edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
23/04/2009

Argelia baraja a dos manos la energía con España

Busca en Sebastián el 'padrino' para un acuerdo de precios del gas a cambio de la interconexión eléctrica e inversiones en renovables
Ana Zarzuela

Llaman a capítulo y a domicilio a Miguel Sebastián. Si Bernardino León fue el ‘caballero blanco’ de las negociaciones durante el viaje a Madrid de Chalib Jelil, ahora Argel busca atajos con Industria para que sirva a la mesa los acuerdos pendientes, antes de nada el de los precios con Gas Natural, que Sonatrach cuenta con cerrar antes de junio. Argelia tiende los puños, más calientes que nunca hacia Madrid: uno, con la bandera blanca en ristre y la puerta abierta al 10% de Medgaz que no deja de ofrecerle a Salvador Gabarró. Necesita inversiones a domicilio y alianzas para los 63.000 millones de dólares de proyectos pendientes hasta 2013. El otro puño argelino, el de los sables, promete no ponérselo fácil a la ecuación energética para España. Vincula la suerte del gas, la paz de precios (que trata de elevar un 20% desde 2007) y la tranquilidad de Medgaz con un acuerdo marco de flexibilización de tarifas para España, algún compromiso frente a Gassi Touil (antes de que llegue la sentencia del Arbitraje Internacional), promesas de inversiones en renovables argelinas y el visto bueno para una interconexión eléctrica entre Argelia y la península ligada al trayecto del gasoducto. Madrid quiere un nuevo nodo eléctrico con Argelia y sueña con alimentarlo con hasta 2.000 megavatios. Argel busca ser el segundo suministrador extranjero de España, después de Francia. Pero se lo pondrá caro, en precios o en acuerdos.

Argel respira diplomacia por sus heridas: la postguerra del gas ruso, la fortaleza de otras alternativas, la proximidad a Moscú recién bautizada por Gas Natural y Repsol, la avanzadilla de los de Brufau en tierras argelinas -tres descubrimientos de gas en tres meses- las urgencias de inversiones de Sonatrach y sus deficiencias en reservas viables a largo plazo le empujan a repartir ahora al menos algunas píldoras de tregua en sus hidrocarburos con las españolas. Pero las sirve a la mesa revestidas de ultimátum, en la misma bandeja que las reticencias a la interconexión eléctrica y los peajes al desembarco ibérico en las energías renovables argelinas. Juega al todo o nada y trata de que sea Miguel Sebastián el padrino de sus driblajes, para empezar, los que le gustaría obtener de Gas Natural. Jelil se lo ha recordado de nuevo a Sebastián y Gabarró. Argel quiere subirse también al Plan Solar Mediterráneo. Argel busca que la interconexión eléctrica, si llega, lo haga aprovechando el trazado del gasoducto y con la luz de su sol.  Se hace la voz y los coros, la alternativa a la luz que le venderá a España a través de la conexión con Rabat. Si falla la solar, ofrece estirar el suministro del Medgaz.

LA LLAVE DEL GAS

Sonatrach trata de agitar las fanfarrias del miedo sobre su 43% del gas español, sabe que está cerca el arbitraje y se apura para cerrar un acuerdo de precios, mejor por las buenas antes de que el Medgaz comience a rodar a finales de año y el contexto del gas mundial siga bajando. Pone una vez más cara de aliado fiable del Mediterráneo, aunque no acunará en quietud sus alfiles energéticos. Dejará que el tribunal internacional resuelva este verano el principio de la flexibilidad de precios, pero trata con la más suave de sus diplomacias de servir ya a una mesa común un acuerdo sobre tarifas y las compensaciones por volúmenes comercializados a España. Sonatrach carga en las espaldas diplomáticas el preludio de una tregua de intereses, justo ahora que se acerca el veredicto del tribunal de arbitraje de Ginebra sobre la rescisión por parte de Sonatrach a Repsol y Gas Natural del contrato de Gassi Touil -prevista para este trimestre-. El ministro y su brazo en Sonatrach amagan con arañar 550 millones de euros al arbitraje, antes que encarar en Ginebra los 1.640 millones que Gas Natural y Repsol le reclaman por el zarpazo a las inversiones. El contencioso por Gassi Touil se resolverá en  la Corte de Arbitraje, aunque Argel sopesa volver a poner sobre la mesa rondas de adjudicaciones de gas como la que se le enseñó de lejos a Repsol en 2008.

