edición: 2593 , Lunes, 12 noviembre 2018
25/02/2011

Arabia Saudita quiere estabilizar el precio del petróleo

Carlos Schwartz
El precio del barril de petróleo Brent rozó ayer los 120 dólares mientras la situación en Libia se deslizaba hacia una guerra civil abierta. Según Reuters, varias ciudades al este y oeste de la capital Trípoli estaban en manos de fuerzas rebeldes organizadas en “milicias populares”. Los intentos de las fuerzas fieles a Muamar Gadafi, mayormente mercenarios y algunos mandos militares, intentaron sin éxito recuperar ayer poblaciones próximas Trípoli. El conflicto ha derivado abiertamente hacia una ruptura en el seno de la sociedad que enfrenta a dos bandos en los que coexisten fuerzas militares y civiles en cada lado. Sin embargo en la mayor parte de las ciudades tomadas por los rebeldes los leales a Gadafi no han logrado recuperar posiciones y los mercenarios y militares leales al régimen han sido apresados por los rebeldes. Según testimonios en Bengasi recogidos por agencias de noticias la mayoría de los muertos militares fueron ejecutados por resistirse a combatir contra la población civil.

De acuerdo con fuentes de los rebeldes al este de Trípoli los principales campos petroleros del país y las terminales de crudo y productos de Ras Lanuf y Marsa el Brega estaban en sus manos. Si el desequilibrio de fuerzas se mantiene y las fuerzas fieles a Gadafi no logran progresos en la reconquista del perímetro de Trípoli los mercenarios acabarán abandonando el combate. Su moral se basa en el dinero que les pueda pagar un régimen al borde del hundimiento. Si el régimen sigue deslizándose hacia el abismo también lo abandonarán las fuerzas de alquiler y los mandos militares que ya no tienen nada que ganar.

Entretanto, el miércoles pasado el rey Abdula de Arabia Saudita regresó precipitadamente a su país desde Estados Unidos donde había estado los pasados tres meses para someterse a un tratamiento contra el cáncer que lo aqueja. A la hora de su regreso en el aeropuerto lo esperaba entre otros el rey Hamid Bin Isa de Bahrein quien intenta sofocar su propia revuelta doméstica. El mismo miércoles por la noche el rey Abdula anunció un paquete de medidas entre ellas un incremento de salarios del 15% para los empleados públicos, incremento de becas para estudiantes y ayudas al desempleo. Las medidas anunciadas de forma precipitada por esta monarquía absolutista en la que no hay partidos políticos y los sindicatos y las manifestaciones están prohibidas. El país ha vivido un proceso de reactivación económica a expensas del auge de los precios del petróleo, pero el problema del paro, con una tasa del 10% que no cede, y la inflación se suman a una oposición larvada en un régimen que se apoya en un sector de los clérigos conservadores que pregonan la sumisión al régimen.

Es el fantasma de una revuelta en este país, el principal aliado de Estados Unidos y los países occidentales en oriente Próximo, lo que ha disparado los precios del petróleo con el telón de fondo de la guerra civil en Libia. Arabia saudí logró calmar el pánico de los mercados petroleros ayer al enviar el mensaje a los gobiernos europeos de que estaría dispuesta a incrementar la producción de petróleo para compensar la caída de producción en Libia. Del dicho al hecho hay un trecho, pero la difusión del mensaje a los operadores hizo efecto a última hora. De hecho, según fuentes del sector del petróleo, el nivel de reservas está lejos de agotarse y existe una gran capacidad ociosa en la industria a nivel mundial.

Sin embargo, la imagen de la revuelta en Libia alimenta el pánico, y pone en cuestión la presunta estabilidad saudí. El dos de febrero  Financial Times afirmaba que los operadores del mercado del petróleo se habían adaptado sin pánico a un precio de 100 dólares por barril, y afirmaba que la situación era muy diferente a la de 2008. En ese año el barril traspasó el umbral de los 100 dólares en febrero y llegó a los 145 dólares en julio. El periódico tiene razón. La situación es muy distinta. Entonces se estaba al borde la caída de Lehman Brothers y los precios reflejaban una especulación desenfrenada. El problema es que ahora se especula sin cortapisas, pero además las rebeliones populares han hecho caer en rápida sucesión el régimen de Túnez y Egipto, mientras en Libia asistimos al inicio de una guerra civil. La sospecha de una inestabilidad encubierta en Arabia Saudita seguirá pesando sobre los mercados hasta tanto no se defina la crisis Libia. Arabia es el único país de la región con posibilidad de regular por si solo los mercados con solo abrir el grifo. Pero para eso es necesario que el grifo se pueda operar. El proceso en Libia pone de relieve que en Túnez y Egipto el entorno del régimen supo ceder para evitar males mayores.
 
Mientras, los viejos gestores del poder en ambos países intentan desde puestos clave formar parte de la transición controlando nuevos o viejos partidos desde el aparato del estado. Que algo cambie para que todo siga igual. En el entorno de Gadafi no había ninguna fuerza capaz de imprimir ese curso a los acontecimientos sacrificando al líder. Sin embargo la salida política tanto en Túnez como Egipto dista mucho de ser estable. De momento es una salida de crisis. Algo que mide el barómetro de los mercados de crudo y productos refinados.

Un dato llamativo de la crisis en Libia ha sido el ataque a los bienes y trabajadores en los campos de petróleo operados por empresas chinas como CNPC. En Libia hay 30.000 trabajadores chinos de los cuales ayer sólo se habían evacuado 56 según South China Morning Post. En parte la reacción tiene que ver con la estrategia China de vender obras de infraestructura con financiación de muy largo plazo y exportar a los países africanos que contratan proyectos su propia mano de obra. En cualquier caso la proximidad durante décadas de China al régimen de Gadafi, quien recientemente tomó como ejemplo en un discurso la represión de Tian An Men en Pekín en 1989 para justificar su propio ataque a la población civil no ha hecho más que echar leña al fuego de esta hoguera. Dentro de China las voces críticas se han levantado por la crisis de Libia que ha puesto al desnudo lo que califican de “ofensiva colonial de China en África”. Ciertamente hay una verdadera ofensiva comercial de China en el continente, y los métodos de trabajo en las empresas chinas cuando contratan personal local, como en la minería en el Congo, o porque llevan sus propios trabajadores, crea crecientes fricciones.

La crisis en la región no ha cedido. Simplemente ha iniciado un largo proceso de transición. El telón de fondo de la misma es una recuperación económica internacional que de acuerdo con el director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional en un mensaje difundido desde Singapur el pasado primera de febrero: “no es la recuperación que deseábamos, es una recuperación acechada por tensiones y esfuerzos- que incluso puede sembrar las semillas de la próxima crisis”. Las empresas españolas que han apelado a una rápida internacionalización deberán refinar su valoración del riesgo país. En ello les puede ir la supervivencia.

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