edición: 2593 , Lunes, 12 noviembre 2018
18/10/2011

Argentina encuentra en Kirchner un nuevo santo patrón al que encomendarse

Pedro González
Con sus muchas variantes el peronismo ha sido, más que el sistema, el régimen en que se ha desenvuelto Argentina desde la década de los cuarenta del siglo pasado hasta comienzos del actual, con la excepción de la dictadura militar iniciada con Videla y hundida con la derrota en las Malvinas con Galtieri al frente. El peronismo ha sido, pues, una nebulosa en la que cabía prácticamente todo el espectro político, con excepción del comunismo en sus diversas variantes. Juan Domingo Perón, presidente por dos veces, y sobre todo su mujer, Evita, encarnaron a la perfección el eterno santoral de un credo imbuido de un fuerte componente autárquico y nacionalista.

La repentina muerte de Néstor Kirchner, apenas hace un año, le ha catapultado hacia la primacía del santoral. Había diseñado sustituir a su esposa Cristina en la nueva carrera presidencial en lo que se preveía un paseo triunfal y aplastante. Cristina Fernández de Kirchner, CFK, como la conocen y llaman los argentinos, se apresta a recoger el próximo domingo las mieles de un nuevo triunfo, apoyada esta vez en el recuerdo, en el carisma y en la devoción quasi sobrenatural que despierta el culto a su difunto marido. Apenas cuatro días después de los comicios está prevista la inauguración por ella misma del gigantesco mausoleo en el que descansarán sus restos en Santa Cruz, la segunda provincia más grande del país tras Buenos Aires, donde Kirchner gobernó por espacio de doce años (1991-2003), y sobre la que siguió proyectando después su sombra y su poder desde la Casa Rosada.

Mítines, proclamas y cartelería electoral de CFK insisten hasta la extenuación en la presencia en espíritu del nuevo mesías argentino. Más que de programa, los actos electorales contienen un ritual en el que se invoca la mediación, intercesión e inspiración celestial de Néstor Kirchner. Tanto la presidente como los teloneros de cada mitin se refieren al fallecido como “Él”, con mayúscula, el espíritu divino que impulsará la que se anuncia como la victoria más aplastante de la historia en unas elecciones presidenciales en Argentina. Nadie apuesta siquiera por una segunda vuelta, ya que a tenor de los sondeos CFK obtendrá en torno al 53% de los sufragios.

Que el peronismo se ha reconvertido en kirchnerismo parece demostrarlo que los dos candidatos considerados del ala crítica, Eduardo Duhalde y Alberto Rodriguez Saá, con contemplados como auténticas antigüallas políticas. Los institutos de opinión les sitúan en torno al 10%, apenas la mitad del candidato radical Ricardo Alfonsín, cuyo objetivo ya no es batir a la actual presidente sino quedar siquiera en segundo lugar, por encima de Hermes Binner, el candidato socialista. Al fin y al cabo, a partir del mismo lunes la oposición tendrá que recomponer el estropicio y marcar una agenda que le ofrezca alguna posibilidad en 2015, cuando CFK termine su segundo mandato consecutivo.

El denodado empeño puesto por los Kirchner en domesticar a los medios de información encuentra también su traducción en una campaña en la que hay que buscar con lupa los balances críticos de sus sucesivos mandatos presidenciales. Las alusiones a la corrupción son mínimas, y tampoco parecen importar gran cosa a la mayor parte de los argentinos. Quienes admiten el meteórico enriquecimiento de la pareja y las prácticas corruptas de su entorno terminan por encogerse de hombros antes de aseverar: “Bueno, ¿y qué? La habrá [corrupción] pero han hecho grandes cosas por el país”. Buscan respaldo a esa justificación en el crecimiento sostenido de Argentina del 7 u 8% en los ocho años de sus mandatos y en la rebaja de los índices de pobreza y miseria, desencadenadas a raíz del tristemente famoso “corralito”.  La economía no volverá, sin embargo, al debate político hasta pasadas las elecciones, aún a pesar de que la inflación se ha disparado al 33%. Ahora tocan invocaciones celestiales y reagrupamiento religioso en torno a la figura del nuevo santo de la iconografía política argentina. De momento, a CFK le bastará para ser ungida de nuevo en loor de multitud y por cuatro años más al frente de los destinos del país.  

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