Gassi Touil echa de menos a los inversores españoles. Lo reconocen los analistas locales. Los débiles resultados de la última ronda de licencias en diciembre -la primera que tuvo lugar bajo una ley del 2006 que da al gigante estatal argelino Sonatrach el derecho a tener un mínimo del 51 por ciento- la firma de los contratos de los cuatro ganadores -Eni, Ruhrgas, Gazprom y BG Group Plc. C- y los  irregulares resultados a la hora de atraer firmas extranjeras para nuevas inversiones en exploración y producción siembran de minas sus opciones de lograr importantes aumentos de producción en el largo plazo. Es el propio Khelil el que reconoce que el volumen de descubrimientos está por debajo de la media mundial y que se necesitaban nuevas propuestas para revitalizar la exploración de petróleo y gas y descubrir  pozos intermedios entre los gigantes en Hassi Messaoud y Hassi Rmel y los otros pequeños de la última década. Acaba de enseñárselo a la Italiana Saipem -una de las empresas encargadas de las obras para el tendido del tramo submarino del gasoducto entre Beni-Saf y Almería. Le ha abierto la puerta al sur del Sahara a cambio de 1.849 millones de dólares para nuevas instalaciones de gas. Un ejemplo de desprecio a los ojos de las españolas.

El proyecto europeo de creación de un mercado de gas interconectado en Europa del Sur es aún papel mojado: en Europa el 50% del gas licuado proviene de la ribera sur del Mediterráneo, en el 2030 esto se irá reequilibrando, porque la ribera sur irá consumiendo más hasta el 58% en el norte y 42% en el sur. Los argelinos firmaron el acuerdo con Gaz de France, por el cual se obligaron a suministrar el gas licuado a la compañía francesa hasta 2019 y siguen construyendo dos nuevos gasoductos a través del Mediterráneo que permitirán a Argelia aumentar en un 50% los suministros de gas a Europa. Sus aspiraciones -Khelil lo reconoce- llevan ya el apellido del gasoducto italiano y el proyecto de Medgaz hacia la península ibérica. Pero sus zozobras tienen también ya apellidos: los de las limitaciones propias y los de los nuevos horizontes del gas español. Medgaz ofrecerá a Europa una importante ruta de suministro, pero por el momento, sin embargo, España sólo tiene la infraestructura necesaria para suministrar a Francia una mínima proporción de sus 8.000 millones de metros cúbicos.

Mucho le ha cambiado el cielo del gas al presidente Bouteflika desde que hace tan sólo seis meses, el ministro Chakib Khelil le sacaba punta  a su cetro de presidente de turno de la OPEP, amenazaba con poner fin a la era del gas barato para España y juraba que no se conformaría con nada que no fuera subir hasta un 20% el precio del suministro, al menos el del gasoducto de gas Natural que entra por Andalucía. El mayor exportador de gas natural de todo el continente africano no ocultaba sus intenciones de aumentar un 25% sus exportaciones hacia el Viejo Continente. Al menos lo hacía antes de la ‘guerra del gas’. El ministro Chakib Jelil es el primero en confesar que desde 2007 no hace otra cosa que sacarle brillo a sus galones de actor principal en el mercado europeo. Hace diez meses el memorándum de entendimiento con Bruselas le permitió eliminar los límites geográficos a la exportación y garantizarse que no se incluiría una cláusula territorial en futuros contratos; después la reedición de la ‘cláusula Gazprom’ le dio cuerda a sus ambiciones europeas.

EL PRECIO DE LA CONEXIÓN ELÉCTRICA

España tiene ya una mano en el Plan Solar Mediterráneo y quiere sitio en las vías de salida de la electricidad norafricana hasta Europa a partir de 2016, cuando su crecimiento requiera de más vías de evacuación de la electricidad generada. Aunque sea a través de la conexión actual por el sur de la península. Todo con tal de no perder espacio en una carrera en la que Italia y Turquía buscan asiento. Hasta el momento, la interconexión eléctrica en el Magreb se limita a Marruecos, Argelia y Túnez, mientras que Libia se encuentra en proceso de unirse a la red. España tiene la llave de la única conexión eléctrica entre Europa y el Norte de África, pero el apellido marroquí obstaculiza las pretensiones de duplicar la capacidad de los dos cables de 700 megavatios. La financiación y el repudio galo se lo complican a la tercera interconexión prevista con Rabat, que sigue en el congelador. Las conexiones entre Argelia e Italia no dejan de ser a medio plazo. Por eso Madrid le hace otra vez ojitos también a Argel. Lo sabe, mejor que nadie, el mapa geoenergético de Bouteflika.

