edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
16/03/2009

Argelia le pone difícil la electricidad del Magreb a España

Madrid quiere una nueva nueva conexión eléctrica con Argelia y sueña con alimentarla con hasta 2.000 megavatios
Argel quiere ser el segundo suministrador extranjero de España, después de Francia
Cable eléctrico submarino
Javier Aldecoa

Amasa ya el papel de nodo del gas desde el sur del Mare Nostrum al norte de Europa -el 20% del total-, pero Francia le baila el de la energía nuclear y, a golpe de restricción a la interconexión gasista al norte de los Pirineos, le cercena el horizonte europeo del Medgaz. España -lo recordaba en la Cumbre Euromed el director de Política del Mediterráneo, Fidel Sendagorta- mira a la electricidad del Magreb: tiene la llave de la única conexión eléctrica entre Europa y el Norte de África, pero el apellido marroquí obstaculiza las pretensiones de duplicar la capacidad de los dos cables de 700 megavatios. La financiación y el repudio galo se lo complican a la tercera interconexión prevista con Rabat, que sigue en el congelador. Las conexiones entre Argelia e Italia no dejan de ser a medio plazo. Por eso Madrid le hace otra vez ojitos también a Argel: para disgusto del Elíseo, quiere una nueva nueva conexión eléctrica con Argelia y sueña con alimentarla con hasta 2.000 megavatios. Argel se lo pondrá caro: busca convertirse en un exportador de electricidad a Europa y proyecta empezar por España este mismo año, quiere ser el segundo suministrador extranjero de España después de Francia. Lo hara, para empezar, a cuatro manos, por cables ajenos y precios propios, a través de su alianza recién engendrada con la Oficina Marroquí de Electricidad.

Argelia acarició a principios de esta década la idea de tender un cable de 200 kilómetros y de 2.000 megavatios entre ambas orillas del Mediterráneo, con un recorrido similar al del gasoducto Medgaz que en 2009 enlazará bajo el mar Beni Saf, en la costa argelina, con Almería. Presupuestado en 700 millones de euros, el proyecto no se ejecutó. Por ahora, Sonelgaz  prevé exportar electricidad excedentaria a España gracias a la "joint venture” con la Oficina Marroquí de Electricidad (OME). Antes deben ponerse de acuerdo Sonelgaz y OME sobre el precio que deben aplicar al transporte de la electricidad. Los planes de Bouterfa hoy son sólo la punta del iceberg de otros proyectos más ambiciosos y a mucho más largo plazo. Hace siete meses, Argelia puso en marcha un programa, aún embrionario, para exportar energía solar a Alemania mediante un cable de 3.000 kilómetros.

España tiene ya una mano en el Plan Solar Mediterráneo y quiere sitio en las vías de salida de la electricidad norafricana hasta Europa a partir de 2016, cuando su crecimiento requiera de más vías de evacuación de la electricidad generada. Aunque sea a través de la conexión actual por el sur de la península. Todo con tal de no perder sitio en una carrera en la que Italia y Turquía buscan asiento. Hasta el momento, la interconexión eléctrica en el Magreb se limita a Marruecos, Argelia y Túnez, mientras que Libia se encuentra en proceso de unirse a la red. Pero en la frontera entre Marruecos y Argelia, una de las últimas fronteras cerradas que quedan en el mundo, sólo pasan legalmente, aunque de manera tímida, dos productos: el gas y la electricidad. Recientemente, la compañía estatal argelina de electricidad y de gas Sonelgaz y la Oficina Nacional de Electricidad marroquí (ONE) han constituido una sociedad para la distribución de energía eléctrica hacia España.

La energía eléctrica es hoy el principal producto que España vende a Marruecos. Pero es mucho más que la tercera línea de interconexión -la llamada a redistribuir hasta Marruecos y de allí al resto del Magreb la energía que llega de Francia a España- lo que el equipo de Miguel Sebastián ha tratado de despejar con Rabat. Madrid sólo tiene ojos para el Plan Solar Mediterráneo, en el que el epicentro marroquí será la plaza de la que se enseñoree la vanguardia española y germana  del sector. Sarkozy y Zapatero pelean sus galones y un sitio en los 80.000 millones de inversión del PSM, un proyecto de proyectos cuyas riendas se pelean París y Madrid. Francia, pionera del sector termosolar en los años sesenta, con su central experimental de Odeillo y Targassonne, trata de recuperar terreno en un sector que había abandonado a mediados de los ochenta, cuando creyó ciegamente en la bonanza nuclear eterna y se saltó la directiva europea de energías renovables de 2001, a la que sí se sumaron Alemania y España.

El primer megavatio solar magrebí entrará en los cables de alta tensión en 2011 con el objetivo “considerado factible”  de alcanzar una producción de 20 gigavatios de potencia instalada en el Cinturón Rojo en 2020. Cinco de esos gigavatios irían a la venta y exportación a Europa, al precio que el mercado atribuya a las renovables. En su primera fase, la vía de evacuación será la que actualmente conecta Marruecos con España, pero esta interconexión no podrá asumir todo el volumen de generación cuando se vaya desarrollando el proyecto, por lo que serán necesarias nuevas interconexiones a través de Turquía, Italia y España, todavía sin concretar. El plan será uno de los asuntos que intentará impulsar Madrid cuando asuma la presidencia rotatoria de la Unión Europea en junio de 2010.

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