edición: 3070 , Martes, 20 octubre 2020
31/08/2020

Argentina sabrá hoy qué respaldo tiene la reestructuración de deuda acordada con comités acreedores

El Gobierno afirma que ha logrado un ahorro de 38.000 millones de dólares sobre la deuda pendiente
Carlos Schwartz
Los acreedores privados internacionales de Argentina anunciarán hoy si aceptan las condiciones pactadas en la primera quincena de agosto con el Gobierno sobre una deuda de 65.000 millones de dólares sobre la base de un retorno de 55 céntimos por dólar invertido contra los 56,5 que pedían los acreedores y los 53,5 que el gobierno dijo que era su última barrera con garantía de pago. El Gobierno de Alberto Fernández afirma que el acuerdo supone un ahorro de 38.000 millones de dólares. El acuerdo preliminar se gestó con los comités acreedores que representan más del 50% del total, pero la última palabra se sabrá hoy. Los analistas consideran que el veredicto será favorable, pero dudan de la viabilidad del plan. Esencialmente porque el país está en medio de una verdadera catástrofe.
La inflación es del 42% de acuerdo con las estadísticas oficiales y el déficit fiscal proyectado para este año es del 10%, pero los analistas del sector privado consideran que no se va a apear del 12%, mientras que la caída del producto interior bruto estimada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) es del 10% y una vez más los analistas privados consideran que será muy superior a ese dato. El Gobierno ha apelado a medidas extraordinarias para hacer frente a la pandemia de la Covid-19, como la mayor parte de las naciones, en un esfuerzo que se sostiene con la emisión monetaria y que es el alimento básico de la espiral inflacionaria.

El aspecto más tenebroso de esta refinanciación es que supone sólo una quinta parte de una deuda total del estado de 323.000 millones de dólares. El Gobierno debe encarar ahora la refinanciación de una deuda de 44.000 millones de dólares con el FMI de un crédito de 57.000 millones de dólares concedidos por el organismo bajo la directora gerente Christine Lagarde, utilizado en buena parte para liberar a inversores extranjeros del cepo cambiario que les impedía recuperar inversiones Mauricio Macri mediante. El expresidente que labró el acuerdo pletórico de sonrisas y se atrevió a lanzar un bono a 100 años aplaudido por los fondos de inversión que lo adquirieron con avidez propia de desesperados por colocar dinero ocioso. Y, más allá, en el fondo del espejo se refleja una deuda con entidades diversas, incluidas oficiales, de más de 130.000 millones que está en la base del moto inflacionario de la economía de Argentina. Como se verá este escenario es insostenible, los que digan lo contrario yerran.

La actual directora gerente del FMI, Cristalina Georgieva, lo ha dicho por activa y pasiva, y aspiraba a tomar la delantera en la renegociación de deuda. A su juicio el Gobierno debía ser mucho más duro con los acreedores privados quienes finalmente se cavaron su propia fosa. Pero BlackRock, Fidelity, Ashmore, T Rowe Price y demás cohorte le parecieron al tándem Fernández-Fernández una muralla infranqueable se ve…  La cuestión es que ahora toca hablar con el FMI y a ver a qué arreglo pueden llegar. Mientras la deuda con el sector financiero y los entes públicos amenaza con hacer estallar las costuras de la economía. En lugar de tanta cháchara sobre múltiplos de interés vale la pena echar una mirada a la economía real.

La población del país que tiene más criterio clínico que los fondos de inversión, si tiene liquidez, compra dólares todos los meses aprovechando el cupo de 200 dólares mensuales admitidos por habitante. Pero los que no tienen dinero para aprovechar esa brecha venden su derecho a hacerlo y ganan dinero a pesar de la carga fiscal porque el dólar en el mercado negro está cotizando a 136 pesos contra 78 en el mercado oficial. El presidente Fernández insinuó la necesidad de cortar esta ventana, aduciendo que los dólares son necesarios para pagar las importaciones de insumos de las empresas productivas. Cierto. Pero se le olvidó decir que los importadores que operan a un dólar subvencionado inflan las cifras de sus facturas y alimentan al mercado negro sacando un beneficio extraordinario. Otra fuente para esta financiación ad hoc para el mercado negro son los exportadores que mantienen discrepancias entre las cuentas a cobrar reales y las ficticias dejando dólares off-shore que son otro alimento para los proveedores de divisas ilegales. Desde el 20 de julio en la ventana de los 200 dólares mensuales el Banco Central se ha gastado 1.100 millones de dólares, y según los entendidos le quedan para estas operaciones 6.000 millones en el BCRA.

Argentina no tiene a la vista ninguna posibilidad de salir de su recesión. Por añadidura la deuda es efectivamente impagable porque para hacerlo el Gobierno debería hacer un ajuste de una magnitud indescriptible sobre una sociedad en la cual ya el 50% de la población está por debajo de la línea de pobreza. Es decir que el gobierno no tiene de dónde recortar y la eventualidad de una devaluación, que sería una gigantesca expropiación de los escasos recursos de la población, sería mal tolerada. “Sincerar” el tipo de cambio tendría consecuencias sociales nefastas. No hay a la vista una posibilidad de lograr un equilibrio fiscal con lo cual habrá que ver qué plan económico sirve de base para un acuerdo con el FMI.

El conjunto de las economías de América Latina atraviesan una situación de quebranto y las empresas y bancos que obtenían de ellas una parte considerable de sus beneficios no pueden aspirar a que esa región siga apoyando sus balances como lo había hecho en años anteriores. Finalmente nadie se plantea la posibilidad de confiscar los recursos de los ahorradores en las cuentas corrientes mediante un “corralito” y una devaluación porque esta operación despertaría el espectro de un nuevo levantamiento popular. Este escenario indica que la aceptación del acuerdo no es garantía de que Argentina abandone el territorio de la cesación internacional de pagos, un camino que ha recorrido nueve veces desde el siglo XIX con su primer impago a Baring Brothers en 1890.

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