Argelia acarició a principios de esta década la idea de tender un cable de 200 kilómetros y de 2.000 megavatios entre ambas orillas del Mediterráneo. Pero el proyecto no se ejecutó. Por ahora, Sonelgaz  prevé exportar electricidad excedentaria a España gracias a la "joint venture” con la Oficina Marroquí de Electricidad (OME), una vez que lleguen a un acuerdo sobre el precio que deben aplicar al transporte de la electricidad. Los planes de Bouterfa hoy son sólo la punta del iceberg de otros proyectos más ambiciosos y a mucho más largo plazo. Hace siete meses, Argelia puso en marcha un programa, aún embrionario, para exportar energía solar a Alemania mediante un cable de 3.000 kilómetros. Con España será diferente: Argel se lo pondrá caro. Madrid sólo tiene ojos para el Plan Solar Mediterráneo, en el que el epicentro marroquí será la plaza de la que se enseñoree la vanguardia española y germana  del sector. Sarkozy y Zapatero pelean sus galones y un sitio en los 80.000 millones de inversión del PSM, un proyecto de proyectos cuyas riendas se pelean París y Madrid. Francia, pionera del sector termosolar en los años sesenta, con su central experimental de Odeillo y Targassonne, trata de recuperar terreno en un sector que había abandonado a mediados de los ochenta, cuando creyó ciegamente en la bonanza nuclear eterna y se saltó la directiva europea de energías renovables de 2001, a la que sí se sumaron Alemania y España. Pero Argelia no quiere respirar más por el repudio de la primera potencia solar y la tercera eólica del mundo. El plan de inversiones en energías verdes para el Magreb será uno de los asuntos que intentará impulsar Madrid cuando asuma la presidencia rotatoria de la Unión Europea en junio de 2010.

REPSOL Y GAS NATURAL GANAN SITIO

Ahora que la mano moscovita coge sitio por méritos propios en España, el horizonte se le desdibuja al paraguas argelino. Y con él, su relación con las filas de Antoni Brufau y Salvador Gabarró. Ha tenido que dejar pasar de largo el ‘caramelo’ de Cepsa a manos de IPIC, pero hace saber que no pierde de vista los talones de las desinversiones de FENOSA.  El aprovisionamiento de gas a España creció un 13% en 2008, pero respecto a la situación del año 2007, la proporción de gas abastecido a España aumentó desde Trinidad y Tobago y Noruega, disminuyendo desde Qatar, Egipto, Argelia y Nigeria. Además, hasta ahora, Argel ha jugado más de una partida al ajedrez del gas y el petróleo con las piezas prestadas de Gazprom o Lukoil, pero la negociación con la rusa para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo ha quedado en papel mojado. En la nevera, un convenio llamado a repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.

Por eso Sonatrach engrasa a solas el juego de pinzas para las españolas. Eso será si Lukoil y los planes de Dimitri Medvedev no alteran la ecuación. Argel ha chocado sables y marcado distancias con Repsol, le ha intentado amargar Camisea donde promete ser el compañero más incómodo para el viaje de las reservas peruanas. Y marcar en sus espaldas los acuerdos con E. ON y GDF-Suez. Pero Repsol ha puesto a cubierto sus huellas en tierras del presidente  Bouteflika: sus derechos mineros sobre 16 bloques, 5 de exploración, con una superficie de más de 17.200 km2, y otros 11 bloques de desarrollo con un total de 3.108 km2. Los nuevos pozos de la Cuenca de Reggane- donde los descubrimientos efectuados suman unas reservas netas de 145 millones de barriles- no sólo la consolidan como uno de los grandes proyectos de crecimiento del Plan Estratégico de Repsol. Su sociedad con Sonatrach en el consorcio descubridor y con Gas Natural y los otros dos hallazgos -en la Cuenca de Ahnet y en la Cuenca de Berkine- blindan sus muros ante Mohamed Meziane, ligan su suerte a los 63.000 millones de dólares en proyectos energéticos que promete invertir Argel.

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