edición: 2940 , Viernes, 3 abril 2020
04/10/2011

Argelia rompe los techos del déficit para contener la explosión social

Pedro González
Aumento del salario mínimo, material escolar gratuito, desgravaciones a la pequeña empresa que contrate nuevos trabajadores, créditos preferenciales  masivos para la adquisición de viviendas, y subvenciones generalizadas a los productos alimenticios de gran consumo componen la nueva panoplia de medidas acordadas por el gobierno de Argelia, destinadas a contener el fuerte descontento social. Un paquete contenido en una Ley de Finanzas complementaria de los presupuestos de 2011, cifrado en 8.200 millones de dinares, cuya primera consecuencia es situar el déficit público en un 33,9% del PIB.

El primer ministro argelino, Ahmed Ouyahia, ha desgranado el contenido de este nuevo “paquete social” con ocasión de una conferencia tripartita, que ha reunido el fin de semana a gobierno, patronal y al sindicato oficialista de la Unión General de Trabajadores Argelinos (UGTA), encuentro del que han sido excluidos todos los sindicatos autónomos, precisamente los que más llevan alzando la voz de sus protestas. Es la segunda reunión tripartita en los últimos seis meses, en los que se han multiplicado las manifestaciones  en las principales ciudades argelinas, en las que se rechazaban los fuertes aumentos de precios de vivienda y alimentos.

A mediados del pasado septiembre el presidente Abdelaziz Bouteflika aprobó otros proyectos de ley destinados a suavizar el fuerte control del régimen sobre las libertades. Una nueva ley de información abre el sector audiovisual, hasta ahora monopolio público, a la competencia privada, y otra prevé la despenalización de los delitos de prensa e imprenta, “excluyendo toda pena privativa de libertad”.

Todo ello intenta prevenir el posible contagio al país de la fiebre desatada por la denominada primavera árabe. El gobierno argelino centra en la inflación y las consiguientes tensiones sociales la causa de la explosión desencadenada en Túnez, Egipto, Bahréin y Siria, por lo que estima necesario atacar la raíz del problema. Ahmed Ouyahia ha venido a reconocer que los ingresos del petróleo y el gas, prácticamente la única fuente de ingresos del país, permiten acordar medidas económicas suplementarias que alivien la angustia de una población sacudida por una inflación desbocada. Los tradicionales aumentos de precios posteriores al ramadán, concluido a finales de agosto, han registrado esta vez subidas desconocidas. Asimismo, los precios por adquisición de vivienda, fuera de los programas sociales, se han doblado en los últimos cuatro años, lo que ha provocado que se disparen las tensiones sociales en numerosas familias, entre jóvenes sin empleo ni perspectivas, y sus padres, cuyo domicilio familiar no pueden abandonar por falta de recursos.

La ausencia en Argelia de una oposición articulada no es obstáculo para que el gobierno tema que la contestación pueda estallar en cualquier momento si no se canaliza el descontento. Al fin y al cabo, tampoco existía en Túnez y Egipto, lo que no impidió el derrocamiento de sus respectivos dictadores.

Por otra parte, se observan movimientos políticos tendentes a distanciarse del régimen y situarse para lo que pueda venir. El más ostensible lo encabeza un antiguo primer ministro, Ahmed Benbitour. Hace unas semanas lanzó su “Carta-programa a todos aquellos que tengan el coraje de salvar Argelia”, en donde propone un “cambio negociado de régimen”. Tras describir ampliamente los males que aquejan al país, Benbitour denuncia que “la respuesta del poder se ha limitado a mejorar la eficacia de la represión sin violencia desarmando a los policías, a vender reformas puramente cosméticas y a ensanchar el círculo de adictos mediante el reparto de dádivas, lo que solo sirve para que el gobierno gane un poco más de tiempo mientras se derrumba la moral colectiva, aumenta la pobreza y se generaliza la corrupción”. Un diagnóstico que lleva a concluir al ex primer ministro que “nos lleva directamente a la explosión social”.

Numerosos intelectuales y analistas argelinos estiman también que la redistribución de los ingresos del gas y petróleo no detendrá la contestación social. Dan por finiquitado un régimen al que ven incapaz de acometer las profundas transformaciones que requiere el país, que pasan por instaurar una democracia real que sustituya al régimen de facto de partido único, tutelado en todo caso por el ejército. La larga guerra contra el terrorismo islamista y la amenaza de la rama magrebí de Al Qaeda de extenderse por toda la franja sahariana, ha aumentado si cabe aún más el poder de las fuerzas armadas, ocupadas ahora en dominar las salpicaduras de la caída de la Libia gadafista.

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