edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
15/01/2018
Reactivar las instituciones europeas

Arranca la locomotora franco-alemana que sacará a Europa del atolladero económico

Los alemanes tienen los recursos financieros necesarios y los franceses la voluntad política imprescindible
Juan José González
Franceses y ahora alemanes unidos en la gran coalición coinciden en que hay que reforzar Europa, la zona euro (Eurozona) y proceder a hacer transformaciones sociales y económicas de calado, en profundidad, y para lo cual bien parecen estar todos comprometidos. Proyecto y objetivo también parecen identificarse en la nueva etapa que se abre en Europa y en la que los dos países -y potencias económicas- se muestran conformes en asumir el liderazgo. Todo esto sobre el papel, pues será preciso comprobar en adelante, cómo se materializan en la práctica deseos y proyectos de franceses y alemanes en su intención de impulsar a una Europa cuyas instituciones se encuentran encalladas en la crisis política y social como consecuencia de la falta de una respuesta eficaz a la inmigración. Las dos potencias económicas europeas, unidas a modo de locomotora económica, buenas conocedoras de los problemas europeos, tienen la oportunidad histórica de sacar a la UE del actual atasco político, social y económico; los franceses con su voluntad de impulsarla y los alemanes con los recursos financieros que les proporciona su bien dotado superávit comercial. En principio, todo apunta a que puede ser el año de la reactivación europea, de su economía pero, sobre todo, de sus instituciones que, a la postre serán las encargadas de desarrollar los proyectos y conseguir los objetivos.
La crisis política vivida por la potencia alemana en la última parte del pasado año, ha puesto en evidencia, una vez más, que la velocidad de marcha europea depende de la potencia que quieran (o puedan) aplicar las autoridades germanas. Y, como también se ha demostrado en los últimos meses, no sólo la velocidad, sino también la ralentización y, en algún caso, la paralización de algunas instituciones clave en el funcionamiento de la Unión Europea. Se diría por tanto que el impasse del motor alemán, junto al aparcado motor francés, equivalen a la paralización de la Unión Europea, con los riesgos que conlleva para la estabilidad social, política y económica. Por tanto, una vez despejado el frenazo de las dos potencias, todo indica la formación de una nueva estrategia con una nueva locomotora europea.

En esta suerte de `revival´ europeo, el sector bancario apunta hacia una transformación de su actividad y donde el efecto de los nuevos negocios digitales contará con cifras reales y decisivas para sus cuentas. Es el ejercicio en el que también deberá llevar a cabo sus intenciones, declaradas a lo largo de los dos últimos ejercicios, de mayor consolidación. En este aspecto, las entidades españolas, en principio más activas o interesadas en la consolidación regional o local que en la trasnacional, están llamadas a jugar un papel activo, a diferencia de otros países como Italia, Francia y Alemania, comprador. 

La mayor o menor actividad en este ámbito, dependerá, sin embargo, de que las instituciones europeas logren desatascar la unión bancaria y, con carácter previo, reformar el mecanismo de resolución bancaria. Los trabajos para su reforma, actualmente en manos de los países de la Unión que lideran la Eurozona, es una tarea que se prevé ardua y compleja en tanto que su realización pasa por reordenar las fuerzas dominantes en el Banco Central Europeo, institución donde se encuentra la clave para la reforma del mecanismo de resolución (JUR) cuyas decisiones -las primeras en su historia- en la crisis del Banco Popular han servido para poner en evidencia las carencias del mecanismo y, de paso, provocando su voladura.

El acuerdo de gran coalición en Alemania parece que puede tener el impulso suficiente como para desatascar cuestiones europeas principales que en el terreno económico y financiero serán de gran utilidad, como son por ejemplo, la unión bancaria y dentro de este los mecanismos de resolución y rescate bancario y la creación de un fondo monetario con control del Parlamento, el presupuesto europeo o el ministerio de economía de la Unión Europea.

Cuestiones todas ellas enmarcadas en el objetivo común de reforzamiento de la moneda común, es decir, de la Eurozona. Y aunque todo, por ahora, no supere la fase de las expectativas, el arranque de la nueva locomotora europea, parece contar con los ingredientes necesarios para arrastrar al resto de socios; recursos financieros alemanes y voluntad política francesa. La duda es si será suficiente.

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