edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
28/09/2020
La vida financiera pública condenada a seguir sin números para 2021

Asuntos institucionales desplazan la acción de Gobierno y ponen en riesgo las ayudas europeas

La reconstrucción económica peligra si no hay acuerdos políticos suficientes para proponer un Presupuesto del Estado
Juan José González
Las ayudas europeas para la recuperación dependen de los Presupuestos del Estado que elaboren y presenten los Estados miembro. Si no, o no habrá ayudas, o estas llegarán más tarde, o serán menores. Si no hay Presupuesto General del Estado en España difícilmente podrá su Gobierno canalizar, encauzar y dirigir la recuperación económica y, en realidad social del conjunto del Estado. Parece, por tanto, que la primera premisa que el Ejecutivo español -como se supone que cualquier Gobierno cabal razonará de igual forma- debería ser la elaboración del Presupuesto del Estado, como cada año por estas fechas, como siempre, incluso, con la misma intención mostrada en los últimos Presupuestos cuya repetición, por falta de consenso político, se han prorrogado tres años. No hay documento presupuestario porque todavía no se han fijado las principales líneas maestras que deben orientar y dirigir el instrumento. Incluso contando con interlocutores políticos dispuestos a apoyar su elaboración, no consigue el Gobierno poner en marcha el documento presupuestario. El que se espera pueda alumbrar para 2021 será el heredero del de 2018, una referencia un tanto lejana, desfasada si se tiene en cuenta la velocidad a la que se producen hoy los cambios sociales y que debería avergonzar a cualquier gobernante interesado por estar cerca de los problemas de la Sociedad para poder resolverlos desde el Presupuesto, con sus recursos y sus ideas.
Todo indica que sin acuerdos políticos no hay líneas definidas ni, por tanto, definitivas para nada, que es tanto como decir que el Gobierno no cuenta con ningún planteamiento propio de cara a resolver los numerosos problemas a los que se enfrenta el Estado en el próximo ejercicio (y siguientes). No hay tampoco, puesto que no se conoce ninguna línea de actuación futura del Gobierno, orden o lista de prioridades. Asunto no menor si se tiene en cuenta que a los problemas sin resolver heredados de anteriores Gobiernos se debe sumar el cambio de escenario casi total que provoca una situación nueva como es la pandemia y sus efectos sobre la vida, el trabajo y las relaciones en una Sociedad. 

Desconocidas las líneas maestras del magno documento presupuestario la ciudadanía permanece al margen del ritmo político y sin conocer si hay una dirección cierta en el Ejecutivo que en teoría nos debería conducir hacia algún destino igualmente cierto, es decir, el Gobierno sin presupuestos del Estado (y para el Estado) se presenta hoy como un Ejecutivo sin objetivo, sin meta ni proyectos de futuro. El argumento de que el Presupuesto del Estado debe orientar y servir para que el país afronte los grandes y delicados problemas a los que se enfrenta, no parece suficiente para que el Ejecutivo reaccione.

Es probable que este no haya adquirido aún la suficiente conciencia de que se trata de una crisis económica histórica, que vas a más allá de la terminología que suele definir las catástrofes y las tragedias. Quizá la falta de esta conciencia le esté hurtando la capacidad de diagnóstico y de discernir que los graves efectos que esta provocando la pandemia están abriendo un agujero de grandes dimensiones en el sistema económico del país (al igual que en el resto de países) y que este agujero continúa, como el célebre agujero de la capa de ozono, en expansión diaria. Quizá en consideración de la gravedad de la situación, y sólo así, debería el Ejecutivo dar a conocer las líneas maestras que orientarán los próximos Presupuestos Generales del Estado. 

Para asombro general, el Ejecutivo sustituye su acción prioritaria de la crisis económica por asuntos políticos tales como la situación política y legal de los políticos catalanes, o la lucha con (o contra) Madrid por discrepancias de las medidas de sanitarias aprobadas por el Gobierno autónomo, o se enreda en asuntos institucionales del poder judicial. No parece que sea la metodología más adecuada para aplicar al caso, caracterizada por una alta gravedad cada más próxima a su estado más extremo. Mientras tanto, empresas y trabajadores observan la dificultad diaria para continuar con sus funciones, se multiplican las tareas pendientes porque crecen exponencialmente los problemas sin resolver. 

Sólo a modo de ejemplo, el déficit de la Seguridad Social no parece encontrar respuesta política, como tampoco se están reforzando las capacidades necesarias del personal sanitario, tampoco en el ámbito universitario y de la educación en sus distintos niveles, sin reformas ni proyectos el Gobierno puede perderse el tren de las ayudas europeas o bien; retrasando la llegada de las mismas o reduciendo las cantidades de las ayudas que, como se sabe, dependen de la calidad y de la orientación de los proyectos que se presenten en Bruselas y para lo cual se hace imprescindible contar con unos Presupuestos del Estado. Países como Alemania, Italia, Francia y Portugal pueden decir hoy que llevan avanzados los trabajos presupuestarios que guiarán la reconstrucción económica. Deberían servir de ejemplo.

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