobre un caso relacionado con la Apple Store que resultó adverso para la empresa.

Una acción colectiva en contra de la tienda de aplicaciones de la marca la acusó de contraria a la libertad de competencia y la Corte determinó este mes que los clientes de Apple Store podían demandar a la empresa por incrementar el precio de los servicios de las aplicaciones al cargar sobre ellos el 30%, una queja similar a la de Spotify, aunque esta última ha añadido otras discriminaciones, como la de no estar incorporada al sistema inteligente Siri y otros servicios de los terminales de la marca. La senadora Warren ha ido más allá al señalar que se debería impedir a Apple desarrollar aplicaciones que compiten con las de sus propios desarrolladores para ofrecerlas en su plataforma propietaria. 

Apple ha señalado en su defensa que los desarrolladores de aplicaciones que ofertan servicios pueden utilizar al espacio de Internet para ofrecer sus desarrollos para iPhone e iPad, una modalidad a la que ha recurrido Netflix como forma de evitar el “impuesto” del 30% aplicado por Apple Store. Otra línea de defensa de la empresa es que la abrumadora mayoría de las aplicaciones que se ofrecen en su plataforma son gratuitas, y por tanto no pagan la comisión del 30%. Esta línea de razonamiento tiene sus inconvenientes, porque las aplicaciones gratuitas en general obtienen ganancias por la inserción de publicidad. 

Una investigación de Geoffrey A. Fowler en el Washington Post publicada el martes de esta semana demuestra que innumerables servicios de seguimiento de información sorben datos de nuestros terminales móviles sin autorización, que incluyen la geolocalización, las búsquedas de Internet, y otros hábitos de los usuarios, que quedan registrados en los terminales que utilizan. La información va a parar a manos de empresas de publicidad, brokers de información, y empresas de investigación de mercado. Lo cual indica que la gratuidad de un servicio genera un flujo de datos en compensación, que rompe con cualquier ficción de la integridad de los datos personales y de la gratuidad del servicio. Lo pagamos con una información involuntaria sobre nuestra vida que puede resultar más cara que pagar por la aplicación en un entorno más protegido para el usuario.

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