edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
28/06/2011

Argentina llora y ríe el drama del River Plate

Antonio Cubero
Me hice un empedernido seguidor del Club Atlético River siguiendo los pasos de quien por aquél entonces era uno de los ídolos futbolísticos de mi niñez. Me enrolé desde la larga distancia en las filas de simpatizantes de los ‘Millonario’ cuando el Real Madrid cedió al equipo rioplatense a mi paisano y vecino de barrio en mi natal Melilla, José García Castro, ‘Pepillo II’, un espigado delantero goleador a quien el mejor Alfredo Di Stéfano le cerraba las puertas del primer equipo madridista.

Todas las semanas me compraba la revista ‘El Gráfico’, que es como la ‘Biblia’ del fútbol argentino, y desde entonces empecé a empaparme y entender lo que significa ser seguidor de los ‘gallinas’ –así llaman los de Boca Junior a los fieles seguidores de River- en estos momentos de suma tristeza en los que están inmersos por dejar la élite del fútbol argentino por primera vez en su historia.

Porque para cualquier ‘millonario’ o ‘gallina’ lo más sangrante no es asumir la tragedia del descenso a los infiernos, sino la carcajada que va a tener que soportar durante toda la vida desde la Boca, donde el eterno rival ríe ahora, pero a buen seguro cuando llegue la próxima temporada se sentirá huérfana sin el superclásico de los clásicos en el Monumental o en la Bombonera.

De ahí que en estos momentos esté metido en el pellejo de los seguidores del River y sabedor de lo muy difícil que les será  olvidar este pasado domingo 26 de junio de 2011 para todos los hinchas del fútbol, pero especialmente para los del River Plate. Muy difícil de digerir un día en el que el Monumental asistió incrédulo a la consumación del descenso a Segunda división de un equipo histórico con 110 años de vida, la más laureada, sin duda, del fútbol argentino. De ahí que nadie se podía creer que desde las alturas federativas se iba a dejar dejar solo ante el peligro a un club de la grandeza de River. Y es que quien más y quien menos daban por hecho que habría una encerrona arbitral en el decisivo partido que le salvara del descenso ante el modesto Belgrano.

Ahora viene lo peor. El día después cuando se despierte con una larga nómina de jugadores que dejarán una institución que no solo les podrá pagar sus contratos, sino que tampoco podrá hacer frente a la escandalosa deuda de más de doscientos millones de euros que arrastra desde hace tiempo por culpa de la nefasta gestión de unos directivos más preocupados en mercadear con los grandes clubes europeos que en confeccionar una misma plantilla durante varias temporadas seguidas. A partir de ahora, tras el drama del descenso y acuciados por la crisis galopante en la que se va a ver inmerso, River no va a tener más opción que la de confiar en el activo que, sin duda, son los pibes de las categorías inferiores.
 
El River Plate le va a tocar vivir una larga travesía de una temporada por el desierto de una categoría que puede ser su tumba si no recupera la razón para volver desde abajo  y subn envalentonarse por los éxitos del pasado.

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